
Lamento la confusión anterior. Aquí tienes el texto completo extraído:
«A sus 70 años, Roberto ‘El Chino’ Sánchez padece un drama laboral: pasó de trabajar en un carro e’ mula a hacerlo con una carretilla.
Con siete décadas a cuestas, le es más dispendioso ganarse el pan para él y su familia. Desde hace ocho años tiene que emplear todas sus fuerzas para empujar una carretilla fabricada por él mismo. Queda molido después de empujar y empujar toda la jornada.
Hace ocho años cambió su forma de rebuscarse cuando unos ladrones le robaron su burro cholo, a quien ‘El Chino’ llamaba ‘El Príncipe’.
‘No soy reciclador -advierte ‘El Chino’ Sánchez-, me gano el sustento de mi familia prestando servicios, antes con mi carro e’ mula y ahora con la carreta, llevando materiales de construcción. Puedo asegurar que mi vida cambió negativamente cuando sucedió el robo de mi burro, por dos motivos: me redujo en un 70% mis ingresos, con el carro mula me ganaba diariamente un promedio de cincuenta mil pesos, ahora de vainas llego a 20 mil; y la parte de salud, porque a mi edad empujar esta carretilla, con estos soles caniculares, me agota muy rápido.
‘El Chino’ atiende especialmente a los clientes de la ferretería ‘El Triángulo’, que está ubicada en el barrio San Salvador. Su área de trabajo se amplía a los barrios La Floresta, Siape, San Marino y las Tres Ave Marías. ‘En cada trayecto debo descansar muchas veces al día y al hacer mucha fuerza me expongo a una hernia. Ya no puede hacer esas carreras largas’.
‘Mi mujer -continua narrando ‘El Chino’- me decía: ‘tu quieres más a ese burro que a mí’, porque yo lo tenía pechichón. Apenas que me levantaba, antes de hacer el tinto atendía a ‘El Príncipe’, le daba agua y una buena alimentación.
‘El Chino’ le variaba la comida a su burro. Una veces le daba zanahoria, otras melaza, arroz o hierba. Por esos cuidados le dio tan duro su pérdida. ‘Estuve varios días con depresión, era la base de mi trabajo, pero tuve que salir adelante y fabriqué una carretilla. Intuye que a «El Príncipe» se lo robaron para matarlo y vender la carne en el mercado público o fabricar salchicha. Estaba gordo y todo el mundo tenía que ver con él.
En el sector de Barranquilla donde trabaja, todos lo conocen. Tiene pinta de cubano, usa permanentemente cachucha y sus camisas son al estilo caribeño. Luego de cada ardua tarea regresa a su casa en Soledad 2.000, en la otra punta de la ciudad.
Como muchos hombres de la tercera edad en Barranquilla, ‘El Chino’ no pudo acceder a cotizar para disfrutar de una pensión. ‘No tengo otra alternativa sino continuar en la lucha del día a día. Tuve dos hijos, el varón vende agua en el Centro de Barranquilla y lo que se gana es para sus gastos personales; y la hembra vive con su marido. Cualquier día me encuentran muerto en la calle al lado de mi carretilla… los buenos soldados mueren de pie’.
A medida que avanza empujando la carretilla, su relato se va perdiendo en la necesidad de trabajar hoy. A cada paso recuerda a su burro, cuánto le vendría bien tenerlo de nuevo para no sufrir. Se despide y sigue, como lo hacen los ‘hombres de hierro’.»












Roberto es un verdadero hombre de hierro, de esos que pululan por las calles de Colombia.La radiografía que Francisco le hace en esa extraordinaria crónica es el reflejo de muchos que se ganan el pan, sin burro, y bien sudado…
Vil ladrón de ese jumento
caco de la ociosidad
armaste con tu maldad
para Roberto un tormento.
Anda flaco y macilento,
con su voluntad de fleje
y aunque carreta maneje
no le da para comprar
la grasa para acallar
los chillidos en el eje.
En solidaridad con las crónicas justicieras de Francisco Figueroa.
Pacho, a veces pienso, cuando se me aguan los ojos pensando en la «quejamenta» por cansancio de El Chino, sin un sobo de su mujer, porque aún debe seguir celosa, que esto huele a que en ese cuento hay pollina en el patio de alguno de sus amigos. Dile que busque a El Príncipe en los patios donde haya pollinas, a lo mejor se comprometió con una de ellas y le quitó sus aires de realeza y lo tiene como esclavo.
Si, en realidad es un verdadero hombre de hierro, a pesar de su edad, todavia saca fuerzas a diario para buscar el pan de cada dia, un ejemplo para aquellas personas que aun en su juventud, la desperdician en cada esquina de la ciudad buscando los malos caminos.
felicitaciones excelentes crónicas destacando el temple de personas de la tercera edad que camellan el dia a dia…