A pesar de las medidas preventivas, las autoridades todos los años para esta época decomisan toneladas de artefactos explosivos.
Por el Propio Búho
Así como hay personas que se deleitan viendo cómo el torero le clava la espada al toro y sale el chorro de sangre por la boca del animal moribundo, del mismo modo hay padres de familia que permiten que sus hijos jueguen con artefactos de pólvora y hasta ellos mismos se los compran.
Hace pocas horas se produjo en Barranquilla el primer decomiso, según informa la oficina de prensa de la Alcaldía:
En el mercado La Magola, en la calle 29 con carrera 32, fue decomisada en la mañana de este jueves media tonelada de pólvora durante los operativos de control liderados por la Secretaría de Gobierno, a través de la oficina de Inspecciones y Comisarías. Los siguientes fueron los elementos decomisados y, posteriormente, destruidos: 250 minivolcanes, 24 volcanes grandes, 120 unidades de cinco golpes, 600 voladores, 33 tortas de fuego, 144 chispitas mariposas, 72 bailarinas, 700 totes, 60 satélites, 8 bengalas, 5 choriceras, 2.100 triquitraques y 1.000 fosforitos, que suman 5.116 unidades de juegos pirotécnicos. Estos elementos fueron encontrados a un vendedor de tubérculos (yuca, papa, plátanos).
En la estación ‘Once de Noviembre’ del Cuerpo Oficial de Bomberos se realizó el procedimiento de destrucción de la pólvora incautada hoy, durante los controles efectuados en el centro y en el mercado de Barranquilla, en el cual participaron, además de inspectores de Policía y comisarios de Familia, la Policía Metropolitana de Barranquilla, el Damab y la Personería y Distrital.
“Como se sabe, el material pirotécnico es fabricado a base de fósforo blanco y pólvora negra, el cual representa un peligro inminente al momento de realizar una manipulación indebida, razón por la cual continuaremos realizando estos operativos con el propósito de cumplir con la meta Cero quemados”, dijo Roberto Pérez Caballero, secretario distrital de Gobierno.
No se corrigen los vecinos con la basura
En pleno sector residencial de Villa Carolina, Puerto Alegre y zonas aledañas, casi a diario un basurero va, casa por casa, y en el portón del edificio Puerto Alegre, a recoger las basuras. Los dueños de dichos desperdicios pagan para que los mismos que se llevan su basura, se la tiren a pocos metros de su vivienda.
No meditan sobre el riesgo que corren por el deterioro ambiental y la contaminación que cada día es mayor en Barranquilla. Por eso hay epidemia tras epidemias de gripas que cambian de nombre como las tendencias en las redes sociales.
No está de más recordar que existen normas severas para sancionar tanto a quienes pagan como a quienes botan las basuras en sitios públicos, no destinados como centro de acopio de desperdicios. Para eso se paga, y caro, un servicio de aseo a la Triple A, empresa que, en parte, tiene la culpa porque sus volquetas pasan solo dos o tres días a la semana. Y eso no es suficiente. Alegan que Barranquilla produce mucha basura. Al revés. Es la ciudad que menos desperdicios genera porque, tal vez de manera involuntaria, la gente recicla el papel periódico, las botellas de agua, las bolsas del supermercado y hasta los cartones donde viene el televisor de pantalla plana.
Ejemplar tarea en caños y parques
Además de diversos frentes de trabajo muy eficientes, la alcaldesa de Barranquilla no ha descuidado la tarea de evitar que los caños aledaños al mercado y a la Intendencia Fluvial vuelvan a taponarse y a quedarse con esas aguas podridas.
Tareas que se complementan con el magnífico programa de “Todos al Parque”. Gracias a ello, Barranquilla es hoy una ciudad que luce bonita. Con hermosos parques de juegos atractivos para niños y adultos. Parques que están a disposición de la comunidad en todos los sectores de la ciudad. Por lo tanto, nadie se puede quejar de la ausencia de sitios de recreación para sus hijos. Lo que sobra ahora es parque. Y lo de la limpieza de todos los caños, es algo que redime la belleza de aquella Barranquilla que miraba al Río Magdalena por los caños que la rodeaban. Caños de aguas limpias y con la profundidad suficiente para que circularan no solo canoas, sino hasta lanchas y pequeños barcos.
Es lo que hay que reconocerle a Elsa Noguera. El carácter con el cual lidera su administración. Porque entidades que antes no hacían nada y sus directivos y empleados permanecían con los fundillos pegados a los sillones, ahora tienen que sudar en la calle. Por ejemplo, Gonzalo Baute, director del Foro Hídrico, ha perdido hasta el último pelito de la cabeza, trabajando a sol y sombra, sudado como caballo cochero, vigilando que los parques bajo su responsabilidad estén bien, que la retroexcavadora trabaje sin tregua y que los caños mantengan su agua oxigenada y limpia.
Volvieron los sitios de tertulia
En Barranquilla hubo siempre tertuliaderos gratos y agradables, en donde numerosos personajes (famosos y otros no tan famosos). En su mayoría fueron restaurantes que quedaron en la memoria colectiva de la ciudad, tales como ‘Donde Canta la Rana’, ‘Mi Vaquita’, y el más conocido, el legendario Chop Shuig, en la esquina de la carrera 46 (Olaya Herrera) con la Calle 72. Era, además, un sitio de serenateros. Agradables, porque, entre tanda y tanda de charla, aparecía con su música inmortal el Trío Serenata de Rafael Mejía Romani, o el Trío Los Isleños de Santander Díaz y el negro Gastón Guerrero.

Los sabrosos tertuliaderos en Barranquilla nunca desaparecen, como dice el muy leído periodista y escritor Óscar Montes: «aquí arreglamos el país».
Luego surgió otro tertuliadero nocturnal en la azotea de la cafetería-lonchería El Mediterráneo, (donde hoy está una Olímpica en la 72 con carrera 47), al que Juan Gossaín y el difunto Carlos Lajud Catalán rebautizaron ‘El Senado’, por las interminables discusiones que allí se formaban sobre el tema del día en la ciudad, el país y el mundo.
Como las ciudades nunca pierden su memoria, sus costumbres y legados, siempre habrá estos tertuliaderos. Ahora funcionan en varias cafeterías de los supermercados de grandes superficies. Allí en uno de esos tertuliaderos sorprendimos uno de estos días tirando cátedra a numerosos contertulios, al consagrado periodista sincelejano Óscar Montes. Él vive en Bogotá, pero se la pasa más en Barranquilla. Claro, es que la cabra tira para el Montes.
Y esas son las cosas que barranquilleros que están lejos de su ciudad por diversas circunstancias, añoran. Como le sucede a la apreciada colega Yexenia Díaz Bayuelo, quien nos cuenta que le aterran cosas que suceden aquí como el homicidio del urólogo Luis Abuchaibe.
También desde Estados Unidos nos cuenta sus nostalgias por Barranquilla el inquieto periodista Guillermo Valderrama. Lo que más recuerdan los barranquilleros lejos de su tierra (donde nacieron o donde vivieron los mejores años de su vida), son estas reuniones amenas como las que tanto disfruta ahora aquí el apreciado colega y amigo Óscar Montes, autor de un excelente libro sobre Diomedes Díaz, que ya va para su tercera edición.
Mejoró la vida de numerosos barrios
Hay algo que hace algunos días nos contaba el joven empresario Julio Eduardo Gerlein Villa, y es una grata verdad: el Corredor Portuario no solo le cambió el paisaje a una de las principales entradas a Barranquilla (por el Puente Pumarejo), sino que les devolvió la vida a los numerosos barrios de sus alrededores.

El corredor Portuario fue un gran acierto. Les cambió la vida a los habitantes de sus alrededores que ahora no tienen que caminar por el barro.
Ahora pueden salir con sus togas y largos vestidos negros a recibir sus diplomas, con sus zapatos brillantes de tanto betún y sus medias blancas impecables. Antes eso era imposible. Porque estas vías estaban llenas de barro. La gente tenía que caminar, zapatos en mano, zapateando el barrizal y luego encontrar algo de agua para lavarse los pies y piernas. Así podían llegar al centro de eventos bien calzados a recibir sus diplomas, tal como luce esta familia, que hasta llevan sus globos de colores al aire libre y caminando felices por la zona peatonal.
Ya no hay calles llenas de barro. Ahora, dentro de poco, habrá un parque longitudinal para toda esa zona de Barranquilla. La Alcaldesa quiere que el visitante que entre a la ciudad por ahí, encuentre una ciudad bonita, alegre y acogedora.













