Arte y CulturaCrónicas

EL PRIMER TELEGRAFISTA DE GALERAS: UNA HISTORIA DE AMOR

Por: Samuel Buelvas Ochoa: Docente/Magister/ Docente de artes plásticas facultad de bellas arte universidad del atlántico.


Un día llegó Eligio Márquez a la casa de mi abuela Zoila Sarmiento. Iba de paso para Cartagena, porque tenía que resolver un problema con su hijo Gabriel, que por esos días estudiaba Derecho en la Universidad de Cartagena. Era 1948, y el muchacho —que después sería conocido como Gabriel García Márquez— ya había decidido abandonar los códigos de leyes para seguir los de la escritura y el periodismo, su verdadera vocación.


Eligio, que era el telegrafista oficial de Sincé y Galeras —cuando Galeras todavía era un corrimiento de Sincé—, venía con un propósito: proponerle a Vicentico el cargo de telegrafista en el pueblo.
La relación de mi familia con los Márquez venía de atrás: en las fincas de mis abuelos solía acampar la guerrilla liberal bajo la comandancia del coronel Nicolás Márquez, abuelo de Gabo.
Eligio habló claro con Vicentico:
—Aquí tienes el Código Morse, inventado por Samuel Morse. Son puntos y rayas, señales de luz y de sonido que viajan más rápido que el viento. Mañana, cuando regrese de Cartagena, nos vamos juntos: yo me quedo en Sincé, y tú sigues para Galeras.
Esa noche nadie pudo dormir en la casa. Vicentico, con un zurriago o perrero viejo pero,firme y solido hecho de guayacán. Pasó la noche golpeando y repitiendo punticos y rayas hasta aprendérselo todo. “En una sola noche se aprendió los códigos”, contaba mi abuela con una sonrisa cansada.
Al otro día, trasnochado pero resuelto, emprendió viaje. Eligio se quedó en Sincé, y Vicentico, con el corazón encendido, llegó a Galeras. Su primer telegrama no fue noticia de gobierno ni mensaje oficial:
—Aquí mi superior, tomando cargo. Me ha recibido una hermosa mujer que llaman Cristina… seguiré informando.
Cristina escribía poemas y cartas de amor, y desde ese encuentro nació una historia que mezcló punticos y rayas con versos y papeles perfumados. De ese amor nacieron dos hijas: Zoila, la mayor de todos nosotros, y Benerilda, quien nos terninó de criar con todo el cariño de la familia.
Por eso, el recuerdo que queda no es solo que Vicentico fue el primer telegrafista de Galeras, sino que hizo del telégrafo un instrumento de amor. Entre cables, cartas y poesía, él y Cristina tejieron una vida, y su historia todavía late en la memoria de nuestro pueblo. Y como es la vida yá estas historias son parte del patrimonio culturtal inmaterial de la Humanidad…

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