Esthercita Forero referente histórico de Barranquilla, por el legado más alegre que una ciudadana le ha podido dejar a su pueblo barranquillero.
Por: Gerson De Jesús Brugés González– chacharero
Al llegar la famosa fecha del viernes de Guacherna, fecha especial para muchos por ser una noche llena de música y alegría, nos da nostalgia tener que recordar que “Esthercita Forero”, como muchos la llamaban, no se encuentra con nosotros. Las generaciones que pudieron apreciarla en su jets rodando por la carrera 44, nunca olvidarán la entrañable y noble mirada de una viejecita de 91 años que llevó a nivel internacional la mejor representación de nuestra música folclórica.
Hace cuatro años no nos acompaña en el apoteósico desfile nocturno quien fue pionera, en 1974, del rescate de una tradición tan metida en las entrañas del barranquillero como La Guacherna. Y esa tradición estaba perdida, tal vez por flojera de los entonces orientadores de los carnavales. Con todo lo cambambera que era la connotada compositora y cantante barranquillera, se propuso revivir el desfile nocturno alegrado con cumbiambas y tamboras e iluminado con faroles de colores, y fue así como se realizó la primera Guacherna.
Esthercita empezó a cantar desde los cuatro años de edad en las tertulias familiares y teatros de Barranquilla. A los catorce años debutó en la emisora «La Voz de Barranquilla», cuatro años más tarde realizó giras por todo el territorio colombiano.
Esthercita fue un ídolo en la recuperación de la música y en salvaguardar la cultural y darle valor al sentimiento de instrumentos del Caribe Colombiano, en la época de 1940, en el interior del país los bogotanos no conocían la música del Caribe, en sus bailes solo se escuchaba netamente música española.
Gracias a Walter Carroll, propietario de un famoso laboratorio de esa época, Esthercita pudo viajar por el país en barcos por el Río Magdalena y en carriles de trenes en el camino pudo participar en programas radiales en las emisoras donde aprovechaba la oportunidad para cantar. Sus grandes maestros, fueron Rafael Hernández, compositor puertorriqueño de boleros y Jorge Artel periodista y poeta cartagenero. Hernández compuso especialmente el bolero ‘Como todas’. Y del poeta Artel es bueno recordar que eran unas relaciones tormentosas, hasta el punto de que se fueron a vivir a Panamá, y el poeta la mantenía encerrada con llave mientras él se iba a sus recitales que eran un absoluto fracaso económico.
Hacia 1950 grabó con el compositor puertorriqueño Rafael Hernández discos de gran suceso en Puerto Rico, lo cual contribuyó a que la música colombiana se abriera paso entre las otras expresiones populares del Caribe.
Cuba fue el país donde más le costó a la novia de Barranquilla poder compartir su música con los habitantes. Esthercita contó en una entrevista el 15 de Julio del 2005, que no tuvo mucho apoyo, tomó lugar en un programa de televisión, donde comparaban su música, al momento de defenderla la cortaban del programa, ella expresa que sufrió mucho en ese país.
Éxito internacional
En 1942 realizó su primera gira al exterior; estuvo en Panamá, donde actuó con éxito en Radio Estrella de Panamá, con acompañamiento del pianista y compositor Avelino Muñoz. En 1945 fue a Venezuela donde dio a conocer por primera vez la música costeña. Luego se dirigió a Santo Domingo, República Dominicana, país en el que escribe su primera canción «Santo Domingo» la cual llegó a convertirse en el segundo himno de República Dominicana.
En Cuba actuó con la orquesta de Pancho Portuondo, en 1952 siguió a Nueva York, en donde son ampliamente conocidas sus canciones y empieza a grabar con el conocido pianista y compositor René Touzett. Esther Forero fue un ícono del folclor colombiano y especialmente del Carnaval de Barranquilla, del que fundó el desfile nocturno La Guacherna en 1974.
Volvió Juanita
Esther Forero regresa a Colombia en 1959, después de diez años de estar divulgando nuestra música en el exterior. Desde entonces, estuvo grabando su música con orquestas como la de Pacho Galán, Nuncira Machado, Aníbal Velásquez, Clímaco Sarmiento, entre otras, con cantantes de la categoría de Gabriel Romero, Joe Arroyo y Alfredo Gutiérrez.
En 1975 grabó en Barranquilla el disco «Érase una vez en La Arenosa», bajo la batuta del maestro Pedro «Pete» Vicentini y acompañada por el cantante Alcibíades «Alci» Acosta. Este disco narra la historia de Barranquilla en canciones, y ha sido hondamente apreciado por todos los barranquilleros.
A lo largo de su vida recibió homenajes por parte de las colonias latinoamericanas. Recibió innumerables reconocimientos, medallas, pergaminos, placas y trofeos, resaltando en forma merecida su labor que ha desarrollado a lo largo de su existencia como embajadora de la música colombiana ante el mundo, en consecuencia, la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia la condecoró con la «Orden de Santa Cecilia».
En 1998 el Ministerio de Cultura de Colombia le otorgó el título Emérito 1998 «Por su indiscutible aporte a la música colombiana ante el mundo, por su dedicada labor y por haber sido vocera de los más positivos valores de nuestra cultura del mundo». Recientemente la Honorable Cámara de Representantes le concedió la Orden «Policarpa Salavarrieta», con el grado de Comendador.
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