Por: Óscar Arias Díaz
Nunca es tarde para dialogar sobre el séptimo arte y, tal vez, esperé que la marea bajara un poco para generar estas líneas. Solo el tiempo dirá si fue una decisión adecuada o errónea.
En algún momento de 2005 era igual de ingenuo que el Peter Parker que interpreta Tom Holland. Con el tiempo seguramente comencé a ganar experiencia en distintos rasgos de mi propia existencia. El personaje creado por Stan Lee y Avi Arad, quien funge como productor, consultor y prácticamente se le dedica el film.
Esta vez se utilizan todas las versiones fílmicas generadas, desde aquel momento que fue estrenada la versión de Sam Raimi en las salas de cine por allá en el 2001, cuando vivíamos momentos posteriores al ataque a las torres gemelas y la humanidad no tenía idea de los avances tecnológicos, políticos, sociales y culturales que se avecinaban. Mucho menos de la Pandemia que aún estamos sobrellevando.
“Spider-man: No way home”, juega con todo lo narrativo de las anteriores entregas, sumando personajes, villanos, situaciones y secuencias que se destacan, pero terminan siendo un “mash up” del que nos está comenzando a acostumbrar esta nueva etapa del Marvel Cinematic Universe (MCU), la nostalgia, el recuerdo y las formas de comunicación desde el universo digital nos entrelazan desde las redes sociales, memes, bases de fanáticos, pasando por el “placer culposo“ (“guilty pleasure”) de conocer las historias detrás de las cámaras.
Registradas con las inseguridades de los actores (Tobey Maguire, Andrew Garfield y Tom Holland), en algunas de las líneas de diálogo que transcurren en la película y que fueron dejando huella, en la franquicia que siguen disputándose Sony y Marvel Studios.
Williem Dafoe y Andrew Garfield se convierten en el hilo invisible que giran dentro del segundo acto donde el enfrentamiento entre Spider-Man y el Dr. Strange, es un plato fuerte para los amantes de las secuencias de acción, VFX y batallas entre estos dos personajes que han venido a ser piezas claves en ese engranaje que busca encontrar nuevos logros dentro del género de superhéroes, que parece desgastarse ante cada entrega de los colosos de Marvel o DC.
Hay un susurro al oído tanto a los fanáticos nuevos como aquellos de la vieja escuela de los comics o de las entregas cinematográficas. A pesar, de esto los vacíos dentro de la trama, la excesiva utilización de “Deux ex machina”, revelaciones sin mayor sentido, «comic relief» entre diálogo y diálogo. Hace que esta nueva entrega de Spider-Man sea una más dentro del abanico de posibilidades desarrolladas a lo largo de los años.
De esta trilogía de Spider-Man se puede leer que el personaje interpretado por Holland es incapaz de mantener un protagónico por sí solo, y no es cuestión del personaje. Sin entrar en comparaciones innecesarias Timothée Chalamet construye sus personajes de una manera creíble, interesante y es capaz de llevar el metraje entero de un largo de 90, 120 o incluso sobrepasar el ritmo y reto que conlleva mantener el interés de las audiencias hoy en día. Lo siento, pero Holland no ha encontrado su potencia interpretativa y por eso necesitaba de personajes que lo llevaran de la mano en las anteriores entregas, como lo fue Iron Man, Nick Fury y en esta ocasión el Dr. Strange.
Amanecerá y veremos qué pasará en el futuro de ese vecino amigable. Por ahora, la película entró al “Billion Dollars Club” (medición que se tiene en cuenta sobre los números en taquilla y que superan el billón de dólares en recaudación) y sigue avanzando o tejiendo las redes en las taquillas a lo largo y ancho del mundo. Ahora bien, al seguir el rastro de las telarañas de ese vecino amigable (“your friendly neighborhood”), los fanáticos y espectadores han dado su veredicto en distintas páginas donde la valoración va más allá de la crítica que busca revelar análisis, juicios y criterios, que van más allá del placer o afinidad a las historias o personajes.
De esta manera la industria en cada uno de sus eslabones logra revitalizarse tras el paso de la pandemia, el coronavirus y los nuevos contagios que se están dando a la fecha. Esto demuestra que a pesar de las adversidades el cine sigue y seguirá estando más vivo que nunca sin importar el tamaño de la pantalla y al final del día son las historias las que hacen que pequeños, adultos o ancianos vayan a la sala oscura a dejar atrás la realidad de nuestros días y dejarse llevar por tramas, argumentos y personajes. Al final del día estamos en esa “Cultura Snack”, referida por el investigador Carlos A Scolari donde de alguna manera todos somos testigos y participes de los relatos generados por las interfaces, medios, personajes y realidades tanto como espectadores, fanáticos o simplemente como espectadores de lo que está en las imágenes y sonidos del séptimo arte contemporáneo.
Lo bueno: Completa y entretenida. Ver las salas con público siempre es un motivo de alegría para aquellos cineastas que buscamos contar historias a través del séptimo arte. Aún está en cartelera en su sala de cine más cercana, si es fanático o simplemente busca pasar un buen rato, apoye la reactivación y sea testigo de un momento histórico para el cine. Todos sumamos para mantener la experiencia cinematográfica en las salas, teatros o multiplex.
Lo malo: Cae en los mismos escenarios comunes, inocente, ingenuos y en algún momento ilógicos bajo la excusa es que todo es por arte de magia. El truco del conejo debajo del sombrero hace que la historia sea predecible.











