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Jorge Drexler y la rueda de cumbia

El cantante es reconocido en el mundo por su premio Oscar a mejor canción en el año 2005. Pero en Barranquilla acaba de dejar su huella por bajar la luna, bailar con ella en La Cueva y en la rueda de cumbia.

Por Jorge Mario Sarmiento Figueroa – Editor General

Alejo Durán.

Alejo Durán.

Jorge Drexler recuerda que, siendo un joven estudiante de Medicina en Montevideo, Uruguay, su abuelo le regaló un cassette que de un lado traía la música de Alejo Durán y del otro la del Binomio de Oro. Su abuelo era de origen alemán, se casó en primeras nupcias con una uruguaya y recorrió con ella varios países de América Latina trabajando para la Unesco. Por casualidad de la vida su esposa murió en Colombia durante uno de los viajes. En Manizales se quedó a vivir el hombre y se casó de nuevo. Por eso conoció la música colombiana, de la que sintió preferencia por el vallenato, que tenía el mismo corazón arrugado del acordeón que inventaron sus ancestros alemanes.

A su regreso a Uruguay le llevó al nieto aquel cassette, que Jorge Drexler convirtió en el «prendefiestas» de sus fines de semana. Los amigos, y en especial las amigas, quedaban sorprendidas con el mundo de rumba que traía Drexler con su música. «Y ese es mi primer contacto con Colombia y con su Costa Caribe», dijo en el teatro Amira De la Rosa ahora que vino a presentarse durante el Carnaval de las Artes.

Jorge Drexler.

Jorge Drexler.

Ha pasado media vida desde ese recuerdo del cassette que le regaló su abuelo. En aquel entonces la música era algo parecido a un pasatiempo para conquistar chicas. Pero poco a poco fue mirando con seriedad esa pasión que sentía y que lo obligaba a implorar que se acabara cada semana de universidad para ir a tocar su guitarra a los bares. A los 30 años había pagado de su bolsillo la edición de dos discos y no sabía si llegaría algún día a vivir de su musa. Pero lo decidió. Y el universo al que tanto usa en sus metáforas, le cumplió.

«Crecí en el ambiente nacional de la dictadura. Y mi familia era de izquierda, radicales de pensamiento. Solo pensaban en la lucha. No les gustaba bailar. Pensaban que había cosas más importantes que bailar. Yo pensaba distinto. Y hoy les digo: no hay nada más importante que bailar».

Jorge Drexler junto a los músicos colombianos Lili Saumeth y Mario Galeano, con quienes trabajó en su reciente disco.

Jorge Drexler junto a los músicos colombianos Lili Saumeth y Mario Galeano, con quienes trabajó en su reciente disco.

Palabras premonitorias del músico, que acaba de presentar en Barranquilla, como a pedir de bocas para Heriberto Fiorillo (director de la Fundación La Cueva, en Barranquilla), su nuevo trabajo discográfico titulado ‘A bailar en la cueva’. En ese trabajo hay una canción homónima hecha a dúo con la joven cantaora samaria Lili Saumeth, estrella de Bomba Stereo. La noche del Amira De la Rosa la interpretaron juntos, Drexler sentado con su guitarra, a veces sacaba valentía para dar tropiezos de baile; Saumeth con un tumbao de rock verbenero y su portentosa voz de bullerengue.

Jorge Drexler interpretando su música en La Cueva.

Jorge Drexler interpretando su música en La Cueva.

En su corta estadía, Drexler se metió de lleno a este lado del río, en el corazón de Barranquilla, y cantó y cantó tantas veces como pudo. Lo hizo en el Amira, lo hizo en La Cueva (junto a su amigo Pala, cantautor paisa; y Roberto Camargo, músico y presentador del evento).

Y bailó y bailó y terminó metido en la rueda de cumbia del barrio Abajo, algo que muchos barranquilleros no han tenido la oportunidad de vivir y que es medalla obligada para toda aquel que quiera ponerse las charreteras de ser el más carnavalero. En medio del jolgorio Drexler se transformó, todo se transforma, tuvo el placer de bajarse de la luna a la que él mismo subió a sus fanáticos en el Amira por la obra y gracia de su poesía cantada. Allá abajo, en la rueda de cumbia, vivió el pálpito del Carnaval.

Jorge Drexler y una reina popular del Carnaval, en plena rueda de cumbia.

Jorge Drexler y una reina popular del Carnaval, en plena rueda de cumbia.

Y al haberlo vivido tomó forma bruta la academia de sus palabras: «Vengo a aprender de la fuerza cultural de Barranquilla». Menos mal no se quedó en el galanteo de las corbatas y decidió partir hacia el otro lado del río que es el barrio Abajo, el mejor lugar de esta ciudad carnavalera donde se puede decir que se forman los bailes en la cueva.

Sobre el autor

Practicante del periodismo desde niño, comunicador de profesión, artista por vocación. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3185062634
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