Es un cuento de nunca acabar el caso del taxímetro en los quinimil taxis que circulan en Barranquilla y sus alrededores.
Adlai Stevenson Samper
El taxímetro es un aparatico que mide la distancia recorrida entre un punto y otro para efectos de cobrarle lo justo al pasajero. Todo eso lo sabe perfectamente el Secretario de Movilidad de Barranquilla (Fernando Isaza), así como también debería conocer que los desplazamientos se hacen a través de avenidas, calles y carreras y que los carros se mueven sobre ruedas. Información privilegiada para evitar inmovilizarse y quedarse varado esperando una grúa política salvadora.
Repito que todo eso debe saberlo. Que los carros se dividen en mecánicos, con cambios para la marcha, fundamentales para el avance correcto; y automáticos, que es el que propone como modelo de gestión el susodicho Secretario (Fernando Isaza), pues mientras se hace el de la vista flaca con las escandalosas tarifas de taxis, anda en plan de perseguidor encubierto del servicio Uber sacando costosas páginas en la prensa anunciando sus hallazgos en esa materia.
Voy a meter un rever para salir del embrollo. ¿Qué tal si paga otra paginita gloriosa de esas anunciando cuantos taxis hay en Barranquilla?, ¿en qué culminó el famoso censo de ese servicio público de transporte que lleva más de dos años en inventario?, ¿por qué no se instalaron los aparatos de GPS (Global Positioning System, o en español, Sistema de Posicionamiento Global, una ayuda tecnológica de avanzada para llegar con más precisión a los destinos de los pasajeros) ?, ¿y cuándo fue que se venció el último plazo para instalar los taxímetros, esos aparaticos –debe conocerlos, señor Secretario, son una ma-ra-vi-lla!- para que los sufridos usuarios no sean atracados con tarifas mínima de siete mil pesos, quizás de las más altas de Colombia?.
Los buses, almas perseguidas por el diablo
Uno debe suponer que un secretario tan perspicaz e inteligente que hace todo lo descrito en líneas anteriores para enmarcarse en la legalidad del transporte también deba conocer cómo funcionan las líneas de buses, atropelladas unas encima de otras, ahogando en lo que puedan al intento valido de Transmetro, peleándose a dentelladas las victimas en las calles en una lucha que no respeta pinta. Sin paraderos unificados y menos con la pretensión de acudir a la formula, por lo Primitivo Santos que andamos, de pensar en sistemas unificados de transporte público y menos; pero mucho menos, en el ensueño de un metro, aunque aquí hubo uno que daba muy buenas películas y lo tumbaron sobreviviendo otros dos que se movilizan en otras vías: Metrotel en la conectividad de líneas telefónicas y el Metropolitano Roberto Meléndez en las heroicas jornadas de fútbol del Juniooooooorrr del alma.

Jaime Berdugo, gerente del Área Metroplitana de Barranquilla, máxima autoridad en transporte público en su jurisdicción.
(Aquí es bueno reconocer que la máxima autoridad del transporte es un funcionario joven y muy capaz, Jaime Berdugo, gerente del Área Metropolitana de Barranquilla. Tendrá a su cargo la difícil tarea de llevar a feliz término la chatarrización, porque no es posible que por las calles de Barranquilla todavía estén rodando los buses rojos de Flota Angulo que vinieron por barco junto con los primeros aviones que volaron con la marca de Scadta).
Hay que recomendarles a nuestras universidades a que le paren bolas a este asunto que amenaza seriamente la salud mental y económica de la ciudad que se debate entre Atracos y trancones –que buen nombre para un programa de variedades en televisión-, y entre la movilidad e inmovilidad. El único que le ha jalado a este reto con la debida seriedad es David Cortez y su Fundación Nueva Ciudad a través de su escuela de formación técnica, pues para los centros de educación “superior” ( ¿será verdad el simpático calificativo?) este proceso de movilidad parece no ser de su incumbencia. Se cansa uno de leer y oír que cada vez que tienen un rollo en estos temas llamen a Víctor Cantillo en la Universidad del Norte para que les responda presto sobre sus ocurrencias.

El sistema Transmetro debe ser protegido y defendido al máximo, pues tiene muchos enemigos. Los viejos buses de las chatarras rodantes piensan de manera egoísta que para ellos es más rentable el bus destartalado, que la modernidad del Transmetro. Hay que sacar al dueño y al bus viejo de circulación.

¿Quién le pone el cascabel al gato? Se dice que un primo hermano de Alex Char es el dueño de la bobadita de 800 taxis. Se opone al taximetro, al GPS, a la eliminación de la boleta para adquirir un nuevo taxi.
Ojala pudiera llegar uno con una grúa, con todas las prerrogativas del caso, al despacho del orondo Secretario Distrital de Movilidad y engancharlo para inmovilizarlo por mal parqueo colocándole un comparendo por tener la vista y los reflejos cortos en asuntos de transito urbano. Antes que se vuele un semáforo en rojo, como les ha sucedido a algunos de sus antecesores, y provoque una colisión de intereses.












