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La mala hora existe, y no anda en bicicleta

Sucedió en una discoteca en la costa Este de Los estados Unidos. Al igual que en la famosa película Destino Final, hay eventos que van más allá de la pantalla y es allí cuando  la realidad supera la ficción.

Por: Celso Jiménez Fajardo  – Desde Hartford, Connecticut, USA

Eran las 1:45 de la madrugada, las luces de tungsteno de la discoteca Los imperios fueron encendidas anunciando el inminente fin de la noche de rumba. Jocelyn Class, de 23 Años, y de nacionalidad puertorriqueña, afanada tomó el último sorbo de su bebida. Se acomodó la falda y el cabello y de inmediato salió. Se dirigió a su carro junto a otras cuatro personas. Una de esas personas eraacc 2 Emiro, que caminaba junto a ella. Emiro le preguntó: «¿Dónde está tu carro?».

Jocelyn giró la mirada hacia a Emiro y con una sonrisa de presagio le dijo: “Ahora me atropella un carro”.

– Ten cuidado con lo que dices, más bien busquemos el tuyo.

En ese momento Jocelyn baja la cabeza asintiendo, con los ojos cerrados. Y de la nada, desde el fondo de la oscuridad, apareció un Toyota Camry plateado con placas del estado de Connecticut, conducido por Justine, de 25 años.

Justine intentó frenar, pero estaba muy cerca de ella. La golpeó fuertemente en la parte trasera de sus piernas, haciéndola volar por los aires en un giro de 360 grados, en lo que el deporte extremo conoce como “Back flip”. Jocelyn voló hasta estrellar su cabeza con la parte superior del vidrio panorámico y rebotar en el pavimento. Con muchos golpes en su cuerpo pero aun consiente, lloraba por la mezcla de dolor y nervios.

Emiro corrió a auxiliarla al escucharla gritar con desesperación. “Help, Help, Help”(ayuda, ayuda, ayuda), una desgarradora voz que erizaba la piel. Atónitos, sus acompañantes corrieron a ver las condiciones en que la joven se encontraba.  Por suerte a menos de 20 metros un policía de la ciudad de West Hartford que hacía vigilancia, rápidamente llegó a la escena del accidente impidiendo una posible huida del conductor involucrado.

Un paramédico del cuerpo de bomberos en una rápida reacción, como es acostumbrado en los Estados Unidos, también se unió a la escena y prosiguió a brindar los primeros auxilios a la desesperada Jocelyn.acc4

Posteriormente Jocelyn, quien trabaja como asistente en un banco de la ciudad, fue trasladada en un ambulancia hasta el hospital de Hartford, allí le practicaron varios estudios y milagrosamente no tenía ni un solo hueso roto. Al día siguiente fue dada de alta solo con algunas raspaduras en diferentes partes del cuerpo, en especial su espalda.

Esta boricua, alegre, dicharachera y llena de vida, le contó a La Cháchara que no podía creer que luego de invocar sin querer el accidente, este sucedería. Se prometió a sí misma que nunca más arrojaría un pensamiento de esa clase, pues según ella dijo: “la mala suerte nos escucha y cosas como esta pasan, mediré mis palabras en el futuro”. Emiro la miraba, esta vez fue el quien asintió dándole la razón.

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