Es otra de las consagradas estrellas del XIII Carnaval Internacional de las Artes, de Fundación La Cueva.
Por Rafael Sarmiento Coley
https://youtu.be/n5Y6_TGW9hY?t=4
Su padre, un hombre ilustrado, de una cultura sobresaliente y buen gusto por la música clásica, quería que el pequeño Nelson, desde muy joven, le metiera el diente a la ingeniería mecánica, y por más que le daba vuelta en la cabeza, él, Nelsito, no se imaginaba pendiente de calderas y diseñando estructuras metálicas para puentes o edificios.
De tal manera que se consiguió unos amigos alcahuetes, Joe Balsa (quien después sería un exitoso cantante de los Blancos de Venezuela), Edgar Lara y su hermano Luis Felipe González.
Cuando el papá descubrió que a Nelsito González Rojas lo que le gustaba era la música, lo encerró en la alcoba nupcial. Con la gravedad y ceremonia de siempre le espetó: “ya que tú no quieres ser ingeniero, abogado ni médico, sino músico, pues serás músico…eso sí, tendrás que ser el mejor”.
Nelson tenía apenas 17 años. Y ya para esa época, a escondidas, recibía clases de piano, que era lo que le seducía, sobre todo porque por esa época a Venezuela entraba mucha música cubana, dominicana y colombiana. Su pianista ídolo era Eddie Palmieri, y no se aguantó las ganas dde hacer un viaje a Nueva York expresamente a ver cómo paseaba los dedos por el piano aquel que para Nelson era “el más grande de las blancas y las negras”.
Nacido en Caracas el 19 de diciembre de 1946, muy pronto descubrió que la mayoría de las agrupaciones venezolanas, en especial las tres grandes orquestas dominantes (la Billo’s Caracas Boys, Los Melódicos de Renato Capriles y la de Porfi Jiménez) se copiaban unas a otras con porros, cumbias, merengues y los famosos ‘mosaicos’ que no eran más que ‘unas sopas espesas’ de rumbas, guarachas y boleros cubanos, y muy poco de lo que sonaba con furor en Nueva York, Puerto Rico, República Dominicana y Colombia.
Con Nelson y sus estrellas
Es entonces cuando decide meterle más la mano al piano como el hilo conductor de una salsa suave, con un poco de jazz y hasta de rock. Hoy, a los 73 años, muy convencido afirma que “no me arrepiento de haber escogido el camino de la música. Mi carrera se ha mantenido. Donde quiera tocamos recibimos el cariño y afecto de nuestro público”.
Nelson y sus muchachos serán la atracción de este viernes en el Parque Cultural del Caribe, en el marco del XIII Carnaval de las Artes, en donde pondrán a recordar a los barranquilleros con temas que no pasan de moda como ‘Payaso’, ‘La sirena’, ‘Tócame un porro’, ‘El Sanjuanero’, ‘Canto a la montaña’, ‘Canción India’, Fusagasugá’, y un tema al cual Nelson le tiene más que afecto, respeto: ‘Para ti caleña’, dedicada a una hermosa joven, Fanny, que desde entonces es su compañera y motivo de que se haya quedado a vivir en la Sultana del Valle. Ya tienen dos hijos.
Fieles seguidores
“No te voy a negar que he pasado por momentos difíciles. Pero ¿sabes una cosa? El buen amante de la música es más fiel que negra casada con blanco. No importa que a veces algunos colegas quieran hacerle marranadas a uno, como cuando vinimos a Medellín a grabar en discos Fuentes ‘Payaso’, y uno de los cantantes colombianos de mayor renombre, se copió el tema y lo sacó en Colombia primero que nosotros en Venezuela. Lo malo es que, cuando nosotros lo soltamos con todos los hierros en Venezuela, sepultamos al pirata, que jamás ha vuelto a sonar. En cambio, a nosotros nos lo siguen pidiendo en cada presentación”, sostiene Nelson González.
Ahora lo acompañan como cantantes su hijo Nelson David y Rafael Swing. Son figuras de las nuevas generaciones que muy pronto le cogieron el ritmo a Nelson y sus Estrellas, un músico con mucha fe en sí, pues le tocó enfrentarse, siendo muy muchacho, a agrupaciones que dominaban las plazas de Venezuela, como eran la orquesta del dominicano Billo Frométa (la Billo’s Caracas Boys), Los Melódicos, de Renato Capriles de la dinastía de una de las familias más adineradas de Venezuela.
Billos se trajo de Santo Domingo a dos pianistas extraordinarios, Damirón y Chapuseaux, e incorporó al tener Rafa Galindo, al guarachero, Checo García y al bolerista Felipe Pirela.
Los Melódicos cambiaban de cantantes todas las semanas, y el único que se mantenía era el difunto Víctor Piñeros. Después vincularía a un cubano que llegó a Maracaibo de albañil, y terminó de cantante estrella de Los Melódicos. Esa es la historia del gran Manolo Monterrey, quien luego haría una formidable llave con la también cubana Emilita Dago.
Mas adelante, cuando la salsa entró en su furor, las grandes orquestas venezolanas se quedaron en su formato de música gallega, que era lo que bailaba el rumbero de ese país.
Nelson González decide romper el esquema y busca enriquecer su música con otros ritmos, con aire fresco, con sonidos más urbanos. Y de repente le salen competencias como la Dimensión Latina, cantantes versátiles como Perucho Navarro, Argenis Carruyo (con su ‘Baile del muñeco), pero se mantienen aferrados al tun tun tun de la música gallega.
Nelson da un paso más hacia los ritmos internacionales. Es cuando motiva a otras agrupaciones a seguir su mismo camino: la Dimensión Latina, de donde surgieron salseros extraordinarios como el insuperable Oscar De León y el trombonista César Monjes (‘Albóndiga’), Enrique ‘Culebra’ Iriarte en el piano, ‘Cheché’ Mendoza y el excelso bolerista Wladimir Lozano.
“Nosotros nos mantuvimos firmes en la ruta con la cual empezamos a romper esquemas en lo que se estaba bailando en ese momento en Venezuela. Y todavía estamos sonando, gloria a Dios”, sostiene un Nelson González jovial, alegre y muy seguro de su talento musical.












