Uno de los más reconocidos psicólogos y psiquiatras a nivel mundial, Boris Cyrulnik, en una interesante entrevista con la psicóloga ibérica Violeta, asegura que esta palabra que hoy todos invocan tiene su valor intrínseco.
Rafael Sarmiento Coley/Todomail/fannybernalorozco@hotmail.com
Hay palabras que, a fuerza de repetirse, se ponen de moda. Y se quedan ancladas en el vocabulario de sabios y profanos. Entre otras cosas, porque son ‘pegajosas’ y fácil de entender, como es el caso de Resiliencia.
En Barranquilla, hace pocos días, el dueño de una tienda que estuvo a punto de quedar convertida en cenizas, al ver que, con la ayuda de sus trabajadores, de sus familiares y el vecindario dominaron las luengas llamas que amenazaban devorarlo todo, se arrodilló ante su negocito, y de manera inconsciente, dijo esta plegaria: “Gracias a mi Diosito Santo en primer lugar, y a santa Resiliencia, porque sin ellos todo esto ya fuera cenizas”.
Días después, el multimillonario e importante empresario barranquillero de talla mundial, Christian Daes Abuchaibe, en un video que se hizo viral, resaltó, que, gracias a la “Resiliencia, hoy podemos dar un parte de victoria, al recuperar una de nuestras principales plantas de producción, gracias al sacrificio, la voluntad y el empeño de todos, en una clara expresión de lo que es la Resiliencia. Fue la Resiliencia la que nos permitió, en un tiempo récord, recuperar todo lo que se había quemado, reparar láminas, cambiar tuercas y tornillos, reponer líneas eléctricas, y decir hoy con plena alegría, que la planta está como si nada hubiera pasado, gracias a la Resiliencia”.
Como Daes es un hombre generoso y sensible, no está demás que, dentro de muy poco, erija un monumento a la Resiliencia al lado de la Aleta del Tiburón, o frente a la Caja de Cristal, o tal vez al lado de la Ventana al Mundo.
Uno de los aspectos más interesantes de abordar el tema desde la óptica de uno de los sabios que más lo ha estudiado, es determinar qué tanto podría ser útil en Colombia en estos momentos de pánico por la pandemia, una serie de teleconferencias con Boris Cyrulnik.
El profundo fondo de la palabra
Boris Cyrulnik, nacido en Burdeos, Francia, 26 de julio 1937, autor de 12 libros sobre lo que tiene que ver con sus profesiones de neurólogo, psicólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo (ver video, en entrevista con Violeta Esteban), 8 sobre temas diversos, es uno de los sabios que más saben sobre la Resiliencia (Daes debería traerlo para unas conferencias ahora después de la cuarentena). En verdad sería de inmensa importancia sus planteamientos sobre la fuerza interior de cada ser para reponerse con valor ante las adversidades de la vida, siendo él un clásico Resiliente que se repuso de la muerte de sus padres durante el holocausto Nazzi, siendo él apenas un niño.
Boris Cyrulnik definió la Resiliencia como la capacidad de salir adelante y de resistir en los momentos de adversidad. Él es un psiquiatra francés, de familia judía, nacido en Burdeos y fue uno de los invitados a Cartagena para el Hay Festival. Ha escrito varios libros sobre este tema: Autobiografía de un espantapájaros, La maravilla del dolor; Morirse de vergüenza; Sálvate, la vida te espera y Los patitos feos.
Cuenta que a la edad de cinco años sus padres fueron llevados a un campo de concentración y luego asesinados. Conoció entonces el abandono y la soledad. Posteriormente tuvo la fortuna de encontrarse con personas que le tendieron la mano, le acogieron y cuidaron.

Boris Cyrulnik, neurólogo, psicólogo, psiquiatra, etólogo francés, ha escrito 12 libros sobre la Resiliencia y 8 sobre temas diversos.
Sin embargo, fueron muchas las frustraciones y dolores los que vivió, lo que le ha llevado a realizar un gran trabajo emocional a fin de sanar y reparar su pasado. Para ello habla de sus orígenes, de sus miedos, de las amenazas, de la muerte, de los afectos, en fin, narra su historia. “Un relato no es el retorno del pasado, es una reconciliación con la propia historia. Se trata de dar forma a una imagen, de repararla, de dar coherencia a los acontecimientos, de sanar una herida injusta”.
Hablar, recordar, traer a la memoria los hechos felices y serenos y aquellos que de manera especial han dejado heridas abiertas, las cuales a pesar del paso del tiempo no se han cerrado y menos aún sanado, es una estrategia terapéutica de gran poder. Sobre todo, para las personas que todo lo guardan y que consideran que solas son capaces de superar historias y recomponer pedazos de vida que han dejado huellas dolorosas. En estos casos la lectura de las obras de Cyrulnik podrían ser de gran ayuda para darse cuenta de que es posible aprender a soltar los nudos emocionales a los que se vive aferrado y que traen consigo un inmenso daño.
Dejar el pasado atrás sin aceptar, elaborar, sanar, es una estrategia que algunos seres humanos usan para defenderse del dolor. Ocultan, callan, mienten, pero este sigue ahí como una sombra, constante y persistente. Es como estar metidos en una trampa emocional, cuya única salida sólo es posible, cuando se asumen decisiones de vida encaminadas a afrontar los acontecimientos dramáticos que se encuentran en la memoria emocional y que impactan de manera negativa la vida.
Entonces, no es negar, ni callar, ni hacer de cuenta que no ha pasado nada, es afrontar los acontecimientos aterradores, dramáticos y dolorosos. Es ir aceptando poco a poco que en el transcurso de la vida se tejen muchos vínculos e historias que contienen significados diferentes y que tenerle miedo al pasado es atarse a él.
“Los hombres sin historia tienen un alma dispersa. Sin memoria y sin proyecto, están sometidos al presente como un drogadicto que sólo es feliz en el relámpago de lo inmediato. Cuando uno no tiene memoria se transforma en nadie y cuando teme a su pasado se deja atrapar por su sombra”: Tomado del libro, Sálvate, la vida te espera”. No es de extrañar que algunos políticos corruptos, apunto de ser extraditados, la eleve al santoral. Y hasta le hagan un altar y le envían una carta al Comité que se encarga de la lista de los beatificados, testificando que, gracias a Resiliencia, se salvaron de la extradición.











