Por primera vez en Colombia se puede hablar en público de un miedo colectivo, y que al mismo tiempo ese miedo sea una esperanza.
Por Julián Sarmiento Figueroa
Un inquietante miedo me despertó hoy: El miedo a votar por el Sí. Pero es apenas normal, la clase política de este país está en el ranking mundial de corrupción. De hecho, este país lleva más de cinco décadas en guerra por las injusticias de esa corrupción. Hasta el más ingenuo desconfiaría de ese acuerdo de paz si ha vivido toda su vida traicionado por sus mismos compatriotas.
No joda, pero con todo y eso, tengo la esperanza (no la que los políticos nos han metido por los sentidos en televisión, radio y ahora por internet, sino una visceral) de que este periodo de disminución radical de las muertes y la venidera tregua, haga reflexionar, despertar, concientizar, sentir, evolucionar, en fin, ¡haga cambiar!; que la nueva vibra de los colombianos sea una vaina linda de amor y unión, y no de competencia y mezquindad; que el mismísimo Dios en el que cree cada uno acaricie con sus manos misericordiosas y bondadosas nuestros corazones.
Es la oportunidad que el país estaba esperando para empezar de nuevo.












