Los 12 uniformados muertos por esa guerrilla son las nuevas víctimas de un grave error político. Como siempre ha sucedido con el ELN.
Por Rafael Sarmiento Coley y EFE
Desde cuando fue fundado en 1964 el autodenominado Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha venido dando tumbos sin rumbos, con distintos uniformes ideológicos y cambiando de tácticas como cambiar de uniformes.

Andrés Felipe Pérez (izquierda) y Antonio Rodríguez Clayder, los dos soldados secuestrados por el ELN en el asalto de este lunes.
Esto último que acaba de hacer, más que un crimen cobarde y a mansalva (los soldados fueron muertos con un tiro de gracia, reducidos a la impotencia e indefensos), es un inexplicable e inoportuno error político y estratégico. Matar a 12 uniformados es suficiente para que múltiples voces de la ultraderecha, la derecha y el centro condenen a ese grupo guerrillero al quinto infierno y cuestione, hacia el inmediato futuro, cualquier posibilidad de diálogo.
Y el episodio marca el sino de desaciertos y desgracias del ELN desde cuando un grupo de 60 estudiantes apasionados por la revolución cubana que acababa de triunfar (1959) viajan becados a Cuba.

Otro grupo de los uniformados muertos cobardemente con un tiro de gracia, cuando ya estaba capturados e impotentes.
De los 60 solo quedan 7 para recibir al final el título de guerrilleros formados para irradiar la revolución castrista-leninista en Colombia. Esos siete son: Fabio Vásquez Castaño, su hermano mayor Manuel Vásquez Castaño (abogado de la Universidad Nacional), Víctor Medina Morón, (joven estudiante con familia en El Banco, Chimichagua y Aguachica), Ricardo Lara Parada (hijo del entonces gerente de la Caja Agraria en El Banco, Magdalena), Luis Robira, José Merchán y Mario Hernández.
La toma de Simatoca
La primera acción militar que cometen al regresar a Colombia y ya fundado el ELN, es la toma de Simacota (Santander) el 7 de enero de 1965 durante el Gobierno de Guillermo León Valencia. El operativo es guiado por alias ‘El Tuerto’, y una de sus bajas más lamentables es la del ‘Capitán Parmenio”,
En ese momento ya el grupo está bajo el férreo y sanguinario mando de Fabio Vásquez Castaño, nacido en Calarcá en 1940, y descrito por el periodista, escritor y biógrafo Walter J. Broderich en su libro ‘El guerrillero invisible’, como un hombre “enfermo de maldad y sin compasión”.
Por intrigas de otros miembros de la tropa acusa a Víctor Medina Morón de desviarse de las ideas castristas. Lo amarran durante dos días y dos noches a un árbol corpulento, mientras la tropa hace el juicio que finalmente lo condena a la pena de muerte. Medina Morón uno de los más fecundos ideólogos del ELN, es fusilado y su cuerpo queda atado al fuerte árbol para que sea comida de las aves de carroña.
Entre tanto en España, en dos poblaciones cercanas, polvorientas y relamidas por manadas de ovejas sin dueños, dos curitas de pueblo asumen en verdad que es posible promulgar en América Latina las ideas de la Teología de la Liberación, más tarde proscrita por el Papa.
Llegan los curas españoles
Los dos sacerdotes aragoneses, Manuel Pérez Martínez y Domingo Lain, llegan a Colombia por el puerto de Cartagena en donde los espera un estudiante universitario contacto del ELN en los centros urbanos,quien los lleva a la selva a donde el capitán Fabio Vásquez Castaño.
Entonces planifican una decena de tomas y atentados contra la producción petrolera. En la mayoría de las acciones fracasan y las tropas se ven menguadas, Se dividen para no estar todos en un mismo sitio. El sacerdote español Domingo Lain es enviado a otro sector en donde más tarde recibiría con alborozo al también sacerdote (colombiano) Camilo Torres, quien por desgracia muere en su primer combate con el Ejército enemigo, como consecuencia del poco entrenamiento militar recibido, la inutilidad del arma de dotación que le dieron (un viejo revólver, bajo la premisa de que todo guerrillero que entraba al ELN tenía que matar al enemigo y ganarse su fusil).
Entre tanto en las montañas nortesantandereanas el amargado Fabio Vásquez Castaño, por chismes de sus áulicos, acusa al sacerdote español Manuel Pérez Martínez de desviarse de las conductas del ELN, lo amarran al corpulento árbol mientras el comité de disciplina militar adelante el juicio. Por la noche, bajo una aterradora tempestad, un guerrillero se compadece del sufrimiento de un compañero leal y bueno. En forma sigilosa va y le corta las atadaduras de pies, cintura y brazos y manos, que lo mantenían inmovilizado en el árbol. Manuel Pérez escapa y se esconde en casa de una familia campesina.
Pasado un tiempo. Por emisarios comunes, Manuel Pérez es perdona y regresa a las tropas. Entonces se planea la toma de Anorí, en Antioquia, como el gran hito histórico del ELN. Es el Gobierno de Alfonso López Michelsen, quien cuenta con unas tropas mucho más adiestradas y mejor armadas.
El Ejército de Liberación Nacional es combatido con éxito y el reducto de sobrevivientes queda acorralado sin salida en un cañón de las montañas antioqueñas. Ya listos para recibir el ataque final y ser aniquilado para siempre, Broderich supone que es el propio Fidel Castro quien llama a su amigo el Presidente López para que le perdone la vida a los sobrevivientes y a los guerrilleros heridos, entre ellos Fabio Vásquez Castaño, quien quedó casi ciego y desde entonces vive en La Habana, de donde no ha vuelto jamás. El origen de su odio indomable es que, a los 8 años de edad vio como los ‘Pájaros’ (paramilitares sanguinarios al servicio de sectores conservadores de la ultraderecha colombiana que siempre ha existido), descuartizaban a machete a su padre.
En el cañón de Anorí, de manera increíble, el Cura Pérez logra salir del cerco militar y abrirse trocha a mano limpia. Durante seis meses deambula por selvas, llanos y montañas, siempre siguiendo el curso de algún río de buen caudal para agarrar peces con la mano y comerlos crudos. También se alimenta de raíces tiernas, de todo tipo de frutos de árboles que no sean tan amargas o picantes al paladar. Camina orientado por cualquier buen río y guiado por el sol, siempre buscando el territorio conocido en donde había quedado un reducto de sus camaradas. Hasta que por fin lograr su cometido y asume el mando total del ELN hasta su muerte de viejo.
Ahora el mando lo tiene Antonio García, quien ha sido testigo de toda esa historia trágica de desaciertos. Inclusive, Él y alias Gabino condujeron al ELN a las puertas del diálogo más histórico y religioso en Maguncia, Alemania, la histórica ciudad en donde Johannes Gutemberg fundó la imprenta de caracteres móviles. Estuvieron en las puertas del cielo, pero pudo más su terquedad y se devolvieron “a las puertas del infierno”. A cobrar el gramaje por el paso de la coca, a cobrar por hectárea de cultivo de la misma. A cobrar millonarias extorsiones a las petroleras. Parece ser que en su alma maldita vale más toda esa riqueza maloliente que una paz bendita, digna y con respeto a la vida humana.
Procurador pide parar diálogos
Esa es la triste historia del ELN. Ahora, a raíz de la última torpeza el procurador general, Alejandro Ordóñez, pidió al Gobierno que suspenda los diálogos «exploratorios» con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) hasta que esa guerrilla se comprometa a no realizar «actos de barbarie» como el ataque perpetrado contra una patrulla que dejó doce uniformados muertos.
«El Gobierno tendría que suspender cualquier género de conversaciones y reiniciarlas cuando el ELN se comprometa a no reiterar estos actos de barbarie, esto debe tener consecuencias. Es lo que el país exige, es un acto de elemental prudencia», señaló el procurador en declaraciones a periodistas.
Asimismo, pidió a la sociedad que se una para rechazar el ataque y subrayó que «sería escandaloso que actos» como el de ayer en Boyacá «sean beneficiados con la renuncia a la persecución penal» o que «las sanciones van a ser en el futuro trabajos comunitarios o sociales».
En este sentido, Ordóñez, destacó que «lo que se ha pactado en La Habana (con las Farc) envía un mensaje a los responsables de la acciones de ayer de impunidad y eso motiva a realizar la clase de actos de barbarie».
Once soldados y un policía murieron este lunes en un ataque del ELN contra una patrulla que transportaba los votos depositados en un resguardo indígena de la comunidad U’wa durante los comicios locales y regionales del pasado domingo en una zona rural del municipio de Güicán.
El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, confirmó que dos soldados fueron secuestrados por la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) tras el ataque.
Estos son los uniformados que resultaron muertos luego de un ataque con explosivos de la guerrilla del ELN a una patrulla del Batallón de Alta Montaña Santos Gutiérrez Prieto.
El ataque fue perpetrado en zona rural de Güicán, Boyacá, 11 soldados del Ejército y un patrullero de la Policía fallecieron. El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, confirmó que dos soldados fueron secuestrados por la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) tras el ataque.
Se trata de Andrés Felipe Pérez y Antonio Rodríguez Clayder. Esos son los uniformados que ahora se encuentran en poder del ELN.











