Somos el producto final de una época maquinizada con sangre que marcó un antes y un después en las necesidades de los humanos en la sociedad emergente del siglo presente.
Por: Gersón De Jesús Brugés González – chacharero
En nuestra actualidad podemos captar con los sentidos el aire tecnológico y el avance significativo que han tenido los distintos continentes enfocados en el desarrollo social, político y económico que embarga a la población mundial, plasmando el pensamiento de superioridad de las clases sociales que han aportado al desarrollo y surgimiento en los territorios inteligentes y la función de las grandes capitales y metrópolis que dominan el poder en todos los ámbitos de nuestra civilización.
Hoy vemos en fotografías antiguas locomotoras, vías férreas, gigantescas máquinas de tejido, y las magníficas tomas de barcos a vapor trazadas en grandes cuadros, seguramente colgados en alguna calle de Londres, gratos recuerdos que nos limita a entender cómo esos maravillosos paisajes y esa mirada del avance urbano de nuestras ciudades fueron marcadas por años de sufrimiento humano. La sociedad que conocemos hoy nace de una incrédula evolución sangrienta que le costó al mundo millares de almas entre hombres, mujeres y niños.
Esa “evolución” de la sociedad que conocemos hoy en día solo tiene un sentido positivo si la analizamos desde la posición de un burgués o un capitalista. Actualmente los podemos identificar como los dueños de multinacionales, para ellos fue una evolución significativa pero la sociedad comunista fue la masacre más grande que un ser humano ha tenido que pagar por un joven universitario que hoy se siente orgulloso de pertenecer a una ciudad, de estudiar en una universidad privada, de desear un automóvil de último modelo y de aspirar a un gran trabajo en una compañía extranjera. Ese pensamiento moderno ignora los antecedentes de una vida plena y sin preocupaciones en el campo, por sus mentes no surgían pensamientos inquietantes sobre su propia existencia.
La revolución industrial marcó un antes y un después a lo que conocemos con el concepto de “sociedad”, un pueblo sujetado a los ideologías de ambiciosos capitalistas y desplazados por la nueva sociedad burguesa que como un monstruo insaciable devoró las vidas de generaciones solo por llenar sus bolsillos de bienes y propiedades a cuestas de violaciones en las conquistas a territorios de Asia, África y América. La esclavitud y expropiaciones de bienes descubiertas en nuestros territorios, hicieron del intelecto de los burgueses una mina de oro que los condujo a crear bancos de ahorros para plasmar sus ideales de inversionistas en los centros de industriales creados por la ambición al poder quienes los catapultaron como la sociedad más vistosa del siglo pasado.
El desarrollo de las actuales capitales tuvo un precio como todo en la vida, la revolución industrial trajo grandes avances a la sociedad el cual fue pagado por un alto precio. El principal avance fue en el sector económico, los terratenientes hijos originales de los feudales tuvieron que someterse al nuevo sistema implementado por el capitalismo y la burguesía, la competencia en la inversión de exportaciones de productos tan valiosos como el algodón, el hierro y el carbón fueron quienes impulsaron la divisa y el valor del sudor de los campesinos y la comunidad rural quienes se despidieron de sus tierras por ser un estorbo en medio de la producción agrícola, ya no tenía más oficio y lo único que poseían era el valor de su fuerza para el trabajo direccionado gracias al surgimiento de las máquinas que suplantaron al trabajo manual llevándolo al pueblo hacia la pobreza vagabunda, sometiendo a familias enteras a labores de hasta 16 horas de trabajo continuo solo con la recompensa de seguir viviendo.
La economía solo beneficiaba a unos pocos, la industria crecía cada vez más en el centro de Inglaterra y poco a poco de una manera más lenta hacia otros países como Francia, Rusia, Alemania y Estados Unidos. Estos países fueron el eco de la producción industrial que acabo con la calidad de vida de centenares de personas. Los capitalistas triunfantes junto al nueva clase social, la burguesa, que desplazaba a los feudales, constituyeron la creación de una nueva era que prometió el surgimiento de las nuevas capitales.
El factor económico influyó en el crecimiento de la población urbana en muchas ciudades de Inglaterra. La infraestructura de calles, la construcción de redes y vías que ayudó a la comunicación y desarrollo del comercio, las edificaciones y los avances en materia de construcción, dibujaban un paraíso banal de la ciudad lo cual escondía la miseria y el abuso que costó levantar las grandes metrópolis que hoy conocemos y que tanto nos maravillamos e ignoramos el precio que le significó a la humanidad.
Carl Marx y Federico Engels cronistas de la infamia producida durante siglos dentro del pueblo en Europa, incentivaron el pensamiento político y social de las generaciones esclavizadas por el yugo de los capitalistas, la falta de intelecto frenó en muchas partes el aliento de lucha del proletariado industrial por el aumento de los nuevos asalariados, un guerra sin antecedentes en la historia de nuestra humanidad por los derechos de una nación masacrada quienes pagaron por el nacimiento del progreso de la sociedad actual, el deseo por defender sus vidas llevó dentro de los parlamentos acuerdos que beneficiaron de una forma tardía al pueblo inglés, una nueva clase nació denominada “El socialismo” que buscaba un espacio político que defendiera, organizara y administrara con poder público el valor de una colectividad que anhelaba libertad, equidad social y económica para el bien común de la sociedad subyugada.
La dura situación de los obreros fueron la base para el surgimiento de esta nueva sociedad y el pensamiento del comunismo científico que embriagó a más de un líder público. Gracias a la Revolución Industrial hoy podemos conocer como se mueve el mundo económico, social y político, es triste saber que el poder es una esencia tan valiosa para el hombre quien no visiona las consecuencias que conlleva, solo observa su propio beneficio y lo que eso significa para un número reducido de personas que entre sí organizan un estado político que maneja como títeres a millones de seres humanos, un grupo de mártires auspiciados por grandes genios industriales que no se imaginaron la trascendencia que tendría la construcción de un simple invento como la máquina de vapor, la cual no tenía ni la mínima intención de ser responsable de las millones de muertes causada por el hambre, el desempleo y el abuso de los capitalistas a una sociedad dominada por el sentir del progreso y la ambición del poder.
Todo lo anterior se dio no por la inclusión de las maquinas o el trabajo maquinizado de la nueva era a la que se enfrentaba todo el mundo, era la manera y la forma de implantar un mecanismo que en vez de ayudar al desarrollo social, económico y político de una comunidad solo trajo consecuencias maquilladas por las riqueza que esta producía, resultado de la opresión de las sociedades que obtuvieron en sus manos la manera de hacer crecer sus bienes y crear el desarrollo dentro de las metrópolis sin sentir en sus almas algún remordimiento por la sangre que compró la evolución de la sociedad del siglo 21.
Aquí estamos. Cómo vamos a contestar para dónde vamos, si cada que vez que comemos o nos vestimos ni siquiera sabemos de dónde venimos.












