El cineasta y periodista barranquillero Juan Pablo Ósman Flores hace un análisis de los resultados del Mundial y del presente y futuro de Colombia en la principal cita del fútbol.
Por Juan Pablo Ósman Flores
Aún falta tiempo para la definitiva Revolución de las Naciones frente al poderío privado de los clubes europeos de fútbol. Al final llegaron a las semifinales del Mundial 2014 cuatro equipos plagados de estrellas pertenecientes a la élite y aristocracia del fútbol privado. Las amenazas de las Naciones «proletarias» se quedaron en eso, amenazas.
En este contexto quiero hacer una reflexión: de todos los logros que alcanzó nuestra Selección Colombia en este Mundial, creo que uno de los aspectos más importantes es la cotización que lograron nuestros jugadores en el fútbol internacional.
Considero que el necesario paso siguiente por parte del fútbol colombiano consiste en que nuestros jugadores empiecen a ocupar sitios en los mejores clubes de Europa, adquieran el oficio, la experiencia, la mentalidad que se consigue compitiendo en esos equipos. Eso nos faltó frente a Brasil: oficio y experiencia para disputar ese tipo de partidos.
Los brasileros que conforman esta Seleçao de 2014, esquemas, derrotas catastróficas y estilos de juego aparte, son jugadores curtidos en ese tipo de batallas, son tipos ganadores de las Ligas más importantes de Europa, que han disputado y ganado Champions Leagues, protagonizado algunos de los más intensos duelos futbolísticos de los últimos tiempos.
El plus de la experiencia
A nuestros jugadores aún les falta ese plus de experiencia, de la que también se hace la calidad. Dejemos de ver fantasmas arbitrales y conspiraciones Fifa-Dilma-Masónico-
No es lo mismo entrenar y jugar todo el año en Nice, Cagliari, West Ham, Fiorentina, Toulouse, Atalanta, Elche, planteles donde militan nuestros jugadores y que en su mayoría ocupan lugares de media tabla, sin llegar a participar en las competiciones europeas, que jugar y entrenar todo el año en Barcelona, Real Madrid, Manchester City, PSG, Chelsea, Bayern Múnich, equipos a los que pertenecen los brasileros actualmente y en donde empatar un partido se convierte en un problema institucional, ganar es la única opción.
Los jugadores colombianos han vivido una evolución en los últimos diez años, la inmensa mayoría juega en Europa y gracias a ese proceso clasificamos a un Mundial después de 18 años, pasamos a Octavos de Final de la Copa Mundo después de 24 años y nos metimos en Cuartos de Final por primera vez en nuestra historia pero hasta ahí nos alcanzó, hasta ahí teníamos herramientas, ahora necesitamos un paso más para seguir avanzando.
Aprender a jugar sin el pito
Seamos auto-críticos y maduros como sociedad, no siempre los fracasos son culpa de alguien ajeno a nosotros mismos. Sobretodo, seamos responsables, en un país con la violencia a flor de piel no es sano sembrar odios, paranoias conspiratorias y falsos victimismos, mucho menos desde medios de comunicación. Sepamos perder.
Un árbitro con la premisa de allanarle el camino a Brasil no otorgaría una pena máxima a favor de Colombia a diez minutos del final del partido, poniéndole el agua al cuello a los brasileros; simplemente se «haría el loco», miraría a otro lado y no pita; tampoco hubiera otorgado cinco minutos de tiempo adicional, con un Brasil desesperado. Un torneo organizado a favor de Brasil no hubiera asignado a uno de los tres mejores árbitros del mundo, Howard Webb, para el partido Brasil-Chile, que era el duelo más complicado que tenía el anfitrión hasta ese momento, adonde llegaba además con innumerables dudas futbolísticas a enfrentarse al ímpetu chileno tras tumbar a la campeona España. El juez central tuvo una actuación impecable y no le otorgó a Brasil faltas en varios piscinazos de los brasileros en el área chilena, angustiados ante la posibilidad de irse a la definición por penalties.
Aparte del primer partido frente a Croacia, no he visto un favoritismo hacia Brasil, más allá de la normal localía de cualquier partido de fútbol en el planeta. Si se analiza fría y objetivamente, la actuación de Velasco Carballo en el Brasil-Colombia estuvo en la línea permisiva frente a las tarjetas amarillas que han tenido absolutamente todos los partidos del campeonato.
Lo difícil que es hacer historia de Mundial
Miremos la historia antes de argumentar con la pasión y no con la razón. Clasificar a unas semifinales es un logro inmenso, una hazaña al alcance de pocos. Un país como Argentina, con todo su bagaje y dos campeonatos mundiales en su haber, no pudo volver a jugar unas semifinales desde que se despidió del fútbol un tal Diego Maradona, tuvo que esperar 24 años y que apareciera un tal Lionel Messi para volver a esas instancias.
Una potencia como Holanda, creadora de una escuela de fútbol que aún nos influye hoy en día, ha jugado tan solo ¡cuatro semifinales en los últimos 36 años! Únicamente 16 países han llegado a esta fase desde 1982.
¿Realmente pertenecemos ya a este selecto grupo o aún nos falta un salto cualitativo? El proceso va y va muy bien. Ojalá esto no sea flor de un día como tantas otras cosas en nuestra improvisada sociedad colombiana, esperemos que aprendamos a tener paciencia, trabajar con constancia y disciplina en torno a una idea, persevarando por los resultados.
Ojalá continúe el gran Pékerman y pueda incluso tener influencia en nuestras divisiones inferiores, pero también lanzo desde aquí una consideración: Pékerman debe ser sensato, coherente y racional con respecto a sus aspiraciones económicas y las condiciones sociales del país. Actualmente, Pékerman es el octavo técnico de Selecciones Nacionales de Fútbol mejor pago del mundo, por encima de economías desarrolladas y sólidas como la estadounidense, la francesa, la holandesa, la belga. En América solo lo supera el brasilero Scolari.
Esperemos que lo económico no prime en la decisión del sabio y no haga una petición desmesurada, fuera de contexto frente a la realidad socioeconómica de Colombia. Ojalá se mantenga en su cargo este argentino que se nos metió en el corazón y nos ayude a continuar creciendo y soñando. Y esperemos que todas esas supuestas contrataciones de jugadores colombianos en grandes equipos realmente se concreten, aprendamos a librar ese tipo de partidos decisivos y continuemos evolucionando de la mano del brillante Don José.















