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Estudiar a Vicky

Por Rainiero Patiño M – Periodista

Con pinzas, pero sin asco. Con pulso de microcirujano y arrojo de tasajeador, urge la conversación sobre la triste derrota del periodismo de los grandes medios de comunicación colombianos en estas elecciones presidenciales que están a punto de concluir.

Sin importar cuál de los dos candidatos gane, el periodismo nacional como profesión precisa un giro de emergencia, un quiebre radical en su acepción referida a lo fundamental. No hacia algún extremo, como se encaprichan varios, sino un giro decidido hacia lo profundo de su esencia. Una reflexión colectiva que lo haga revisar, desde la forma en que transita por las ramas endebles pero largas de los nuevos canales digitales, hasta socavar en las más puras raíces de su tronco para remover la tierra y cortar lo podrido.

Es que, aunque parezca cosa de unos cuantos que se han convertido – los hemos-, gracias a su decidido y evidente activismo en el eje de la discusión general, es una situación que debería importarle a todos si se tiene en cuenta la obligada, hoy más que nunca, necesidad social del periodismo en medio de un océano de mentiras y falsos profetas que posan de periodistas en los medios y redes sociales.

Una reflexión que se hace obligatoria incluso en estos días en que, para fortuna o infortunio, el internet y los nuevos formatos han abierto de forma abrumadora las posibilidades de que muchos participen, y que cada uno escoja a quién oye, ve, lee o con quien interactúa con ojo crítico y múltiples espejos de contraste. Lo que, además, nos salva del erróneo estereotipo pasado que rezaba que todo el que estaba en uno de esos grandes medios era bueno por defecto, armadura con la cual muchos periodistas ya retirados (cuyo accionar y estilo no difería mucho de los malos ejemplos que vivimos en estos tiempos), se pasean dando cátedra sin el menor sonrojo como caballeros de la verdad.

Con múltiples ejemplos y ‘patologías’, el escenario está servido para escoger las perspectivas del análisis, cada quien con sus puntos de partida y llegada propios. Puede ser cualquier nombre o escenario, desde Victoria, Luis Carlos, María Jimena, Juliana, Felipe, Yolanda, Daniel, Juan Pablo, Julio, Néstor, Karen, Víctor, José, Jorge, Jessica, Geovani, Camila y otros más. Cada cual definido con sus tildes o sus acentos átonos.

Pero para ponerlos dentro de márgenes, que a la vez pueden parecer difusos o errados dependiendo de quién los trace, este mismo lunes los centros de estudios de periodismo, los académicos, los jóvenes en formación, los veteranos soñadores, los espontáneos ciudadanos, los independientes, los no mencionados, todos, todos aquellos a quienes de verdad les duela este doloroso estado del oficio en los grandes medios, deberían tomarse un largo minuto para callar, encontrarse con el silencio. Y luego empezar la discusión constructiva, asumiendo cada uno la culpa que corresponde, por acción o por inacción, sin más bandera que la honestidad y la preocupación por la crónica enfermedad que nos agobia. Desechando de una buena vez esas reglas no escritas de pisadas, bomberos y mangueras que tanto daño han hecho.

Llegó el momento de hacer lo necesario para evitar que el fuego que quema la casa desde adentro siga incontrolable.

Parecería una obviedad, pero si algo básico nos enseñó la pandemia a quienes nos declaramos ignorantes en temas de investigación médica y científica es que muchas veces el camino más efectivo para la cura de la enfermedad está en el estudio del mismo virus. Desde este punto, íntimo y personal, cada quien puede escoger el suyo, detrás de estas letras, cómo ejercicio inicial, por ejemplo, estamos decididos a estudiar a Vicky para aprender de Yolanda.

Hay que hacer algo para que esto que estamos viendo no se nos convierta en habitual. Para que así, a pesar de las convulsiones propias de cada momento, del teatro lleno o las sillas vacías, de la chequera larga o los bolsillos flacos, nunca olvidemos, como nos enseñó Javier D. Restrepo, con una de las más bellas imágenes, que el moscardón y el zumbido deben ser uno solo, sin camuflajes, por naturaleza. Que «ética y técnica son indisolubles».

Sobre el autor

Colabora en medios de comunicación desde hace más de 20 años. Experiencia como reportero y editor. Sus textos periodísticos y de ficción han sido publicados en espacios nacionales e internacionales. Nacido en Barranquilla. Lector y viajero empedernido. Música y buena comida. Inquieto por el periodismo para el desarrollo social. Papá y esposo. El mar, siempre vuelve al mar.
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