Si la necesidad no habitara en nosotros, seríamos un comodín más del mundo que nos rodea.
Por: Gersón De Jesús Brugés González – chacharero
María José Márquez es una joven talentosa chica de apenas 15 años quien sin preguntárselo solo con mirarla describe una tristeza profunda.
La conocí durante la presentación de un programa deportivo en el complejo del Pibe Valderrama al sur de la ciudad de Barranquilla. Me senté en el suelo de cemento el cual era la pista de patinaje del club Leopardo. No supe que era un estrobo hasta que terminé la entrevista, una intromisión ignorante de mi parte, el único recuerdo amargo que me llevé fue la descripción de una joven promesa del deporte que dice: “Nosotros no llegaremos lejos porque en el sur hay hambre”.
Esta frase salió de su boca pero fue puesta en su mente por un elitista depredador de un club de patinaje del norte. Si la tristeza de ella fue notable, no pueden imaginarse la de este autor la cual lo único que pude hacer para llamar la atención de los espectadores es escribir.
Un gran complejo deportivo es el legado del Pibe que ha motivado a cientos de chicos del sur de la ciudad para que tengan la oportunidad de pertenecer a un equipo de fútbol, baloncesto o tenis, sin dudas al caminar por el inmenso campo pude ver rostros de niños quemados por el sol, con camisetas del Junior de Barranquilla y Barcelona corriendo de una lado para el otro, madres sentadas en las gradas con termos de aguas y pañuelos, su semblante era de cansancio y fatiga. El sol era implacable tanto en tierra como en grama sintética los grupos de jóvenes discutían sus puestos y no se los dejaban quitar tan fácil.
Seguí caminando lentamente por todo el lugar, la brisa plagada de arena no me dejaba casi abrir los ojos, trataba de identificar qué deportes se practican además del tan popular fútbol. A lo lejos pude ver a dos jóvenes chicas delgadas y morenas con cascos plateados y rayas verdes fosforescentes; al instante me extrañé que solo dos chicas estaban allí e identifiqué que eran de patinaje, pero no comprendía en qué lugar estaba la pista de entrenamiento. Por eso pasé por ignorante cuando la entrevisté, porque la dichosa pista era el camino de entrada de carros, motos y personas que ingresaban al complejo para dirigirse a las canchas. Estaba pisando su espacio, esa era una de las razones por las que los jóvenes se sienten menos: primero, porque no son tenidos en cuenta; y segundo, porque no le dan ningún mérito o importancia a sus sitios de entrenamiento.
Al encuentro pude dialogar con Enrique Barros Posada, entrenador del club de patinaje de Leopardos del Sur, un señor alto, moreno y con determinación al hablar. Sus palabras fueron tan claras y concisas, su amor al deporte es quien lo motiva, darle la oportunidad a chicos de los barrios: 7 de Abril, Las Moras, Los robles, entre otros, embarga su corazón de orgullo para seguir esforzándose cada tarde al llegar al complejo y tener que poner cada cono verde en la supuesta pista de entrenamiento igual que un niño se da espacio entre los adultos para poner sus juguetes y llamar a gritos la atención de los espectadores quienes puedan girar su cabeza y observar que existen en medio de la multitud.

Ana Ramírez es una joven miembro del club que cursa octavo grado su familia la apoya diariamente para que nunca deje de practicar el deporte que venció sus miedos.
Duré tan solo cinco minutos hablando con María José Márquez. Cada repuesta era peor que la anterior. Solo afirmaba la inmensa tristeza que tienen los jóvenes del sur al no tener la oportunidad de llegar lejos por sus propios medios, un deporte tan difícil como el patinaje en Barranquilla no es una gran esperanza que llene su semblante de emoción, más si estos chicos observan el entorno donde viven y las personas que los determinan e influyen, es ilógico que un entrenador de otro club tengan el derecho de discriminarlos al llamarlos hambrientos porque viven en el sur apagando sus sueños por su nivel socioeconómico.
Los minutos de la entrevista los sentía eternos, a pesar que fue corta no me servía para plasmarlo en una entrevista, era demasiado triste para redactarla pero tenía que expresarlo. La gran responsabilidad que ejercen los entrenadores al llenar los corazones jóvenes de ánimo y entusiasmo para salir adelante más sin son chicos que no tienen recursos para pertenecer a un club de alta alcurnia.
Esto me hace recordar que los grandes deportistas de nuestro país no viene de cuna de oro. Cada medalla y triunfo fue honrado con sudor y lágrimas, y con mucha hambre.












