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Lionel Messi: «Me limito a jugar al fútbol»

Detrás del deporte hay demasiados intereses y montañas de dinero para comprar derechos, países, mundiales, incluso conciencias. ¿Quién escapa?

Por Jorge Sarmiento Figueroa

Lo que va de este año podría ser la mala hora de Lionel Messi. Se pensaba que la segunda derrota en una final de la Copa América era ya la suma de todos sus males. Pero faltaba lo peor. Messi fue condenado este miércoles 6 de julio por la Audiencia de Barcelona a 21 meses de cárcel, por fraude fiscal.

Se trata de una dura noticia más allá del fútbol, pero muy ligada al deporte. También ha caído su padre, Jorge Messi, por la misma causa. Ambos tendrán que pagar multas que suman más de dos millones de euros. El meollo del asunto está en que padre e hijo defraudaron al fisco español en 4,1 millones de euros de los derechos de imagen del futbolista durante 2007, 2008 y 2009. El hijo era la estrella; el padre, el administrador de la luz. Y cuando llegó la oscuridad, ambos quisieron defenderse diciendo que todo fue a sus espaldas, que fueron engañados por abogados financieros. España no les creyó. Y si los Messi no van a la cárcel es porque en España las sentencias inferiores a 24 meses pueden no ser cumplidas en prisión para personas que no tengan antecedentes penales. (Me excuso por comparar los casos, pero con una oportunidad así es mejor recordar: Los hijos de Álvaro Uribe están diciendo que a ellos también los engañaron en un posible intento de millonario fraude al fisco nacional. Y hace dos décadas al ex presidente Samper le metieron millones de narcodólares a sus espaldas).

La punta del iceberg

Pese a la contundencia de los hechos que rodean a un ídolo como Messi y a la suma exorbitante que se menciona, esto puede ser solo la punta del iceberg de un negocio llamado fútbol que hoy abarca un poderío incomparable con cualquier otra fuente de entretenimiento en el mundo y que ha sido una comidilla de corrupción que alcanza niveles geopolíticos.

Lo que pasó con el futbolista argentino está pasando con muchos jugadores y equipos enteros alrededor de los cuales conviven agentes deportivos, comerciales y publicitarios, empresas, marcas, familias, inversionistas, jeques, reyes, presidentes, países. Argentina, por ejemplo, la tierra natal de Messi, tiene entre sus principales renglones de exportación a jugadores de fútbol. Esto debido al inmenso valor que los equipos, especialmente europeos y asiáticos, están pagando por las estrellas del balompié, en algunas casos incluso esquivando normas laborales para comprarlos desde cuando tienen menos de cinco años de edad y asegurar así el potencial de las incipientes luminarias.

El ejemplo perfecto es el mismo Messi, quien luego de ser firmado y convertido en ratón de laboratorio por el Barcelona llegó a ser el gran símbolo del fútbol contemporáneo y es hoy por hoy la mejor forma de ganar de dinero para España. En el año 2015, el crack del barca superó los 60 millones de euros en ingresos. ¿Saben cuánto pagó por impuestos? Entre 2007 y 2014, pagó 53 millones de euros. Lionel Messi es la persona que más paga impuestos en España. No justifica esto su acción del fraude, pero nos muestra que algo está ocurriendo en el mundo para que el fútbol mueva esas cifras en la economía.

Pongamos el ojo en otro ejemplo: Según una fuente interna de una empresa fiduciaria de Edimburgo, hay un portafolio de inversiones en el Reino Unido que tiene intereses hasta en cigarrillos y cuyos clientes son figuras emblemáticas del deporte, como David Beckham. ¿Qué hace un deportista invirtiendo en cigarrillos? Suena paradójico, pero mucho más suena la respuesta: Demasiado dinero se vuelve no solo una fuente de estabilidad, sino también de aturdimiento.

Los deportistas, como dijo el mismo Messi, solo piensan en el deporte. Por eso suelen confiar el manejo de sus inmensas fortunas a otras personas. Sean familiares, representantes, o agencias de abogados reconocidos. Y es allí cuando se arma el lío. Porque el corazón y la contundente pasión con el que los primeros mueven el balón, es equivalente a la de los segundos para mover el dinero. Se trata de ganar, ganar y evitar perder el mínimo centavo, que en este caso son millones de millones. Se inventan complejas estructuras financieras para poner dineros en fundaciones aquí, en paraísos fiscales allá, compran yates, acciones petroleras, e incluso pueden, sin saberlo, financiar una guerra en este momento.

Queda entonces la pregunta: Si un jugador de fútbol se puede ganar hoy más de 60 millones de euros al año, es decir, casi 500 millones de pesos colombianos al día, ¿cuánto ganan los verdaderos dueños del balón? Es absurdo que un puñado de personas tenga el poder para despilfarrar tanto dinero y llegar a convertir el deporte en un espectáculo de veleidades. Pero es así. Y puede que ya tengamos listas las cruces para colgar a Messi, que es un simple ser humano así sea un dios del fútbol. ¿Messi no pagará cárcel porque tiene mucho dinero? No, no pagará cárcel porque Messi es un títere que es más valioso libre. Se necesita libre para que siga amarrado a los hilos con que el teatro del fútbol hace que el mundo se haga babas todos los domingos.

Sobre el autor

Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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