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La jaula de oro

La jaula es jaula, aunque sea de oro, pero si el recluso tiene todo en la jaula de barrotes dorados, es lo mismo que pagar condena en libertad sin nadie quien vigile.

Por: Hernán de la Ossa

Términos menos metafóricos utiliza la cruda realidad del precario e inseguro sistema penitenciario colombiano, que nada ha cambiado en razón de la equidad entre los reclusos. Después de tantos tropiezos, reformas y discusiones de puro papel mojado, la irresponsabilidad antinacionalista de los últimos gobiernos que han concedido prebendas dentro de los reclusorios (a quienes pueden pagar por ellas), por la maleable voluntad de directivos y guardianes, por fin está dando sus frutos maduros. Indefectiblemente la “catedralización” (si se quiere un término más beligerante e histórico) de las cárceles colombianas ha representado una burla y una afrenta para el estado social de derecho en el que está constituida la nación.

Son varias las aristas que nos quedan por llenar en un tema tan ignorado. Las cárceles de máxima seguridad donde yacen los más controversiales reclusos son todo un pent-house, evocan de manera casi calcada las habitaciones de los hoteles cinco estrellas de la capital y en estas celdas exclusivas aun se sienten los remanentes de poder y opulencia que tuvieron sus inquilinos en libertad.

Y ni que decir si hablamos de las “comodidades” entre las que podemos contar servicio de internet, cocina exclusiva, whisky, confortables colchones, televisión y demás excentricidades y caprichos, tal cual como en las películas y series de mayor sintonía en el mercado audiovisual. Lo verdaderamente preocupante de esta situación, no son las comodidades que a la postre terminan siendo de irrelevante importancia. la inquietud es la dinámica delictiva que es abismal, fluctúa la ilegalidad en las paredes de las cárceles colombianas, así como el sobornable sistema que las opera se doblega ante los delincuentes de saco Prada y corbatas Ricci.

Hasta los límites ha llegado la permeable conciencia en los reclusorios. En sus interiores, cada tanto se efectúan cumbres de cabecillas aprisionados, jefes únicos de grupos delictivos, narcotraficantes y políticos condenados por corrupción que aún privados de la libertad tocan las teclas del piano político colombiano, entre otros coloquios del mal. He llamado “catedralización” al fenómeno por el que transcurren las cárceles en Colombia con el único animo de recordarle al país que esta nefasta etapa ya se vivió y que estamos en un trance donde evocamos la época triste del flagelo del narcotráfico.

Colombia se llenó de catedrales y el precedente fue sentado por un hombre que le dijo al país “plata o plomo” que arrodilló a un cuerpo armado y que compro a sus jefes máximos. ¿será que se está volviendo a oír tras bambalinas esta lapidaria frase, con otra connotación de poner en riesgo estatus y altos cargos, aduciendo a favores importantes? Nadie lo sabe, lo cierto es que son millones de pesos los que circulan por manos desconocidas (y también conocidas) para que las cárceles colombianas se hayan convertido en oficinas del crimen.

Las artimañas políticas que emergen del uso de investiduras y posiciones sociales son móviles para degradar con sevicia la conformación interna del estado, que se traducen en el desequilibrio inequitativo del ciudadano, inclinando la balanza a favor de quienes pesan. Del mismo modo, tiene igual fuerza y relevancia el poder y la jerarquía en el mundo del hampa para conseguir con beneplácito los favores requeridos. Son miles de llamadas al día las que se hacen desde distintos pabellones de las cárceles con el ánimo inequívoco de una extorción, producto de las trapisondas realizadas para conseguir un equipo móvil. Esto demuestra la débil seguridad de la que adolecen los planteles carcelarios y la ineptitud de los guardas en su interior.

Así podemos ver que da lo mismo haber desfalcado las arcas del estado mediante contratos onerosos o haber orquestado un robo en el centro de Sincelejo, cuando de privilegios en el reclusorio se trata y máxime si está el factor pecuniario ejerciendo su labor.  He querido escribir estas líneas esgrimiendo a favor del estado y de su preservación como estado social de derecho, pero sobre todo para ilustrar a quienes leen con sensatez, sobre un tema que ha permanecido en el anonimato y que merece ser puesto en el tinglado político y social dada su importancia para el país.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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