Hace mucho tiempo el jogo bonito se le perdió a los brasileros. No lo encontraron contra Venezuela, pero toca darles las gracias por ayudarnos a clasificar.
Por César Giraldo
Mi padre se sentaba frente al viejo televisor Challenger a ver fútbol, cuando en nuestro país el fútbol se veía en blanco y negro y los televisores no tenían más de tres botones: el de encendido y volumen, pasar canales nacionales y un tercero inútil que sintonizaba los canales UHV y otras siglas. Sistemas que nuestra incipiente televisión no manejaba. Las antenas aéreas se movían para mejorar la imagen. Siempre apuntando a los cerros, donde estaban las repetidoras de Inravisión.
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Zico, el 10 de Brasil en 1982.[/caption]
Corría el año 1982, tenía tan solo 6 años y veía cómo mi padre lloraba porque el vetusto y sucio catenaccio italiano le ganaba al juego lírico de Brasil. Equipo que contaba entre sus filas con Sócrates, Zico, Dirceu, Edher, Falcao (el original), Toninho Cerezo, Junior (quizá el mejor lateral que vi en mi vida después de Roberto Carlos), lo completaba un gigante torpe goleador que chillaba entre tanta magia, Serginho Chulapa. Por su culpa Brasil botó goles que le hubieran dado la vuelta al juego y Brasil seguramente tendría el sexto campeonato, pero ganó la fealdad de una Italia que tan solo contaba con Paolo Rossi como baluarte del buen juego, el resto eran una cantidad de atletas sin técnica pero con táctica.
Mi papá lanzó una profecía que hoy cuando la recuerdo me estremece: “Esta va a ser la última selección con mística y la magia verdadera del Scratch”…si hoy viviera mi padre, quizá el hincha más furibundo de la época en que Brasil era Latinoamérica en el mundial, me la recordaría cada vez. Qué razón tenías viejo loco, donde estés espero que no te rías diciéndole a los ángeles, lo sabía. Cuatro años después esa misma generación volvió a ser eliminada en un partidazo frente a la Francia de Platini, por lo menos esta vez perdió Brasil pero ganó el fútbol. Después la canarinha se sumió en el oscurantismo de resultados, el fútbol cambió drásticamente, los equipos empezaron a promover el juego atlético, pocos jugadores para resaltar, porque la mayoría eran fuertes, grandes y eficaces.
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Maradona enseñó a bailar a los ingleses en 1986.[/caption]
Maradona era la antítesis, pequeño, regordete pero con la magia del potrero, del pobre latinoamericano castigado por las dictaduras, con la economía endeudada y naciones subdesarrolladas. Pocos latinos formaban parte de los equipos europeos, donde la fuerza de los Van Basten, Gullit, Voeller, Klinsman, Laudrup, Stopyra, Conte, Tardelli, Rummenigge, Boniek, Lato y muchos más nos brindaban un fútbol poco exquisito y muy físico, quizá Platini era un oasis. Maradona fue al viejo continente y les enseñó a jugar bien, a ganar partidos solo, en el mundial de México 1986 les ganó a la Uefa y le ganó a la Fifa, pero 8 años después le cobraron el atrevimiento.
Mientras tanto en Brasil se retiraban los últimos artistas, Sócrates se fue, Zico se fue y la magia de Brasil decadente como su sociedad sumida en la pobreza, empezó a lanzar jugadores para Europa. Así fue como la selección Brasil de 1990 era aburrida y poco vistosa, así mismo fue eliminada por Argentina.
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Romario, otro chapulín latinoamericano que era un gigante con el balón.[/caption]
Y luego… vino el mundial de 1994, Brasil llegó como una selección más, no tenía un 10 neto, el número lo llevaba Raí, quizá por respeto a su hermano el gran Sócrates, todos corrían, todos metían, el diferente era un petizo moreno apodado o Baixinho, el señor que hacía llover goles, Romario. Solo con su talento Brasil terminó campeón, pero por penales, en un partido donde Italia y Brasil se dedicaron a cuidar la casa.
En 1998 llegó a la final, tenía a un Ronaldo en su máxima expresión, Rivaldo y Roberto Carlos, Cafú, esperanzas de buen fútbol, pero el problema es que el sistema europeo se había enquistado ya en el fútbol de Brasil para siempre. Llegaron a la final jugando mal, y perdieron, nunca alcanzó el nivel esperado.
Cuatro años después llegó la revancha, pero esta vez un ángel había caído desde las calles de las favelas.
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Ronaldinho, la sonrisa más grande del fútbol.[/caption]
Ronaldinho apareció en el firmamento con sus dientes retorcidos sus gambetas, su jogo bonito, y el mundo sonrió, el mundo parecía más bello solo cuando él jugaba, fue el último artista de un fútbol que se negaba y aún se niega a morir, contagió a sus compañeros y ganaron el mundial jugando bien, luego vino Robinho y se juntaron alguna vez con Ronaldo y el dios del fútbol decidió que la canarinha debía retornar a su lugar y convocó a los monstruos en un solo lugar, Ronaldinho, Rivaldo, Roberto Carlos, Romario, Ronaldo, todos con la “r”, todos cracks.
Pero llegó un día Parreira y Zagallo y decidieron que Romario no siguiera y la dupla más hermosa de delanteros que vi en mi vida fue borrada con la excusa de los resultados. Nunca más Brasil volvió, esa era la última oportunidad y la CBF prefirió adoptar el modelo de resultados, mientras que irónicamente todos los demás empezaron a imitar a los grandes cariocas y paulistas, así ganó el mundial España, así ganó Alemania en el mundial que pudo ser la resurrección del Scratch, los alemanes le untaron el balón a los aguerridos pero poco agraciados cariocas, la excusa era que Neymar el último lírico no jugó.
Quizá Brasil no vuelva a ser la misma y los románticos del fútbol esperemos mucho. Pero no pierdo la esperanza, soy colombiano y apoyo a mi selección, pero este miércoles no jugó contra Brasil, jugó contra un equipo europeo lleno de violencia y poco arte, ese no es Brasil, no el que vi con mi padre, no el que adoraba mi viejo. Ese Brasil me lo mataron, me lo mató una ralea de técnicos de la escuela de Belo Horizonte.
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A Neymar le ha salido todo mal con Colombia: lesionado en el Mundial, expulsado de la Copa América y ahora su equipo clasificó a la tricolor.[/caption]
A ustedes los culpo, Parreira, Zagallo y Scolari, los maestros de Dunga, por cobardes por no atreverse a buscar cracks que sobran en las favelas, por buscar atletas troncos. Por preferir a un Fernandinho y no a un Coutinho.
Dónde está Dentinho, Kerlon y su foquinha, donde está Oscar, Lucas Moura y tantos otros cracks. Con razón Diego Costa le dijo que no a Brasil, quería jugar bien y juega con España. Por qué no miran a España y aprenden, al Barcelona que lo gana todo jugando bien, no lo entiendo y no lo entenderé nunca. Bueno quizá si. Así somos los latinos, imitamos todo, no aprendemos de los errores, menos mal existen los técnicos argentinos, a quienes les gusta jugar bien.
A los que de verdad hay que darle las gracias es a Gareca, Pékerman, Bielsa, Díaz. He visto cómo juegan sus equipos y juegan sencillamente al fútbol.
Lo peor es que después de haberla vencido en esta Copa América, ahora tenemos que salir a darle las gracias a Brasil por vencer a Venezuela y darnos el paso a octavos de final.
Mi viejo debe estar sentado viendo youtube en el cielo revisando los videos de Pelé, de Zico, de Ronaldinho y debe estar deleitándose, creo que apagó el televisor, pues cuando juega este Brasil no hay alegría.
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