Se repite la historia del año 1916, cuando sacaron el Cristo Milagroso de la Villa a raíz de una gran creciente que afectó notablemente a los pueblos de las riberas de los ríos san Jorge y Magdalena.
Por: Jhonny Polo

El Milagroso de la Villa, recorriendo las calles
Una pandemia ha cobrado miles de vidas en el mundo entero; la economía rueda dando tumbos, dejando en ascuas las bases sobre las que se ha cimentado la sociedad moderna. Es en estos momentos donde la fe debe ser un bálsamo de esperanza.
En el año 1522 una terrible plaga azotó violentamente la ciudad de Roma. Los frailes de los Siervos de María, quizás en un desesperado impulso de fe, tomaron el crucifijo de la iglesia San Marcelo y lo llevaronen procesión hasta la Basílica de San Pedro. El Cristo al que consideraban milagroso fue paseado durante varios días recorriendo toda la zona de Roma y, cuando regresó a su lugar habitual, la plaga cesó completamente y Roma se salvó del exterminio.
Llegado a este punto,me permito hacer un paralelo, que en otras circunstancias parecería arbitrario y descabellado. La mañana del viernes santo amaneció alegre en el pueblo de San Benito Sucre. El rostro de la gente desbordaba de alegría a pesar de la cuarentena que se vive en el territorio colombiano.

El Milagroso de la Villa, salió a las calle por un hecho extraordinario
Pequeños altares con límpidos manteles; la imagen de Jesús al lado de un vaso de agua y decenas de banderines blancos, adornaban los frentes de las casas. No era para menos, pues se había anunciado con anterioridad que en este día, como un hecho infrecuente, el milagroso sería paseado en procesión por las principales calles del pueblo, para que así como el crucifijo de la iglesia de San Marcelo, éste nos libre de la pandemia.
El negrito de la villa, como le llaman con afecto de fe al Cristo que lleva más de tres siglos atrayendo a fieles de todos los rincones de la costa, ya había salido en extraordinarias ocasiones; en el año 1916, en los albores del S. XX, se presentó una gran creciente que afectó notablemente a los pueblos de las riberas de los ríos san Jorge y Magdalena.
Un sacerdote español solicitó permiso a las autoridades eclesiásticas para sacar el milagroso. Fue así como en medio de una multitud expectante, el cristo fue bajado de su pedestal y llevado en procesión a la orilla de la ciénaga. Ahí, le sobaron un algodón por los pies clavados y lanzaron la pequeña mota hacía el cauce. Al cabo de un rato, las aguas comenzaban a ceder y las pequeñas islas que emergían del territorio inundado, atestiguaban el gran milagro.
Hasta hoy Sucre y San Benito están libres del COVID-19, sin embargo, el Cristo fue paseado por todo el pueblo para implorar por la salud del mundo entero.











