Un informe periodístico presentó el fenómeno de la planta parásita como “un desastre ambiental de incalculables proporciones”.
Por Adlai Stevenson Samper

- El único árbol que se encontró con ‘pajarita’ fue un roble viejo cerca de una de las estaciones de Transmetro.
La alarmante noticia salió publicada en El Heraldo el día domingo 19 de abril: “La pajarita afecta ya 7 de cada 10 árboles de Barranquilla”. Y para darle mayor peso conceptual, el informe se presentó con dos firmas, la de José Granados y Carlos Polo, lo cual presupone la visión estratégica de importancia auspiciada por el director del periódico Marco Schwartz Rodacki.
El lead anuncia algo terrible: “Un informe de la Sociedad de Agrónomos alerta sobre el avance de la planta parásita y califica la situación de ‘desastre ambiental’. Muerte de robles, almendros y matarratones frondosos en toda la ciudad aumenta temperatura urbana, según expertos”.

- En una larga calle sombreada por un hermoso ceibal viejo, no hay una sola planta parásita en ninguna de esas ceibas centenarias.
Detrás de las noticias del desastre aparece la Sociedad de Agrónomos del Atlántico, que batalla con ese propósito desde el año 2009 hasta el 2011, cuando realizó un estudio al respecto para el Damab sobre los árboles en los parques de la ciudad.
Según los periodistas Granados y Polo, citando a William Peña, expresidente de la Sociedad, “el 70% de los árboles están afectados por esta planta parásita”. El censo arbóreo – señala la misma fuente-, fue hecho en noviembre del 2014, agregando su actual presidente Fernando Avendaño que “proteger la flora constituye una prioridad dentro de la política ambiental del país, pero en Barranquilla sucede lo contrario”.
Lectores aterrorizados
Ese gesto altruista de una asociación profesional conmovió a la ciudad. Luego el periódico El Heraldo ese mismo día, domingo 19 de abril, en su página web a las 5:20 pm presenta una noticia, una especie de recuento sobre las vicisitudes que había producido el demoledor informe ambiental, al cual titularon: “Propuestas y quejas sobre precaria situación arbórea de Barranquilla”. Dentro, los lectores manifestaban su preocupación e inconformidad sobre el deteriorado estado ambiental de la ciudad.
Respondiendo a todos los interrogantes, la directora encargada del Damab, Sara Rodríguez, señaló que esta entidad ha realizado puntuales acciones al respecto: «Intervinimos gran parte del tramo de la carrera 54 entre calles 59 y 76 aleatoriamente algunas especies en sitios priorizados». La redacción de Elheraldo.co contesta con una comprobación in situ ese mismo domingo así: “en un recorrido de El Heraldo se pudo comprobar que en esta avenida desde el Coliseo hasta la 76 hay numerosos árboles afectados. Igual en el bulevar del Recreo, alrededores del Romelio Martínez, entre otros”.
Una catástrofe ambiental ficticia
En otras palabras, los periodistas de El Heraldo ratificaron el informe sobre la pajarita y otros daños a la arborización de la ciudad presentada por la Sociedad de Agrónomos del Atlántico. Confirmado: estamos ante una catástrofe ambiental en una ciudad poco arborizada, con escasos parques lo que conlleva en consecuencia a unas perspectivas alarmantes sobre el aumento del clima, entre otros daños colaterales hacia el más cercano futuro.

- El parapeto por la tal ‘pajarita´obligó a numerosos operarios de Triple A, Damab, Electricaribe, Alumbrado Público, Movilidad Urbana, a disponer de toda una enorme infraestructura en busca de un enemigo invisible.
Hay que iniciar un urgente plan de salvamento, es la consigna general. Con toda la calma del caso la Corporación Autónoma Regional del Atlántico firma un convenio con la Sociedad de Agrónomos del Atlántico para implementar una serie de medidas puntuales.
El convenio se firma dos meses después de presentarse la infausta noticia en El Heraldo, el 19 de junio del 2015. Pero no se trata de una intervención general sobre la ciudad. No. Es una especie de manto salvador a los escasos árboles de la avenida Olaya Herrera, transformada al respecto cuando se constituyó en una de las vías principales del sistema de transporte masivo Transmetro.
El comunicado de la oficina de prensa de la CRA el 19 de junio a las 3:01 de la tarde explica en qué consiste la redentora intervención sanitaria sobre esa vía: “Desarrollar un programa de sensibilización a la comunidad ubicada en la avenida Olaya Herrera, en la ciudad de Barranquilla, en materia de control fitosanitario de la planta parásita denominada “pajarita” y otras afectaciones bióticas y abióticas de la población arbórea”.
Más adelante manifiesta el comunicado de prensa de la CRA: “El convenio representa una inversión de $250 millones y se desarrollará en dos fases. Una para el control, erradicación, fertilización, poda y reposición de la población arbórea, por medio de la cual se realizarán podas de saneamiento eliminando un gran porcentaje de plantas parasitas y realizando un control integrado de la misma”. Como si esto fuera poco y la pajarita asistiera a talleres para obligarla a desistir de sus malévolos empeños en contra de los árboles barranquilleros, programaron cuatro con miembros de la comunidad involucrada (100 personas en total), y al final publicarían un manual con el nombre de “Tres enemigos mortales de la flora”.
‘La pajarita se esfumó’
Con el objeto de presenciar la magnitud del supuesto daño urbano de la pajarita, realicé varios recorridos por sectores estratégicos de la ciudad. Algunos de los nombrados en los informes. Otros que no aparecen pero que son igualmente importantes. En el bulevar de Simón Bolívar no se encontraron rastros de la presencia de la planta. En la calle 30 tampoco. En Murillo se encontraron dos: uno en la carrera 46 y otro dos cuadras adelante en el barrio Abajo. En la arborización de la carrera 54 -una de las más críticas, según los informes- se encontraron dos: uno frente al teatro Amira de la Rosa y el otro frente a la Universidad Simón Bolívar.
No hay rastros en la arboleda del edificio de la Sociedad de Mejoras Públicas, en el parquecillo del teatro Amira de la Rosa, en el del Coliseo Cubierto, en el barrio Abajo, frente a la Universidad de la Costa, en el bulevar de los Fundadores, en el parque Santander frente a la CRA ni en la carrera 58. Nada en el parque Sagrado Corazón. Tampoco en Los Nogales, Campo Alegre y Ciudad Jardín. Menos en el parque del cementerio Universal. Ni en Olaya, Delicias, dentro de las instalaciones de la Escuela Normal La Hacienda, ni en el parque Bellavista, en los alrededores de la Vía 40, por los lados de Alto Prado.
En definitiva, la pajarita escasa, invirtiéndose en realidad la proporción terrible presentada: se trata de un 20% de los árboles de la ciudad los afectados. Para los que desconfíen de esta aseveración los invito a que hagan el mismo ejercicio y lo comprueben en vivo y en directo. Ojo avizor a las copas de los árboles en donde se posa la terrible pajarita. Allí se encuentran las evidencias de la historia.
Una sociedad fantasma
Pero la bola de nieve mediática empezó a correr desaforada. Sin que nadie sensato cuestionara algunas de las cifras y proyecciones del citado informe de la Sociedad de Agrónomos del Atlántico, que por cierto se pidió una copia al correo del presidente: asiadelapresidencia@gmail.com sin ninguna respuesta. También se le preguntó al Ing. Fernando Avendaño qué tipo de metodología usaron en la medición del drama ambiental y, a partir de estos datos y el convenio firmado con la CRA, qué indicador los condujo a implementar con urgencia el plan fitosanitario sobre el foco parcial urbano de la avenida Olaya Herrera.
Dentro de la CRA tampoco hay claridad sobre la ubicación del convenio. En palabras de un funcionario de la oficina jurídica, el abogado Eduardo Castillo, como no llegó a protocolizarse en debida forma, debe estar en una de los varios archivos que tiene esa entidad (tres en total). Al final no apareció.
El diario El Tiempo, en un escrito de Javier Franco, en su edición del 5 de mayo, hace eco a la tragedia ambiental con el siguiente titular: “En Barranquilla, bloque ecológico invita a luchar contra la pajarita”. Se trata, dice el periodista, de una gran cruzada contra la ‘pajarita’ con “un trabajo articulado entre el Damab con el Cuerpo de Bomberos, Secretaría de Movilidad, Triple A, Foro Hídrico, Electricaribe y el acompañamiento de los medios de comunicación y de otras organizaciones ambientales de la ciudad”. En otras palabras, la ciudad había entrado en conciencia de la magnitud del problema planteado por la Sociedad de Agrónomos del Atlántico y difundido por el diario El Heraldo que incluso montó una etiqueta o hashtag #SOSporPajarita con una gráfica en dónde aparece un bus de Transmetro al lado de un árbol carcomido por la pajarita en la avenida Olaya Herrera.
Todo iba maravillosamente bien para la implementación del convenio entre la CRA y la Sociedad de Ingenieros Agrónomos del Atlántico, hasta el momento en que un colectivo de jóvenes llamado “Unidos por nuestros árboles” saca unas cuentas curiosas que no concuerdan con la realidad del monto implementado ni de la zona a intervenir.
Según el periodista Javier Franco, del diario El Tiempo, en noticia del 24 de junio, el negociado denunciado por los jóvenes tenía las siguientes cifras: “La principal advertencia del colectivo es que, a la luz del contrato, erradicar la ‘pajarita’ salía costando 1.6 millones de pesos por árbol, mientras que ellos, a través de una actividad concreta con el apoyo del sector privado, han logrado hacerlo con 25 mil pesos por árbol”.
Dentro de las cláusulas del convenio de erradicación se estipula que Asiadela (Sociedad de Ingenieros Agrónomos) deberá presentar un informe en el que detallarán “el estado de cada uno de los árboles que hacen parte de la zona de influencia del proyecto” para hacer un análisis ajustado a la realidad. A partir de ese informe se realizaría un “control de la planta parásita ‘Pajarita’ y un control de plagas y enfermedades”. También se determina dentro de las cláusulas de obligaciones inter-partes que “la Corporación (CRA) no dispone en su planta de personal, de funcionarios, para dedicación exclusiva al establecimiento y mantenimiento del arbolado”, de ahí la necesidad del convenio con Asiadela (Sociedad de Ingenieros Agrónomos del Atlántico)”.
El periodista Álvaro Pion en El Heraldo del día 23 de junio escribe: “Sobre la firma del convenio sin conocer el monto total de árboles, Víctor Téllez, presidente de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental, Acodal seccional Caribe, indicó que ese tipo de contratos “permite hacer un estimado de los árboles y de ahí se saca el monto”. Sin embargó, cuestionó el hecho de que no hubiera un análisis previo de los problemas fitosanitarios reales de la zona. “Es lo primero que debió haberse hecho”, recalcó Téllez.
Ante la situación planteada por el lesivo y abstracto convenio el colectivo “Unidos por nuestros árboles” realiza una ronda mediática acudiendo a Emisora Atlántico –al noticiero de Jorge Cura-, a Noticias de las 6 en TeleCaribe, a Zona Cero, El Tiempo y El Heraldo, denunciando el convenio que al final, ante las cifras y la presión sobre su costo y resultado, concluye en un dramático “reversazo” por parte del director de la CRA, Alberto Escolar, quien termina agradeciendo públicamente esta especie de veeduría sobre el objeto y costos del convenio: “Los aportes ciudadanos siempre serán bienvenidos y tenidos en cuenta porque nos permiten trabajar articuladamente para la ejecución de inversiones importantes para el beneficio de todo el Departamento” (El Tiempo, 24 de junio 2015, 9:31 pm).
Pura pajarilla para favorecer a alguien
Es exactamente en la confluencia de todos estos singulares acontecimientos cuando surgen varios interrogantes sobre si la noticia de la pajarita fue una autentica promoción para provocar efectos que desembocarían en la firma de un convenio basado en informes erróneos o no valorados por expertos en donde primó –ante la falta de comprobación de la veracidad de las fuentes ( el informe de la Sociedad de Ingenieros Agrónomos)–, una ligereza informativa produciendo pánico mediático que desestabilizó áreas sensibles del tema ambiental en Barranquilla.
En este movimiento intervinieron, desde la institucionalidad de oficinas y dependencias de la Alcaldía distrital, hasta medios de comunicación y organizaciones ecológicas. Según fuentes que pidieron reserva de su nombre, en el medio del embrollo habrían de por medio comisiones de tipo económico.
El 24 de junio el diario El Heraldo, con redacción EFE, indica que “El Director (Escolar) de la Corporación Regional Autónoma sostiene que la decisión se toma «en virtud de las voces de rechazo que se han generado frente a los soportes técnicos del convenio». Los llamados soportes técnicos del convenio no son otros que el informe alejado de la realidad sobre el 70% de la población arbórea de Barranquilla afectada con la pajarita y que Olaya Herrera, donde se iba a destinar la inversión de los 250 millones, es una avenida desolada desde el punto de vista paisajístico ambiental tras la intervención del Transmetro en más del 65 % de su recorrido.
A menos que quieran proteger de la pajarita, como novedad de su causa, el techo despejado de las 6 estaciones, lo cual en el fondo es un auténtico cuento para echarlo al vuelo. Pura pajarilla.












