Se apagan las luces. El público guarda silencio y de repente.. ¡Empieza el espectáculo!
Por William Castro Atencia – Especial para Frecuencia Alternativa y La Cháchara
Por una puerta aparecían los acróbatas improvisando unas cuantas maromas al son de las palmas expectantes. Por esta otra ingresaban los malabares, el mago, la pareja de equilibristas, y así una serie de personajes talentosos que se acoplaban tan solo al pisar juntos el vasto escenario. Mas hubo una tercera puerta iluminada por la que sólo un personaje salió en dirección a la pista central, encerrada en un redondel de arena a la vez encerrado por inmensas carpas multicolores. Era este el payaso: Ser que en todo su esplendor dirigió hasta el final, con mucha entrega y entusiasmo, tan glorioso elenco.
Recuerdo que fue aquella mi primera vez en un circo. Desconozco cuál haya sido su nombre o cómo hubiera impactado al ciudadano barranquillero de la época; en cambio, sé que ello representó una experiencia importante para mí, tras haber revivido hace tan solo unos meses aquel episodio supuestamente olvidado.
Del miércoles 30 de octubre al lunes 4 de noviembre se visionaba la puesta en escena de un Festival de circo que, desde el año 2014 y de manera ininterrumpida, encuentra a Barranquilla como epicentro fundamental para la proyección de esta cultura hacia el Caribe colombiano: El Festival de Circo del Caribe Nariz Roja 2019, en cuyo marco de su sexta edición se proponía llevar cuatro funciones de ensueño a distintos escenarios alternativos de la ciudad, el desarrollo de talleres pedagógicos de circo y una gran gala de clausura.
Siendo la primera vez que asistiera a un festival de características semejantes, donde acaso y solo me fueran familiares los nombres de las entidades asociadas (Luneta 50, Fundación Procenio Teatro, Arro’conmango, La Cháchara, entre otras) como del grupo organizador (Arthur Circus), habría decidido ir en búsqueda del significado que tiene para el artista de circo el realizar esta clase de eventos en Barranquilla, al igual que tras el rastro de esa esencia Caribe que le distingue y otorga cierta particularidad.
Fue así como llegué a la primera jornada del Festival en la que se libró en horas nocturnas la socialización del Laboratorio Nacional de Circo, una iniciativa pedagógica que promueve la formación escénica del público barranquillero en general, a partir de la socialización de experiencias significativas en el área.
La artista invitada este año, Nataly Johana Acosta, tuvo que salir por esa noche de su papel como actriz escénica para asumir el rol de maestra ante las miradas curiosas de los estudiantes de teatro de la Escuela Distrital de Artes y Tradiciones Populares (EDA) sede Salvador Entregas, donde estuvieron dos horas y media prestos a escuchar y volver prácticos sus conocimientos aprendidos por diversas ciudades de Colombia y el exterior.
¿Qué viniste a socializar hoy con lo estudiantes de la EDA?
Nataly Acosta: vine a socializar lo que aprendí y viví en Cúcuta durante nueve días, donde participé del Laboratorio Nacional de Circo organizado por el Ministerio de Cultura.
¿Es cierto que asististe como la única representante de Barranquilla a nivel nacional?
N.A: así es. Como también lo fui a nivel del Caribe colombiano, lo que se debe en gran parte a la escasez de procesos circenses como estos en nuestro territorio.
¿Qué técnicas y saberes trajiste contigo de Cúcuta para reproducir en el Festival?
N.A: Estuve aprendiendo de artistas internacionales que principalmente enseñaban a controlar la tensión en el cuerpo, a moverme con mayor fluidez en el escenario y adaptarme a cualquier condición implicada en el papel. Por eso me dedico también a explorar otras artes como la danza, la música, la instrumentalia, que alimentan cada vez más mi identidad como artista escénica.
Nataly, quien también ha viajado a China para conocer nuevos aspectos llamativos del circo dentro de otras culturas, exige mucha concentración a los estudiantes, quienes por grupos arman un sketch musical, para entregar como resultado final del taller teórico práctico desarrollado en las instalaciones de dicha escuela.
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¡Y al encenderse de nuevo las luces, se entiende que ha iniciado el 6to. Festival de Circo del Caribe Nariz Roja!
A partir del segundo día comienzan las obras del Festival. La cita es en El Bolsillo, Teatro de Bordillo, que dirige Nataly Acosta desde su residencia en el barrio Los Olivos, y en donde esta vez torna su rostro variopinto, como viste de tutú y porta con orgullo la nariz roja para presentar al público infantil un payaso de amplia trayectoria y descendencia artística: El payaso Monedita.
Su nombre real es Miguel Herrera, y, al igual que muchos de sus familiares, ejerce el papel de payaso clown. Su padre, el payaso ‘Carasucia’, es uno de los payasos más antiguos de Barranquilla. Al llegar al escenario, los niños tienen que inclinar la cabeza hacia arriba para descubrir su rostro, pues Monedita, cubierto por un maquillaje de tonalidades rojas que surte de capas blancas y un sinnúmero de figuras negras, constituye el último escalón arquitectónico derivado de sus dos metros de estatura.
«La risa no se busca ni se fuerza, sino que se provoca. Nace de cada uno y cada quien tiene su motivo para sonreír: unos sonríen llorando, otros sonríen a carcajadas», es la frase con la que este payaso de 25 años de trayectoria inicia su obra «Un loco provocador de sonrisas», la cual consta de varios números alusivos a su vida desde antes de volverse payaso, hasta enseñar lo que significa luego para él ese proceso de transición: un juego, un acto de magia, un sueño realizado.
Viste el payaso Monedita de múltiples rayas, al igual que un sombrero que recuerda a los atuendos del emblemático Charles Chaplin. De su cara no dejan de emitir sonrisas con las que emana felicidad y entusiasmo: Dos fórmulas de las que se sirve para transmitir a los niños presentes sus mejores ánimos.
Con «Un loco provocador de sonrisas» el payaso Monedita acaba resumiendo su propia labor, aquella que pese afrontar sendos altibajos a lo largo de su carrera, no por ello deja de dar rienda suelta a la alegría.
El payaso de la magia o el mago de las payasadas
Llegado el tercer día decidí tomar un tren hacia la Estación de los Sueños. Allí me esperaría un amigo, en toda la entrada. Era este un teatro pequeño de alas enormes, donde las artes se respiraban a cada rincón, y al que la gente llegaba entusiasmada por ver el espectáculo del mago Tony Show.
«José Amaya para los conocidos, Tony Show para sus amigos», escuché a alguien decir una vez dentro, donde hallo al artista entre las sombras del escenario reposando imperceptible sobre un taburete, y tan sólo minutos antes de ser anunciado.
«¡Y con ustedes, el mago magordito, Tony Show y su Libro Mágico!», exclaman los payasos de la Fundación La Cháchara, provocando así un estallido de risas y aplausos de parte del público espectador.
Y a medida que iba observando el espectáculo, me fui dando cuenta del significado escondido tras ese libro (que más se parecía al típico cuaderno escolar) en el que mágicas eran las historias que encerraba acerca de cómo alguna vez un niño había decidido a su temprana edad volverse mago por influencia de la abuela, constituyéndose esta en la razón y motivo de su vida.
De su chaleco saca una infinidad de pañuelos coloridos que decide arrojar al suelo sin mayor cuidado. Juega con la mente de los espectadores para que repitan frases y palabras varias. Se hace arrojar una baraja de naipes de la que atrapa la carta que una de sus asistentes hubo de seleccionar al azar y, como fresa del pastel, hace aparecer una paloma blanca de la jaula que segundos previos había mostrado vacía.
Y en medio de tal asombro me encuentro de repente a su lado, junto a dos personas que como yo son partícipes de uno de sus actos, en él adivinaba las caras de una ruleta tragamonedas cuyas imágenes, colgadas de nuestros cuellos, habríamos seleccionado al azar. “¡Tengo la predicción!”, exclama un asistente del público, a quien minutos antes le había entregado una carta con nuestras caras adivinadas.
Mas la grandeza circense de Tony Show no está solo en los trucos de magia que emplea o en el acto de desaparecer y reaparecer frente al público una serie de objetos, sino más bien en la comicidad natural que acompaña cada uno de sus números con los que en últimas se sirve para entretejer historias en las que, como había visto en el show del payaso Monedita, resulta triunfante el artista ante la lucha cotidiana por ser alguien en la vida.
¡Pamplinas, Patrañas y Carcajadas!
Para los días 2 y 3 de noviembre, el Festival seleccionó como tópico de su 4ta. y 5ta. jornada a la Sociedad de Mejoras Públicas de Barranquilla, donde apropiándose del espacio situado a la vera de la Alianza Francesa presentaría las funciones de los payasos Pamplinas y el sr. Patrañas del colectivo Baco, Jarte y Arte, al igual que del payaso Carcajadas Show y su colectivo circense Arroépayaso.
La primera impresión que podía uno llevarse tras llegar al evento era observar a más de un asistente portando una de las geniales narices multicolores que la logística del Festival había optado por ofrecer a un precio módico. «A cinco pesos la nariz, a cinco pesos», se vociferaba en el recinto, con tal de que todos pudiéramos tener el orgullo de portar aquella nariz roja.
La agrupación Baco, Jarte y Arte es procedente de Cúcuta, y sus integrantes Sujelis Rincones y Diógenes Osorio, los payasos Pamplinas y Patrañas, vienen en representación de la misma para impresionar a Barranquilla con sus números de acrobacias en dúo o pulsadas, mediante las cuales consiguen emular distintas figuras que se apoyan en la elasticidad de sus cuerpos, logrando estos conectarse entre sí por un vehículo de intimidad artística.
Tanto la pareja de acróbatas como lo que fuera al día siguiente la función de Carcajadas serían presentadas por el payaso Babú Wasaba, quien detrás de su nariz roja se trata de Braian Aburaad, destacado actor y maestro en arte dramático que viene acompañando al Festival desde episodios anteriores.
Por otro lado, el colectivo Arroépayaso es de Barranquilla. Sus representantes son los payasos Carcajadas Show, Molinito y Caspin, quienes dirigen al día siguiente su obra titulada «Había una vez un circo» hacia un público diverso y curiosamente a la espera de muchas sorpresas.
¡Y qué sorpresas!
La obra de Fabián Alfredo Maldonado, quien hace del payaso Carcajadas desde hace años, había sido aplaudido a lo sumo por todo el público asistente una vez terminada. Era aplaudido incluso por la gente que recién iba pasando por la calle y que de seguro fuera poco lo que hubieran alcanzado a apreciar.
Y ello no era para menos, pues su dinámica cómico-poética para contar la historia de un circo imaginario en decadencia, me habría cautivado al recordarme la clásica película de nombre La strada, en donde el célebre director de cine italiano Federico Fellini nos narra la historia de un circo ambulante, que pese a no hallarse bajo la lona rudimentaria de las carpas multicolores, todavía puede existir y ser igual de grande.
¡La gran varieté francesa en el Caribe!
Y así fue como el Lunes 4 de noviembre había llegado la gran jornada de clausura de esta edición especial del 6to. Festival de Circo del Caribe Nariz Roja, cuyo elenco participativo hasta el día de hoy encontraba lugar de reencuentro en el Escenario Central del incomparable Malecón Puerta de Oro de Barranquilla.
La cita era a las cuatro de la tarde, pero desde las tres y media ya se observaban llenas las graderías. Al pie de todo el montaje realizado por los organizadores, se había extendido una amplia tela roja que todo el tiempo estuvo haciendo las veces de escenario durante los dos días del festival lanzado a las calles.
La puesta de esta clausura iba encaminada hacia la conjugación de la variedad de talentos reunidos este año por el Festival, donde su director, el reconocido payaso y gestor cultural Lucas Castañeda (Lucas Clown) hace finalmente aparición en escena con objeto de consolidar dicho cierre y tributo al payaso Nariz Roja.
¿Cómo nace el festival de circo del Caribe?
Lucas Castañeda: nace en compañía de un amigo llamado José Fernando Martínez (Nariz Roja), quien desafortunadamente murió hace seis años y me quedó como en la espalda la responsabilidad de cumplirle su sueño, que era precisamente hacer este Festival.
¿De qué manera el festival asume un enfoque hacia el circo barranquillero y del Caribe?
L.C: el proyecto empieza a pensarse justamente porque no había un público para el circo en la ciudad, como tampoco unos procesos de circo contemporáneo ni moderno, cosa que a personas como yo que no soy de Barranquilla o el Caribe nos llamó tanto la atención que tuvimos la idea de ser los primeros en tomar tal iniciativa.
¿Qué mejoras o avances presenta este año el festival en comparación con ediciones anteriores?
L.C: afortunadamente cada año siempre hemos tenido apoyo de diferentes entidades, no tanto en dinero sino que por estar dedicados todos a la cultura nos apoyamos en especie prestándonos las herramientas y espacios de trabajo. Más este año en particular el Portafolio de Estímulos de la Secretaría Distrital de Cultura nos ha ayudado a descentralizarnos y lograr presentarnos en cuatro lugares distintos de la ciudad, cuando antes solo nos presentábamos en uno.
Al centro del escenario se van acercando algunos de los artistas del festival para que aquellos que no hubieran podido apreciarlos en su momento pudieran ahora hacerlo: La pareja de acróbatas Pamplinas y Patrañas, y el espectacular Carcajadas Show.
Detrás de esta cola teatral se van sumando al tren de la alegría diferentes artistas locales como Jaír Ibáñez, quien se sirve de su mágica bola de cristal para abrir con un número que deja asombrados a los espectadores; Julio Yánez, por su parte, llega directo desde Europa para impresionarnos a todos con su número de contorsiones, hasta la fantástica presentación de Circo Nutre, el proyecto de circo social dirigido por la artista e investigadora Carolina Duncan que busca rescatar la infancia de una treintena de jóvenes procedentes del barrio Villanueva de Barranquilla a través de las clavas y los malabares.
El festival concluye más que triunfante con el concierto circense de la agrupación barranquillera Viento Recio, que de la mano del maestro Mario Bustillo explora varias técnicas en el teatro como la actuación, los musidramas y las atmósferas del mimo, hasta llegar al clown con la que cada uno de sus integrantes sostiene actualmente una armoniosa relación.
La esencia del circo caribeño, de acuerdo con sus artistas, es el sabor que tanto ellos como el público le ponen a cada espectáculo, donde la música, el carnaval, la magia y el misticismo construyen la idiosincrasia macondiana de un barranquillero que en el alma añora volver a ser niño.











