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El tigre de La Mojana monta iglesia en una piedra

Es una piedra grande y redonda en donde construyó un pequeño altar y un nicho para los diezmos voluntario.

Por Rafael Sarmiento Coley

Después de deambular por varias iglesias de Barranquilla, en donde ejercía de dócil monaguillo, probó suerte como periodista. Se sabía todo el abecedario de la Santa Iglesia Católica. Al derecho y al revés. Como cada vez que le preguntaban la respuesta era la misma: Me dicen El Tigre de la Mojana, porque mi madre me parió en pleno centro de la ciénaga La Solera, en medio de dos piedras gigantes.

Y así comenzó a trabajar en un importante diario de Barranquilla, en donde se volvió en escribir obituario y cubrir la misa por la muerte de un personaje importante.

Como buen ‘mojanero’, muy pronto se granjeó el afecto de la redacción. Así, cuando los principales jefes no estaban en la redacción se formaba el cuchicuchi, los pellizcos a las damas. Entonces El Tigre decía; “baile, pues, pondrán los pájaros cuando aguilucho muera”.

El Tigre asomó las uñas

Lo malo fue cuando empezaron a asomar las malas mañas del tigre mojanero. Las primeras víctimas fueron colegas periodistas suyos. Acababan de aterrizar de Paris en una de esas excursiones que la Fundación Santo Domingo otorgaba a periodistas de distintos medios para que salieran del patio y pudieran conocer el mundo. El periodista apodado ‘El Bobby’ apenas vio en una vitrina un par de gafas Ray Band, se tiró de la buseta en el centro de Paris y los compañeros tuvieron que gritarle al conductor en francés-barranquillero: ‘¡Ey, pare, pare, que se nos queda un compañero medio loco”.

El Boby compró sus Ray Band y regresó a la buseta más contento que un niño con juguete nuevo.

En el centro de Paris, las mujeres se volvieron locas comprando cuanto trapo bien diseñado y colorido. López fue la primera que gritó “¡ay miren la belleza que encontré! Ese no se fabrica ni en mi pueblo. (Ella es de Barichara, Santander, famoso por sus buenas costureras. El Bobby siguió comprando. Vio un reloj Rolex, brillante, en su caja original y de una lo compró. (Ya acá en Barranquilla fue cuando vino a saber que el Rolex era chimbo).

El Tigre con el muelle flojo

Sin duda quien más gozó el periplo parisino fue El Tigre de la Mojana: donde quiera veía el letrero ¨Toilette¨´, de inmediato le pedía el favor a un compañero de viaje (menos a Alix y mucho menos a la burlona de Borrero. Que la tomara fotos entrando al Toilette y saliendo del mismo. “Es que estas vainas todavía no han llegado a La Mojana y uno lo hace encima de cualquier piedra”, decía penando su dentadura de burro yegüero. Con sonrisa chabacana decía que La Mojana los Toilette era la primera piedra que encontraran en pleno cenagal. Blas contaba en medio de risotada que, antes de tirarse al agua para llegar a la piedra-Toilette, debían conseguirse un manojo de hojas de bijao para que después no lo persiguieran las moscas. Y él, que era nalgón, era el más perseguido.

Boby, que era de un mal genio que la única que se lo aguantaba era Alix, se paró en seco: “¡No joda no pregunten tanto y vayan a Paris que allá les dan todas esas informaciones!

El Tigre no se aguantó

La juventud de Sucre, Sucre ya está curada de espanto. Pero las fieras siguen por allí rondando a la espera de cualquier descuidado pot llevarse la presa.

 El asunto empezó a ponerse maluco un mes después del regreso de la delegación parisina. Lo primero que desapareció del puesto de redacción del Bobby fueron las Ray Band, que él pensaba lucir en Galapa, su pueblo natal, ya él se imaginaba la muchachera preguntándole que dónde las había comprado, cuánto pagó, que si no las vendía.

Hubo alarma. No alarma completa. Se pensaba que se trataba de algún maloso para hacer pasar un mal rato al Boby. Dos días después fue el Rolex que ‘otro despistado dejó olvidado en el retrete (ya poco se olvidaron del Toilette. La única que no se había quitado la muletilla era la popular Chayote, quien llegó al extremo de poner en el baño de damas: Toilette´.

Saquearon a la  Cachis

Lo grave ocurrió cuando el closet de la Cachaca López fue literalmente vaciado: se llevaron los dos trajes franceses que ella pensaba llevar a Barichara, para que doña Alicia diera el salto a la modistería moderna internacional, Cargaron con una doce de pantis, seis brasier y ropa de niñas para sus sobrinas.

Ahí sí el barro se puso bien maluco. Alix fue la primera en reputear, “con eso no se juega…el ladrón sigue suelto y descarado”.

Ante la alarmante situación, vino el Padre Víctor Tamayo. Ofició una misa e invitó a cada uno de los asistentes, que en un acto de constricción confesara sus pecadillos. Como las confesiones era en privado en la oficina privada del director Juan B. Fernández Renowitzky, ocurrió un caso insólito—que casi nadie supo en el momento sino 8 meses después en el Santuario de la Virgen del Morro de Eugenio Díaz.

Elvira Julia Mercado Acevedo, como alcaldesa es la más preocupada por la amenaza constante de una manada de tigres, en una población que de lo que más carece es de un cuerpo de vigilancia.

Como ya el Tigre de la Mojana se había ido del periódico dizque a fundar un semanario cristiano, el Padre Tamayo la soltó toda. La cachaca Alix, como siempre con el comentario inconforme: “Ya pa´´qué dijo la lora, si el gallo me montó tres veces”

Las sorpresas no terminarían ahí. Cuatro meses después un periodista rural que recorría La Mojana: parado en la puerta principal de la entrada del periódico: repetía el estribillo: hoy traigo noticias frescas…pero El Tigre de la Mojana me pagó 100 pesos para que no dijera dónde está. Pero la noticia la tenía atravesada como la puya de un bagre: “Hoy no es periodista. Hoy es párroco de la FE sobre la Roca en medio de la ciénaga La Solera, frente a Sucre Sucre. Alí, así llueve, caigan truenos y relámpagos, El Tigre oficia su misa y recoge los diezmos, que eso es lo que lo tiene más contento. A quienes perdieron sus objetos finos que trajeron de Paris –especialmente el Bobby y Alix.

Cuando todos creyeron que el pregonero había terminado: ¨´Lo peor es que ya ha estado en Barranquilla. A un noticioso radial le pagó cien mil pesos por una entrevista de una hora. Y a un periodista digital, eso no me lo quiso decir, le pagó más que al noticiero radial por publicarle 7 fotos del tamaño de su cara que es del mismo tamaño de un plato sopero. Nadaba en la abundancia y le ofreció el cargo de edecán con sueldo de $500.000”. sí serán los diezmos que recoge el Tigre de la Mojana, con el culo puesto en un hueco, que ya construyó una casa de madera fina y techo de zinc. Vive a cuerpo de Rey.

Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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