En un acto maravilloso, la zona industrial de la ciudad, llena de fábricas, oficinas, muelles, camiones y miles de obreros, se transformó en un río humano lleno de alegría desbordante. Santos llegó primero que la Reina.
Por Chachareros
Como en un acto de magia, el músculo que mueve la principal zona industrial de Barranquilla, se detuvo, se refrescó, y, en vez de irse a dormir, se enjaranó con la brisa loca que soplaba a lo largo y ancho de la Vía 40.
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¡Esos sí son bollos de verdad![/caption]
Aquello era un huracán de derroche y alegría, que se mezclaba de manera armónica con ese río humano que se movió y se pegó a la Vía 40, que se ha convertido por la fuerza de la necesidad en la arteria carnavalera más importante para vivir estas fiestas.
Por supuesto, hay otras opciones. Y todo parece indicar que la más adecuada sería la Avenida del Río cuando esté plenamente concluida. Entonces sí podrá denominarse un Cumbiódromo de cara al Río que nutre desde el comienzo de su historia, el Carnaval de Barranquilla, con todos los aires musicales, sus danzas, sus comparsas y disfraces.
Porque desde el Banco hacia acá, medio centenar de pueblos grandes, medianos y pequeños mantienen viva la llama de su música ancestral. El bullerengue, el pajarito, el fandango, la cumbia, las faraotas, los coyongos, y un sinfín de expresiones folclóricas que enriquecen el Carnaval sin que mucha gente lo sepa o no han querido darse cuenta.
Lo espléndido de todo esto es el sincritismo que confluye en el Carnaval de Barranquilla con la presencia de múltiples culturas de la Costa Caribe colombiana. Por eso el evento inaugural, la Batalla de Flores, concentra el mayor número de espectadores, que desde tempranas horas, visitantes confundidos con el pueblo barranquillero, invaden las calles, se ubican en los palcos y en los bordillos, olvidándose del calor y el sol.
Es justo reconocer el orden, en medio del lógico desorden que es un Carnaval, que ha logrado imponer la junta directiva liderada por la dama de hierro local Carla Celia Martínez-Aparicio. Todo se hace con puntualidad. Como ocurrió este sábado. A las 12:45 de la tarde se dio la orden de partida de la Batalla de Flores. Lo primero que se impuso fue el respeto establecido por la junta del Carnaval.
Un poco más de la una de la tarde arribó al Cumbiódromo de la Vía 40 el presidente de la República Juan Manuel Santos, acompañado de su esposa María Clemencia de Santos. En el lugar, muy puntual, ya estaba el vicepresidente Germán Vargas Lleras y algunas ministras como la de Comercio, Cecilia Álvarez, y de Transportes, Natalia Abello, que tuvieron como anfitriones a la alcaldesa de la ciudad Elsa Noguera y al gobernador José Antonio Segebre.
«La paz empieza por Barranquilla porque esta es la capital de la alegría», le dijo Santos a Elsa Noguera, según contó la mandataria, a través de su cuenta de Twitter. Poco después de las dos de la tarde, se anunció la llegada de la Reina del Carnaval, Cristina Felfle, con su comitiva y la comparsa que la acompaña en el recorrido Los Gorilas. Y desde su carroza, ‘Diosa de la Fantasía”, Cristy saludó a sus súbditos de la alegría.
Y mientras todo rodaba como un relojito suizo en la Vía 40, paralelamente cientos de carnavaleros se gozaban de lo lindo el Carnaval de la 44 y el desfile de la 17, que empezó un poco más tarde. En ambos espacios se pudo apreciar la creatividad de los participantes, pues hasta ‘Silvia Gette’ se hizo presente.
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Todo el colorido de la Batalla de Flores. (Fotos cortesía El Heraldo).[/caption]
Como es obvio, se trató de la tradicional «mamadera de gallo» que caracteriza a los curramberos por esta época. Otra de las caracterizaciones que llamó la atención del público fue el Chikunguña, al que persiguieron con una vacuna de tamaño monumental.
Otro disfraz del mismo tenor fue el de ‘una reina’ famélica, huesuda, con los cabellos grasosos, y con una banda en la cual se leía: «Soy la Miss Universo después del chikunguña», y en la espalda llevaba adherida al cuerpo una foto de Paulina Vega Dieppa con toda su belleza y esplendor.]]>











