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La firmatón de los candidatos en Colombia

Los partidos son ya casi historia del pasado. Una humillante situación inédita en la política nacional. Un peligro para cualquier democracia. 

Por Rafael Sarmiento Coley

No será la primera ni la última vez que la democracia colombiana se vea estremecida por las peloteras políticas, ya no entre los partidos – que yacen  moribundos—sino entre “grupos de ciudadanos” que andan desesperados y ya agresivos  recogiendo firmas para sus respectivos candidatos presidenciales que, por cierto, esta vez superaron todas las marcas…hay casi medio centenar ya en la plaza pública, más otros que están a la espera de que muchos de los actuales protagonistas terminen boyando en las tarullas de Puerto Mocho, para ellos saltar a la palestra.

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Aunque algunos de ellos ya no están en la contienda (caso Óscar Iván Zuluaga ‘pringado’ por Odebrechet, y Roy Barreras por desnutrición de la U), este estupendo mosaico que preparó y publicó la revista Semana hace meses es un buen reflejo de cómo está de enredada la política colombiana.

Quién lo creyera. Germán Vargas Lleras, nieto del ilustre caudillo liberal Carlos Lleras Restrepo y de todo un árbol genealógico rojo, primero decide crear su propio partido, Cambio Radical. Pero quien sufre el ‘cambio radical’ es él, cuando decide dejar en el aire su propio invento político para irse por la calle de en medio recogiendo firmas como cualquier hijo de vecino. ¡Políticamente incorrecto!

Quién podría creer que expresidentes liberales como César Gaviria y Ernesto Samper Pizano – por sendas separadas, como siempre–, también respalden a respectivos aspirantes a la presidencia que han despreciado los históricos partidos Liberal y Conservador para acudir a la figura Constitucional de “grupo representativo de ciudadanos”, que en lenguaje popular significa ‘irse por la más fácil, recoger firmas’ para inscribir de manera legal su candidatura ante la Organización Nacional Electoral.

En el liberalismo el asunto es que el expresidente Cesar Gaviria no quiere la presidencia de la Dirección Nacional del Partido Liberal (DNL). Pero tampoco quiere estar lejos de ella. Juan Manuel Galán propone una consulta interna para escoger candidato único. ¿Quiénes serían sus competidores? Bueno, ahí están Humberto De la Calle y el exministro del Interior Juan Fernando Cristo. Lo que están buscando es el mecanismo adecuado para seleccionar a ese candidato único por el Partido Liberal. Aún así tendría que buscar alianza, porque solos, ninguno de los tres queda con aire para la segunda vuelta.

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El exvicepresidente Germán Vargas Lleras dejó tirado a su propio’hijo’ el partido Cambio Radical, para salir a recoger firmas.

El exministro del Interior, Juan Fernando Cristo, está, desde cuando dejó la Casa de Nariño, desesperado para declararse candidato único del Partido Liberal, pero no tiene consenso dentro del sector que sobrevive alrededor de la otrora poderosa Dirección Nacional Liberal (DNL).

Entre tanto la situación del Partido de la U, fundado por Álvaro Uribe y heredado por Juan Manuel Santos, no se levanta ni con viagra. Mejor dicho, es un cadáver insepulto. Y muerto ese Partido, se acaba el combate Uribe vs. Santos. Ya esa pelea tonta no tiene razón de ser. Ha perdido todo interés.

Nadie responde

El asunto de la hemorragia de candidaturas que aspiran inscribirse con firmas no es de poca monta. Tiene el gravísimo inconveniente de que es un mecanismo para burlar la responsabilidad que le cabe a los Partidos y Movimientos Políticos de responder por los actos de los avalados por esos sectores que gozan de personería jurídica y canonjías abundantes del Estado.

Además –y esto es lo más grave—el facilismo de acudir a la recolección de firmas es con el macabro propósito de quitarse el lastre de la corrupción y desgaste de los partidos.

19 sept Robledo, López y Fajardo - copia

La nueva alianza denominada ‘Coalición Colombia’, con los actores principales Jorge Enrique Robledo, Claudia López y Sergio Fajardo.

Ello obliga de manera desesperada a buscar alianzas algunas razonables, otras insólitas. Como la que acaba de surgir entre Jorge Enrique Robledo (Polo Democrático),  Claudia López (Alianza Verde) y Sergio Fajardo (Compromiso Ciudadano).

Han denominado su sociedad política ‘Coalición Colombia’ y están dispuestos a recibir a más asociados porque el “tren es grande, ¡entren que caben cien!”.

Coalición Colombia tiene propósitos muy definidos y ambiciones descomunales. Aspiran llevar listas abiertas o cerradas (se definirá por consenso) a Senado y Cámara de Representantes en todas las regiones.

Y, más adelante, en las elecciones locales de Gobernadores, Diputados, Alcaldes, Concejales y Ediles, participarán con listas y candidatos propios. Así que el asunto es en serio.

Una de las más interesadas en consolidar esta alianza es Claudia López, pues aunque ya la Alianza Verde la había escogido a ella como candidata presidencial y a Navarro Wolf como cabeza de lista a Senado, sabía que ella sola no pasaba a la segunda vuelta ni si se disfraza de marimonda. De tal manera que era consciente de la necesidad de buscar alianzas para mantener viva la esperanza de romper la historia política de este país de tener de Presidente a una Dama de Pelo en Pecho. Con otro antecedente histórico, llegaría con su primera dama muy especial, su compañera sentimental y actual Representante a la Cámara Angélica Lozano.

En medio de toda esta pelotera, Gustavo Petro, el exalcalde de Bogotá, sigue marcando bien en las encuestas. En cambio el ex procurador Alejandro Ordóñez, conservador, quien decidió irse con un costeño como compañero de fórmula (el economista barranquillero aspirante a la vicepresidencia David Name Orozco, de un movimiento Cristiano), no sube nada en ninguna de esas mediciones.

Martha Lucía Ramírez iba por lo que queda del Partido Conservador. A última hora se salió de las toldas azules y empezó también a recoger firmas. La exministra de Trabajo Clara López Obregón renunció al Polo y está en las mismas: con un morral al hombro recogiendo firmas como se hace con el café en tiempo de cosecha.

El dilema de Uribe

Alejandro Char, Uribe y Carlos Meises

El trío de oro del uribismo, los senadores Jaime Amín e Iván Duque. A la izquierda, el alcalde Alejanro Char, el senador Álvaro Gómez y el conccejal Carlos Meisel.

Desde hace varias semanas el expresidente de la República y actual senador Álvaro Uribe Vélez anda con un tremendo dolor de cabeza, corriendo para aquí, devolviéndose para allá. Se reúne en privado con Fuad Char, jefe máximo de la poderosa casa Char aparente fortín del vargallerismo costeño. Tiene citas con su antiguo archienemigo el expresidente conservador Andrés Pastrana Arango, y no encuentra ‘el remedio para su dolor de cabeza’, surgido a raíz de que su candidato fijo, Óscar Iván Zuluaga, está incluido en la larga lista de enmermelados por la multinacional brasilera Odebrecht.

Y ahora tiene que decidir entre la sincelejana (de la Casa Guerra Tulena fundada por su padre José Guerra Tulena), María del Rosario Guerra De la Espriella; Paloma Valencia (caucana, de la antigua Casa Valencia del exxpresidente Guillermo León Valencia, hijo del afamado poeta del mismo nombre); Carlos Holmes Trujillo (vallecaucano, de la Casa Política fundada por su difunto padre Carlos Holmes), Rafael Nieto e Iván Duque, este último, una figura promisoria de la política nacional.

Juan Carlos Pinzón está como esos bateadores que con un pelotazo de lástima llegan a primera y no hay un compañero que logre sacarlo de esa almohadilla. Lo cual es una lástima, porque es un hombre de reconocida experiencia en el sector público y privado.

No repetir la historia

De todas maneras numerosos analistas consultados están preocupados porque la crisis de los partidos es la antesala de gobiernos totalitarios y populistas.

César Lorduy, abogado, consultor empresarial y actual candidato a la Cámara por el charismo bajo las toldas de Cambio Radical, considera que “la democracia colombiana requiere de una cirugía profunda y urgente, para que recupere su categoría plena en el ámbito Suramericano”.

Y hay quienes como el experto analistas nacional e internacional y periodista Moisés Pineda Salazar, consideran que la corrupción le ha causado demasiado daño a la democracia colombiana. “Es que la corrupción acaba con la vida política sana de cualquier país”.

El ejemplo a la mano es Venezuela. Durante casi medio siglo los partidos Acción Democrática (Adeco) y Socialcristiano (Copei), se repartieron el poder, alternándose en el Palacio de Miraflores.

Se durmieron sobre sus laureles, recibiendo a manos llenas los dólares de la riqueza inmensa del petróleo, acostumbraron a buena parte del pueblo al clientelismo, con inmensos sectores mantenidos como zánganos por el Estado. Y por debajo una corrupción creciente que, como un cáncer, carcomió la democracia venezolana.

Los dos partidos no se dieron cuenta del duro golpe que les tenía preparado el destino por su torpeza en el manejo de la política venezolana. El golpe fue mortal. Les estalló la crisis en las manos y ellos dormían la larga siesta diaria. Primero fue el fallido golpe de Estado del entonces coronel del ejército Hugo Chávez Frías. Dominado y encarcelado, pronto salió a las calles a hacer proselitismo, hasta imponerse por amplio margen al candidato de Adeco, Carlos Andrés Pérez, quien junto con el copeyano Rafael Caldera, dominaron el escenario político de Venezuela en los últimos 40 años del siglo pasado. Hasta cuando a partir de 1992 la historia les cobró caro su ceguera política. No más Copei ni más Adeco. Se instauró la fuerza política mesiánica y perversa de Hugo Chávez Frías. La V República Bolivariana de Venezuela, en extremo peor que el Copei y Adeco, por lo brutal, sanguinaria y despótica.

Dos casos para recordar

Colombia, a pesar de todo, se mantiene como la Democracia más sólida de América Latina. Más no debe descuidarse. Hay sombras muy oscuras que amenazan seriamente esa tradición política histórica.

Claro que estos avatares, estas luchas intestinas son connaturales con Colombia. Estos bandazos hacen parte del cordón umbilical de la Patria, según historiadores consumados como el viejo Álvaro Alvarado y el Constituyente de 1991 Héctor Pineda Salazar.

A penas 9 años después de haber conquistado Colombia su independencia total del imperio español (20 de julio de 1819), se produjo el gran atentado contra la primera gran figura de la República, el general Simón Bolívar, nadie menos que el Libertador.  Fue la célebre ‘Noche septembrina’ en la cual unos 30 mercenarios pagados por Francisco de Paula Santander y sus camarillas de la rancia sociedad aristocrática bogotana, fue a la casa presidencial a matar al Presidente en ejercicio.

Por fortuna en esos días había regresado de Quito, su tierra natal, la compañera sentimental de Bolívar, la patriota y esbelta Manuelita Saenz. Ella dormía esa noche con el Libertador. Cuando se sintió el ruido de los sables y bayonetas que mataron a los pobres guardias adormitados por el frío bogotano de la media noche, Bolívar buscó su revólver y su sable, con la intención de enfrentar a los asaltantes. Manuelita, con voz firme, le sugirió que mejor saltara por el balcón, que ella se las vería con los asaltantes. Cuando ellos llegaron y con par patadas abrieron las puertas de la alcoba nupcial, se encontraron con el cuerpo escultural de Manuelita Saenz tal como Dios la trajo al mundo, llena de gracia, belleza, donaire y carácter. “¡¿Dónde está el Libertador?!”, preguntaron a gritos en coro. Ella, serena, pausada y con un sutil movimiento de manos, respondió. “No sé. No ha llegado. Como ven, yo lo estoy esperando ansiosa”.

La vergüenza corrió por el rostro de los intrusos como gotas de sudor o lágrimas y se fueron de inmediato de la casa asaltada, humillados por la vergüenza de ver el cuerpo desnudo de una mujer de una hermosura atrayente e hipnotizadora.

El otro antecedente histórico es el famoso Registro de Padilla que cambió la historia del país con la reelección del candidato conservador Rafael Reyes en el año 1904 con lo cual afincó la hegemonía del Partido Conservador durante los próximos 30 años.

En aquella época el Presidente no se elegía en forma directa sino mediante democracia representativa. El pueblo iba a las urnas y elegía un determinado número de representantes por el candidato de sus simpatías dentro de su respectivo partido. Riohacha ostentaba la cabecera de la llamada Provincia de Padilla, que concentraba los votos de nueve poblaciones. Todos los registros llegaban a las manos del capo mayor de la política de la Provincia, Juancho Iguarán. Las elecciones fueron el 7 de diciembre de 1903. El 2 de febrero se reunieron en las ciudades capitales y provinciales para escoger presidente y vicepresidente y firmar un Registro, que se enviaba a Bogotá.

Para efectos de la reunión de delegados elegidos con derecho a votar en segunda instancia por la fórmula presidencial de sus simpatías, el jefe político más importante de la Provincia de Padilla, el conservador Juancho Iguarán invitó a su casa a todos los delegados, y los atendió a cuerpo de rey con abundante whisky y tortuga guisada y friché de chivo. Todos los delegados, ebrios, se desgastaban en elogios para el anfitrión. Cuando ya los vio bien borrachos, los puso a firmar en blanco.

Al día siguiente Juancho tuvo que viajar de emergencia a Barranquilla al sepelio de un influyente pariente suyo. Caminaba hacia el cementerio en compañía del barranquillero Marquez de Mier, hablando del tema del día. La política. “¿Cómo te fue a ti allá en la Provincia, Juancho?”. “¡Muy bien!”, respondió.

“Por cierto que aquí me traje en el bolsillo de la chaqueta el Registro firmado en blanco por todos los delegados, para que yo, en mi libre albedrío ponga el nombre del candidato presidencial que quiera”, agregó.

A De Mier casi le da un infarto de la alegría, pues sabía que su compadre José Francisco Insignares, responsable político de la candidatura de Rafael Reyes en la Costa Caribe, no había podido dormir porque su candidato perdía por un margen estrecho frente al cartagenero Joaquín Francisco Vélez.

No bien terminó el sepelio se fue a casa de su compadre, quien de inmediato convocó a una francachela en su casa “para homenajear” al patricio conservador de la Provincia de Padilla, Juanchito Iguarán, quien nos honra con su presencia en Barranquilla”. Mujeres lindas le servían whisky tras whisky  a Juanchito. Fiambres de todos los olores y sabores servidos por las propias bellas damas olorosas a perfumes de París.

Cuando calcularon que Juanchito estaba con la ‘juma de ayer’, rodeado de rostros encantadores, se acercaron el anfitrión y sus más cercanos contertulios a pedirle el ‘favorcito’ que pusiera el Registro de Padilla a nombre del boyacense Rafael Reyes, quien así ganó la presidencia a Vélez  con 994 votos. Triunfó por un voto. 994 contra 993. Y el ganador de la vicepresidencia, general Ramón González Valencia obtuvo 1.709.

Vélez no se dio por vencido. Demandó el proceso. Se comprobó el fraude con el Registro de Padilla firmado en blanco por una pandilla de borrachos, y entregado a mansalva por un Juanchito Iguarán borracho, ‘jincho’ de viandas especiales, aturdido por las lindas damas que lo  atendieron en una noche de ensueño, y con la barriga a reventar con tantos manjares.

Con esa rápida mirada a la historia de la vida política colombiana, es bueno advertir que, como decía López Michelsen, ‘el palo no está para cucharas’, y ya es hora de que los electores no traguen entero dejándose atraer por cantos de sirena. En el abanico de candidatos merodean animales de todas las especies políticas: populistas deslenguados, déspotas agazapados, totalitarios disfrazados, ultraderechistas dogmáticos, la ultraizquierda traicionera, propuestas de modelos de gobiernos autoritarios ya pasados de moda. Desde luego, hay candidaturas de centro-derecha y de centro-izquierda. Hay candidatos con catadura moral que garantizan la defensa de los principios democráticos y de una economía sana, sin tanta corrupción ni bandazos.

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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