Cuando una ley es injusta lo correcto es desobedecerla y aquí no hay ley Luxemburgo que valga si no valen los derechos de nuestros niños.
Por: Melissa Ochoa.
El presunto asesino de Yuliana Andrea Samboní se llama Rafael Uribe Noguera. ‘El arquitecto’, le decían en el barrio de la pequeña en donde las cámaras de seguridad registraron su camioneta lujosa pero de segunda comprada a su cuñada Laura Arboleda Wartenberg, cuyos padres son muy allegados a la primera dama de la nación. El esposo de Laura Arboleda es Francisco Uribe Noguera, implicado en el asunto por haber asistido a su hermano Rafael tras haberlo encontrado en mal estado de salud en el mismo apartamento en donde fue alterada la escena del crimen y fue manipulado el cadáver de la menor, que incluso fue lavado y escondido en un cuarto aparte y seguidamente abandonado porque Francisco procuró velar por la salud de su hermano. A Yuliana Andrea la dejaron muerta y oculta, como a muchos niños y niñas ante la ley colombiana.
Una vez registré la muerte de una niña en Barranquilla. Las causas de sus deceso aún son una incógnita para quienes debimos dejar de lado el caso luego de haber utilizado el nombre del presunto médico responsable sin que se le hubiera declarado culpable por la justicia, y que su abogada, que también era su hermana, reclamara apelando a los derechos humanos y el artículo 21 de la constitución colombiana el derecho al buen nombre de su hermano.
Un año y 10 meses han pasado y en ese transcurso de tiempo incluso la luna se ha acercado como nunca ha estado a la Tierra, se ha vestido de rojo y sangre carmesí pero hasta el sol de hoy no se sabe de qué murió esa niña estelar que prometía un futuro brillante como artista. Debí abandonar el caso tras recibir amenazas tanto del denunciante como del señalado, en un país donde la protección a la primera infancia es un derecho pero no es ley, sino un proyecto por aprobar, cualquier cosa puede pasar con nuestros niños y niñas, incluso quedar en el olvido.
Y entonces ¿Si la protección a la primera infancia no es ley en Colombia, qué es lo que es ley?
Lo que a la justicia le importa, tal como lo muestran las noticias del diario vivir colombiano, es que los que tengan poder para pagar por un buen abogado penalista, lo sigan haciendo, que los congresistas estén protegidos con costosos sistemas de seguridad y automóviles que no pongan su vida en riesgo ante tanta delincuencia común, que los senadores y todos los servidores públicos con cargos políticos puedan tener bien abastecidas sus canastas familiares, a pesar de los recortes al salario mínimo y los aumentos de costos por la reforma tributaria ya aprobada, y es que imagínese gobernar una nación con el hambre de un niño Wayuu ¡Eso es inaudito!
Mientras tanto, es común en Colombia que un hombre de 38 años, de menos o de mayor edad, crea que tiene derecho a tomar a una mujer, o en todo caso a una niña, para satisfacer sus más aberrantes y desenfrenados deseos de lujuria, solo alguien que encuentra deseo más allá de lo visual en el esbelto cuerpo de una mujer, o en el contorneado aspecto de un hombre bien parecido, para hallarlo en el entrepiernas de una menor que no ha llegado a su pubertad puede decir a conciencia plena y en tono tormentoso como solo la mente un criminal podría hacerlo en sus redes sociales: “Me la vuela mi falta de autocontrol”, como si se tratará de cualquier frase de pajaritos.
¿El grito de ayuda de un hombre desesperado? ¿Cómo un hombre que no tiene control sobre sus actos sabe diferenciar entre un perro callejero y una menor para cometer un acto de acceso carnal violento? ¿Por qué cuando un hombre violento está drogado o borracho no se le da por abusar de otro macho pero sí de una mujer, de una niña o un niño? Nunca he visto la noticia que denuncie “hombre borracho secuestra perro fino o gato persa y abusa sexualmente de él” . Casos han de haber, pero en Colombia diariamente la que se muere es una mujer, y el pasado cuatro de diciembre el turno fue para Yuliana Andrea Samboní, de tan solo tenía 7 años de edad.
Sí, es una cuestión de enfoque de género en la que usted o yo pudimos ser la víctima, incluso, aún podríamos serlo, sin embargo, para muchos esto no es lo suficientemente indignante como para salir a protestar en una multitudinaria marcha intercultural, quizá porque ningún partido político en especial se encuentra de por medio, aunque en este caso el presunto asesino pertenezca a una familia prestante de Colombia con muy buenas relaciones sociales, y excelentes oportunidades de vida, en un país como este donde esos contactos sociales pueden determinar de qué lado de la calle te quedas, si en el barrio en donde fue hallado el cuerpo sin vida de la pequeña Yuliana Andrea, o del otro lado de la calle, en el barrio donde sus padres buscaban conseguir una mejor vida y en donde perdieron a su hija que fue raptada por una camioneta lujosa que solía merodear de cuando en vez por esas humildes calles donde casi que no llega la ley, además del hecho que de entrada tu vida será distinta más allá de la condiciones biológicas, de manera emocional, social, y laboral dependiendo de si naces hombre, o si naces mujer, la equidad solo será mientras seas niño, pues en Colombia lo que pase con ellos, no importa, no están dentro la protección de la ley.
Pero como todo en Colombia el nombre extranjero de una ley clasista para conservar el buen nombre ante la sociedad, así esta se lo quiera comer vivo, mantiene sellados los nombres de los renombrados implicados en el asunto, como a Rafael Uribe, profesional, arquitecto, de familia pudiente, residente de un prestigioso barrio en la capital de su país, es uno de esos oligarcas que la mente no le da para nada bueno, pero con un bolsillo que le da para indultar sus propios pecados. Su familia no le ha negado la ayuda, son una familia de bien, que también pasa por un duro momento con el duro despertar de la terrible adicción de su hijo por él sexo desenfrenado, su hermano, Francisco Uribe, reconocido abogado relacionado con la firma Brigard & Urrutia, y que también es investigado por el desvío de 40.000 hectáreas de tierra, esquivando las limitaciones legales para armar una plantación de palma y una planta de etanol sobre antiguos terrenos baldíos adjudicados a campesinos en el Vichada, según informa Revista Semana en su versión virtual, noticia que apareció publicada al tiempo que su hermano protagonizaba uno de los casos más indignantes del año en Colombia, puede que sea otro dolor de cabeza para papá y mamá.
Lo que se puede comprar con dinero y lo que no…

Homenaje en la ciudad de Barranquilla por la muerte de Yuliana Andrea, estos espacios de paz y reflexión se muestran necesarios para el desahogo colectivo, alrededor de las velas, padres y madres de familia, niños y adultos compartieron anécdotas, lecciones de vida y hablaron de su dolor ante los hechos, la indignación embarga a muchos corazones colombianos.

Solidaridad absoluta con la familia de Yuliana Andrea y las victimas de esta clase de crimines #NiUnaMás
Cuando era más pequeña, algo menos que una quinceañera, una vez conocí a un violador. Era mi profesor de informática en ese momento, ya no recuerdo su nombre, solo recuerdo que era morboso, y que la boca le olía feo, y que de cuando en vez pedía a algunas niñas que se quedaran con él para una reunión durante la hora del recreo.
Una vez se enteró que yo cumplía años, todavía no eran mis quince siquiera, faltaban 3 años más así que aunque ya desarrollada estoy segura que mi rostro era el de una niña, sin embargo él se me acercó durante una de nuestras clases y empezó a meterme monedas en el bolsillo de mi uniforme tipo Jumper de diario, me quedé ‘Sin Aliento’ como el artículo de Vannessa de la Torre sobre el caso de Yuliana, mientras me decía en tono bajo y casi susurrado: “Me enteré que cumples años, que quieres que te regale, aquí unas moneditas para que compres lo que quieras y tengo más”. Le dije: No necesito nada, mis papás me dan todo lo que quiera, a lo que me respondió, “Yo se que quieres que te de tu regalo y te lo voy a dar, necesito que te quedes a la hora del recreo”…
Usted tranquilo amable lector, siempre he sido una niña un poco altanera y en algunos casos imprudente, una cualidad que agradezco nadie me robara porque esa soy yo desde niña y sabe Dios porqué me hizo así, incluso me permitió hacerme periodista y sabía lo que tenía que hacer.
Esa vez, apenas se hizo la hora del recreo corrí directo hacia la oficina de la directora y sin previo aviso le conté todo lo que me acaba de pasar, para mi sorpresa tres niñas más soportaron mi denuncia porque también habían tenido que enfrentar a ese hombre pero no lo habían denunciado por pena, hasta que se enteraron de lo que yo había hecho, y hoy casi con lágrimas en los ojos por el recuerdo de esa pequeñita de tan solo 7 años puedo decir que no sé qué hubiera pasado si no me hubiera atrevido a hablar, fue lo primero que pensé en hacer, mis padres me lo enseñaron y se los agradezco, y a ese monstruo más nunca lo volvimos a ver, pero siguen pasando cosas como las que le pasaron a Yuliana, y para mi, 12 años después de haber vivido algo así y hecha toda una mujer, me sigo preguntado con incertidumbre y algo de impotencia e incluso un poco de temor: ¿Y cuántas víctimas más de la violaciones sexuales, hombre o mujeres hacen falta para atacar este problema y a estos individuos? ¿Para cuándo la cadena perpetua en Colombia para los violadores ? ¿Y quién sigue ahora ? O ¿De qué sirve denunciar?
¡Hasta siempre Yuliana Andrea, espero algún día puedas descansar en paz!














