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Los pitbull no son tan inofensivos como los pintan

‘Lucas’ destrozó a Santiago, el bebé de 19 días de nacido, porque estaba llorando. Así es esa raza canina. Por cualquier cosita botan el chupo. 

Por Chachareros

Lo ocurrido en el barrio Simón Bolívar de Barranquilla este martes en la mañana, cuando un perro pitbull destrozó a Santiago, un bebé de 19 días de nacido, ratifica la tesis de algunos de los más expertos en la vida animal: “son prenda de seguridad tener uno en casa, pero al menor descuido sale a la superficie su salvajismo”.

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El pitbull es un perro de combate. Ese es su origen desde su cruce genético.

Eso fue, exactamente lo que ocurrió en la vivienda ubicada en la carrera 4D número 17ª-02 del barrio Simón Bolívar, un sector popular de la capital atlanticense. ‘Lucas’, que así llaman sus dueños al perro de esta historia de salvajismo, era dominable. Le tenían su casa, toda bien fortalecida para que no se saliera. Los dueños lo alimentaban bien y, parecía, que lo tenían bajo su absoluto control. Pero, según la historia del origen de esta raza canina, son  de naturaleza violenta, aunque por lo general permanezcan dóciles y puedan ser publicitados hasta como “niñeras, en caso necesario, si la familia lo ha criado desde pequeño y es manso”.

El pitbull actual es un cruce entre el “bulldog” y el “terrier”, dos razas que no coinciden en su origen violento, porque el ‘Terrier’ es un perro, si bien peligroso cuando se le molesta, por lo general es juguetón y amigable.

En cambio el ‘bulldog’ tiene su origen oscuro, porque dada su bravura, era utilizado en tiempos antiguos en el Reino Unido de Gran Bretaña como punta de lanza para enfrentar al ejército del imperio romano que intentaba conquistar lo que el Emperador Claudius denominó ‘la Bretania indomable’, hasta que por fin la dominaron, a pesar de la bravura de su ‘ejército canino’ que soltaban de primero para combatir a los soldados.

Eran perros contra toros

Y antes de que el imperio romano pusiera sus ojos sobre la ‘rubia albión’, los bulldog eran utilizados para un deporte salvaje que amaban mucho los ingleses, las peleas de sus perros amaestrados contra los bravos toros de lidia.

Al ser prohibido ese salvajismo, los tercos ingleses se inventaron en la clandestinidad otro ‘deporte’, ya con un perro más refinado, que fue el cruce entre el bulldog y el terrier, de donde nace el pitbull. Y el nuevo deporte consiste en soltar esa perramenta en zona de abundantes madrigueras de ratas, para que sus mascotas las husmearan y con su hocico absorbente atraparan su presa y la destrozaran ya fuera de la cueva.

De modo que el manso pitbull trae en sus genes esa oculta vocación sangrienta y de combate, porque para eso lo ‘fabricaron’, genéticamente hablando. Y no es de extrañar que ‘Lucas’, el pitbull de esta historia triste ocurrida en el barrio Simón Bolívar, aunque bien pudo haber sido empleado como ‘niñera’ en sus tiempos de paz, llegó el momento en que se le disparó el chic que lo ata salvajemente al origen de su raza. No hay de otro.

Ahora, lo que es digno de reflexión es la responsabilidad de los dueños del pitbull al tener a dicho animal en una casa estrecha. Porque, por lo general, casi todas las viviendas del barrio son pequeñas, porque se hizo en tiempos de vacas flacas, cuando el gobierno estaba en manos del general Gustavo Rojas Pinilla, una dictadura, suave, o ‘dictablanda’, como la definió en su momento el difunto Darío Echandía. El Simón Bolívar se hizo en lo que antes fue el aeropuerto de la Sociedad Colombo-Alemana de Transporte Aéreo (Scadta). Y las cinco primeras etapas del barrio se formaron con casas prefabricadas de fina y pulida madera traídas de Holanda, producto de un canje por café colombiano.

Un perro encarcelado

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En ocasiones, ni los propios dueños de un pitbull son capaces de dominarlo, por la fuerza que tiene.

Es de imaginar que ‘Lucas’, en semejante estrechez de espacio para vivir, fue acumulando rabia. Un animal que trae en sus genes una forma de vida en zonas amplias, corriendo, brincando, sudando, siempre libre de encerramientos, salvo por las noches cuando se le ponía el bozal y se metía en su pequeña casa o quedaba amarrado en el patio para asustar a los ladrones de olla, no es de extrañar que reaccionara de esa manera tan salvaje, al destrozar a Santiago, a quien no tenía por qué atacar porque su olor no le era extraño a pesar de los escasos 19 días de convivencia bajo el mismo techo. Un olfato canino en un primer instante captura el olor de un nuevo miembro de la familia, máxime si se trata de un bebé que tiene un olor suave, dulzón, volátil. Además, el llanto es frecuente y muy sonoro, elemento que también se graba de inmediato un perro de las condiciones de un pitbull.

La pregunta del millón es ¿por qué tener un perro tan peligroso en casa,  sobre todo si hay un bebé que con frecuencia queda a merced del animal? Es razonable que los habitantes de Barranquilla estén atemorizados por la ola de inseguridad que reina en todos los sectores de la ciudad. Pero buscar soluciones como la de tener un pitbull en casa llevaría a otros vecinos que prefieren tener una metralleta “que es más efectiva que un perro”. Ninguna de las dos es la respuesta razonable. Porque siempre los pitbull y las armas traerán consecuencias violentas.

Como los sucesos trágicos en los que perdió la vida Santiago, el bebé de 19 días de nacido atacado por un perro pitbull, a las 9:30 de la mañana de este martes en una vivienda ubicada en la carrera 4D número 17A-02 del barrio Simón Bolívar.

De acuerdo con Rosibel Zárate, una mujer que vive enfrente de la vivienda en donde ocurrió la tragedia, unos gritos que clamaban auxilio la pusieron sobre aviso acerca de la gravedad de lo que estaba sucediendo en casa de sus vecinos.

“La mamá pedía ayuda, decía que el perro se quería comer al niño. Ella dejó al bebé acostado en un par de sillas cerca de la puerta de la sala y se fue un momento al cuarto y el niño empezó a llorar y fue cuando el perro lo cogió y lo arrastró hasta la nevera”, contó la mujer.

Zárate indicó que Luis González, padre de la criatura y David Pérez, también familiar del niño, reaccionaron en cuestión de segundos. “El papá agarró al perro  por las patas y el otro muchacho le dio un puño duro en la cabeza y así fue que soltó al bebé. El papá lo cogió, lo abrazó y salió con el niño”.

La mujer añadió que ella y el padre del bebé se desplazaron corriendo a toda prisa hasta el Camino del barrio Simón Bolívar, en donde el bebé, que nació el 19 de noviembre, recibió los primeros auxilios.

El niño fue trasladado hasta el Camino Universitario Adelita de Char, en donde los especialistas intentaron salvarle la vida sin éxito.

Al mediodía de este martes cerca de un centenar de personas se aglomeraron en las afueras de la vivienda donde se presentó el triste caso. Algunos eran simples curiosos, y otros, exaltados personajes  que pedían a gritos que les permitieran sacrificar al animal.

“Me tocó cogerlo por el cuello y darle un puño en la cabeza para que soltara al niño. Él ladraba pero acá en la terraza de la casa. Lo raro es que antes no había mordido a nadie porque aquí en la casa era juguetón”, indicó David Pérez.

De acuerdo con algunos vecinos, el can se mostraba agresivo y cada vez que alguno pasaba cerca a la terraza se ponía a ladrar. Algunos señalaron que el perro había matado por lo menos a unos tres gatos de la zona.

Unidades de la Policía Ambiental y del Esmad hicieron presencia en el lugar para controlar la situación y neutralizar a Lucas, el can de 2 años que finalmente tuvo que ser sedado para luego  trasladarlo hasta las instalaciones del Jardín Botánico, en donde este miércoles a primera hora se le practicarán algunos exámenes para determinar si el animal sufre alguna enfermedad zoonótica (que se pueden transmitir de forma directa o indirecta de animales a personas), la cual alteró su comportamiento.

Eloína Goenaga, jefe de la Oficina de Salud Ambiental de la Secretaría de Salud del Distrito, indicó que a la fecha se ha reportado un total de 1.834 casos de agresiones. Agregó que no se tienen clasificados, pero que en su mayoría son causados por animales de este tipo de razas. Añadió que en Barranquilla no se han reportado casos de rabia (ni canina ni felina) en los últimos 10 años.

“Ya no se podía hacer nada”

«El animal permanecerá en observación por 15 días por parte de la Secretaría de Salud para descartar rabia. Estará bajo la custodia de la Policía Ambiental. Una vez se termine el periodo de observación se definirá qué va a suceder con el animal de acuerdo con los resultados”.

De acuerdo con el médico pediatra del Camino Universitario Adelita de Char, el bebé llegó hasta las instalaciones  del centro hospitalario en muy malas condiciones, presentaba múltiples lesiones en tórax, espalda, fractura de clavícula y en dos costillas, además de problemas respiratorios porque tenía una lesión severa en su pulmón izquierdo.

“Aquí se le practicaron todos los procedimientos que requería su caso. Le hicimos maniobras de reanimación porque a los 10 minutos de su llegada presentó un primer paro cardiaco y tuvimos que volverle hacer transfusión de sangre, pero desafortunadamente fallece debido a un último paro cardiaco”, señaló el galeno.

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