Hay funcionarios que llegan a un cargo y pasan sin dejar una huella. Juan José no es uno de esos. Es todo lo contrario, está dejando demasiadas huellas porque es un adicto al trabajo.
Rafael Sarmiento Coley
Juan José Jaramillo ha llegado al cargo preciso para él, porque se siente como pez en el agua; el puesto para un hombre sencillo, afable, con una amplia cultura y la ventaja de una experiencia de exitoso empresario privado y dinámico Concejal de Barranquilla.
Como Secretario de Cultura Distrital está dejando huellas. Ha trasformado todas las estructuras de la institución. Le ha dado a la entidad altura y la categoría que merece esa Secretaría. Le ha devuelto la dignidad a teatreros, artistas plásticos, grupos de danzas, comparsas, cumbiambas y letanías.
Lo más importante de toda esa revolución cultural distrital es que presentó, como su hoja de ruta, el proyecto denominado Bolsa de Estímulos. Un programa ambicioso, que abría muchas puertas y ventanas a todo cuanto tenía que ver con la cultura en Barranquilla.
Lo presentó en consejo de Gobierno. Al alcalde Alejandro Char le pareció fabuloso. Tras analizarlo bien, hizo la pregunta del millón: “¡Ajá, ¿Y los jóvenes que no tienen grupos organizados ni una rutina artística, en dónde aparecen aquí, cómo hacen para entrar a esa Bolsa?”.
Se rompió la Bolsa
Delegación que representó al Carnaval de Barranquilla en Buenos Aires con esa juventud alegre del Caribe colombiano.
Ciertamente, como decía el expresidente César Gaviria, en el proyecto faltaba ese ‘detallito’, que de inmediato fue corregido y la Bolsa de Estímulos se rompió. Quedó abierta para todo el mundo, en especial para los jóvenes barranquilleros deseosos de desarrollar alguna actividad artística. Sacar a flote ese talento innato que hay en tantos jóvenes, que por falta de oportunidades –como dicha Bolsa de Estímulos sin talanqueras para quienes no cuentan con una organización que los respalde–, se pierden en otros oficios que no es lo suyo y, por tanto, no sacan todo su potencial talentoso.
Ese modelo de fomentar la cultura sin obstáculos para la juventud y con un apoyo real y oportuno, ya ha dado inmensos y gratos frutos. Dos jóvenes artistas plásticos disfrutaron de los aplausos callejeros durante su arte en las avenidas de los musicantes en la ciudad francesa de Lyons, aquella en donde el tenebroso José Fuche sembró el terror en la denominada “Noche de los cuchillos” con miles de asesinatos”. En la era de la posrevolución ya bajo el mandato de Napoleón Bonaparte.
Los dos jóvenes barranquilleros regresaron llenos de dicha y felicidad. Habían pisado las históricas calles de Lyons y, lo mejor, sus dibujos atrajeron miradas de honorable admiración de parte de un público que se quedaba mudo, preguntándose “¿De dónde viene esto?”. Los dos jóvenes regresaron henchidos de emoción: habían pisado la gloria.
Mi Buenos Aires querido
“Nosotros acabamos de presentar un maravilloso espectáculo de Carnaval en Buenos Aires. Un grupo de puros jóvenes que dejaron muy en alto lo que es el Carnaval barranquillero. Luego participamos en un concurso y ganamos el derecho de asistir a un evento mayor en Orlando, Florida. En realidad Barranquilla tiene una excelente materia prima. Una fuerza creativa para todas las artes. Y solo requieren de una organización que los oriente para organizar sus propias empresas emprendedoras”, afirma Jaramillo.
Esta estimulante experiencia en Barranquilla encaja de manera perfecta en la teoría mundial de la Economía Naranja. El empoderamiento de una nueva generación que se la juegue con servicios en el mundo digital; en los servicios personales de alta calidad; en el emprendimiento con toda la variedad de propuestas del entretenimiento. Y, en verdad, el Carnaval de Barranquilla en sí encaja de manera perfecta en el concepto de la Economía Naranja, que le genera a la ciudad miles de millones de ganancias.

Juan José Jaramillo en su conferencia en el Foromic, en donde expuso la importancia de las expresiones culturales como elementos de inclusión social.
Es en la única parte del país en donde esa enorme rentabilidad económica no queda en manos de Luis Carlos Sarmiento Angulo o de Cerveza Águila. Claro que Águila se lleva la mayor parte con su monopolio, su amañado rótulo de “bebida no embriagante” y su absoluto desprecio por el arte, la cultura y los medios de comunicación barranquilleros. A pesar de eso, y por encima de ello, el Carnaval deja sus buenos pesos a cañaemilleros, tamboreros, danzantes, fabricantes de máscaras, vestuarios, carrozas, los clásicos personajes que se disfrazan, los vendedores de cerveza ”helada” bajo el sol canicular, los butifarreros, las fritangueras, y en general todo ese mundo informal que se adueña de las calles en Carnaval. Día y noche. Porque también rodean las casetas y discotecas de más renombre. Todos ganan. Es una fiesta en donde se cumple el sueño de la democratización de la economía de bolsillo.
Gracias a Dios Barranquilla cuenta con una dinámica, eficiente y moderna Secretaría Distrital de Cultura, que en manos de Juan José Jaramillo ha sufrido un cambio extremo. Es el propio ejemplo del adicto al trabajo, pero, eso sí, el tiempo para Maricel y sus tres hijos es intocable. Familia es familia.











