Por Rafael Castillo Torres*
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Rafael Castillo*[/caption]
El haber sacado a Dios, nos arrastró hacia una “liberación” de los imperativos morales. No me refiero al rechazo a las normas sino al vacío ético que lo regula todo.
Lo que vemos por todos lados es la manera subjetiva como cada quien se sitúa frente a la moral y lo que es peor, no falta quien sienta que una norma moral es un claro atentado contra su libertad: “Yo sé comportarme y nadie me puede exigir que lo haga de manera distinta a como yo pienso y me da la gana”.
Funcionamos como por inercia. Palabras como amor, justicia, verdad, respeto al otro, y solidaridad, están gastadas. Hace rato fueron sustituidas, en la práctica, por los intereses de cada uno. Lo único que parece contar es el propio provecho y el placer.
Todos tenemos que preguntarnos muy seriamente qué modelo de sociedad queremos y qué lugar debemos ocupar, mi familia y yo, en ese modelo de sociedad. Colombia no se hace sólo con medidas legales, planes económicos y “leyes de financiamiento”. Necesitamos un sistema de valores, un ethos, asumido socialmente como elemento básico de nuestra cultura; ethos que observamos inconscientemente y transmitimos espontáneamente. De lo contrario, ¿para qué queremos construir juntos una sociedad donde vamos a ser cada vez menos humanos?
Debemos reaccionar, reconociendo la ceguera que vive la Nación, lo cual sólo será posible si cada uno es capaz de poner luz en su propia conciencia. Ello no es nada distinto a descubrir de nuevo la importancia de los valores éticos y recuperar colectivamente el sentido del comportamiento moral y la verdad última del ser humano: Dios.











