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Estado elitista, clasista y corrupto

Por Jorge Guebely

Enorme paradoja: Colombia, extenso y bello territorio administrado por un diminuto Estado, un gigante natural con una cabecita artificial.

Artificio jurídico construido a imagen y semejanza de momios liberales y conservadores. Artimaña patriótica para usufructuar la gran extensión a través de su minúsculo entramado de poder centralista, clasista, corrompido.

Mecánica política incrustada en el territorio nacional como un cáncer en el alma:

1. En su centralismo, el Estado solo opera en centros urbanos donde fluyen los capitales tercermundistas, lícitos o ilícitos. Excluye las periferias, las olvida, las desprecia… Únicamente las utiliza electoralmente, las degrada con excesos de promesas huecas.

Allí condena a la chusma: afrodescendientes, indígenas, campesinos pobres, comerciantes desprovistos, los marginados. Territorios de violentos terratenientes por defender privilegios premodernos, de paramilitares para llenar vacíos del incompetente Estado, de guerrilleros para preservar el lucrativo negocio de la rebeldía. Territorios poblados de narcotraficantes, poderosos delincuentes del productivo negocio internacional: Colombia, México, Estados Unidos. Nadie los combate con seriedad.

Mezquino centralismo, mejor liberarse de su inoperancia que sufrir su ineficacia. A Panamá se la llevaron los gringos con anuencia de gobiernos conservadores, y prosperó, superó la indigna condición de la región chocoana. También prosperó el Ecuador, se liberó del gran olvido, como lo padece el Departamento de Nariño. Caracas, aún hoy, no es tan inhóspita como Cúcuta.

2. En su clasismo, el diminuto Estado solo existe para las élites. Opera para proteger sus bienes, fomentar su cultura tan racista, tan machista, tan tercermundista, tan insensible. Ignora al ciudadano corriente. Lo condena a padecer la delincuencia citadina, los atracos urbanos, las violaciones callejeras, los políticos corrompidos, las EPS. Lo condena en su falsa libertad.

Para el excluido, nunca el desamparo fue tan cruel, ni la voracidad del hambre tan voraz, ni la seguridad tan insegura, ni la justicia tan injusta, ni la desigualdad económica tan desigual. Nunca antes tanto un Estado no es Estado, solo es cárcel de los marginados.

3. Por su podredumbre, sus contratistas hieden, sus electores eligen los peores, los más corruptos, los más delincuentes, los más sanguinarios. La Fiscalía, demasiado cómplice de la derecha, descaradamente cómplice, cínicamente cómplice. El Senado, poblado con mercaderes de la política, tan sumisos con sus compradores, tan valientes con sus electores. Recinto colonizado por tantos delincuentes exitosos, tantos Ñoños Elias victoriosos.

Afirma Javier Sicilia: “Si no tenemos policías, jueces, fiscales, honestos, valerosos y eficientes; si se rinden al crimen y a la corrupción, están condenando el país a la ignominia más desesperante y atroz”. Esta es la ignominiosa condena de colombianos excluidos urdida por un diminuto Estado elitista, clasista y corrupto.

jguebelyo@gmail.com

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