El secretario general de la OEA, Luis Almagro, solicitó la activación de la Carta Democrática en el país sudamericano, en momentos cuando el Gobierno pierde parte de su vital apoyo militar y se agudiza la crisis humanitaria, por falta de comida y medicinas.
Lexander Loaiza Figueroa @Lexloaiza
La convocatoria del secretario general de la Organización de Estados Americanos –OEA-, Luis Almagro, de invocar la activación de la Carta Democrática en Venezuela, desató la inmediata respuesta del mandatario de ese país, Nicolás Maduro, quien durante un acto masivo con transportistas en el Palacio de Miraflores (casa de Gobierno) y en transmisión obligatoria de radio y televisión, instó al organismo hemisférico a “salir de Venezuela y de Latinoamérica”.
Maduro dijo ser el objeto de una serie de ataques de la “oligarquía internacional” y exigió a la OEA que se “meta la Carta Democrática por donde le quepa”, en una nueva manifestación de su verbo locuaz, al estilo de su antecesor, Hugo Chávez. Maduro invitó a sus seguidores, a quienes les ofreció la reactivación del programa social para otorgarles taxis nuevos, a defender la llamada revolución, como garantía de la paz de ese país.
Al mismo tiempo y a pocas cuadras de Miraflores, en el populoso sector de Catia se producía un enfrentamiento entre vecinos y policías. Los civiles habían esperado por más de 15 horas la llegada de un camión de alimentos para abastecer el mercado de la zona, pero al no presentarse, se generó un intento de saqueo que ameritó la intervención de la fuerza pública.
La reacción de Maduro no fue la única. De la Cancillería colombiana trascendió en un primer momento que este país, vecino de Venezuela, abogará por el diálogo y el proceso de referendo, que el gobierno izquierdista de Caracas trata de evitar a toda costa.
Pero las presiones también han venido desde el hemisferio norte. La última semana de mayo, los líderes políticos de los países del G7 –Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Estados Unidos– han llamado al diálogo en Venezuela y han instado al Gobierno de Nicolás Maduro a facilitar la resolución «pacífica» de la actual escalada de tensiones con la oposición.
En la declaración final de la cumbre celebrada en Japón, los países del G7 han pedido a las autoridades venezolanas que «respeten los derechos fundamentales, los procesos democráticos, las libertades y el Estado de Derecho».
Decae apoyo de militares
La cuerda también se tensa desde adentro del propio chavismo. El lunes 30 de mayo, un nutrido grupo de militares que acompañó a Hugo Chávez en la insurrección militar del 4 de febrero de 1992 acusó a Maduro de abandonar el proyecto político diseñado por el fallecido líder y de estar dispuesto de hundir al país en el caos y la miseria para mantenerse en el poder.
“Usted y su gobierno, Presidente Maduro, deberían de una vez por todas hablarle claro al país y dejar sus burlas y su cinismo, expresando lo que muchos sabemos: esto no es revolución, ni es socialismo y muchísimo menos tiene que ver con ideas bolivarianas”, declara una contundente proclama firmada por decenas de integrantes de la agrupación de militares chavistas conocida como el 4F.
“Díganle al país que no le da la menor gana acatar la Constitución y que Usted, su TSJ [Tribunal Supremo de Justicia] y su CNE [Consejo Nacional Electoral], su partido y la fracción militar y policial en las que se apoya, están por encima de la Constitución y de la voluntad de las mayorías populares”, agregó el documento, en referencia al referendo revocatorio.














