Con su quinta edición, denominada «El Carrito Cambambero», el Festival Circense de Bordillos recorrerá del 3 al 8 de noviembre distintos escenarios de Barranquilla y las comunidades de Guaimaral, Cuatro Bocas y Chorros de San Luis, en el municipio de Tubará, Atlántico. Una apuesta por la descentralización cultural que convierte calles, parques y espacios comunitarios en pistas de circo.

Todo comenzó en El Bolsillo, una calle cerrada del barrio Los Olivos, en el suroccidente de Barranquilla. En 2022, una intervención artística que surgió para responder a una necesidad comunitaria terminó convirtiéndose en la semilla de un proyecto cultural que hoy celebra cinco ediciones.
Con un montaje sencillo, artistas dispuestos a compartir su trabajo y una comunidad que encontró en la calle un lugar para reunirse, nació el Festival Circense de Bordillos. Aquella primera experiencia permitió reconocer que los espacios cotidianos también podían convertirse en escenarios para las artes y que el circo tenía la capacidad de acercarse a públicos que difícilmente accedían a este tipo de espectáculos.


Para Nátaly Acosta Guzmán, directora del festival y del Colectivo Artístico La Cambamba, elegir la calle como escenario no fue una decisión casual. Tiene que ver con la manera en que los habitantes del Caribe viven y se relacionan con el espacio público.
«Somos hijos del Carnaval. En Barranquilla, la calle no es solamente un lugar de tránsito: es donde nos encontramos, celebramos y vivimos nuestra cultura. El Carnaval nos ha enseñado que la calle también es un espacio para ser, y creo que el circo comparte esa misma posibilidad. La calle es nuestra», expresa la directora.
Desde entonces, el festival ha desarrollado cinco ediciones con propuestas artísticas diversas, manteniendo una misma premisa: llevar el circo a espacios no convencionales y reconocer el bordillo como un lugar de encuentro entre artistas, comunidades y territorios.
El Carrito Cambambero: un circo que viaja y se multiplica
Para su quinta edición, el festival adopta el nombre El Carrito Cambambero, una imagen que recoge el espíritu itinerante, colectivo y festivo de la propuesta.
«Siempre hemos tenido en la cabeza esa imagen del carrito de payasos del que comienzan a bajarse muchas personas. Así imaginamos el festival: un carrito que llega a un territorio y del que salen artistas, personajes, historias y muchas formas de hacer circo. Es una cambamba, una fiesta colectiva», explica Acosta.
La programación reúne cerca de 40 artistas vinculados a diferentes disciplinas y procesos de creación, entre ellos payasería, magia, malabares, acrobacia y circo social. Algunas de las propuestas también dialogan con el Carnaval de Barranquilla, una celebración que comparte con el circo su relación histórica con la calle, el cuerpo, el juego y la transformación de lo cotidiano.
El circo llega a Guaimaral, Cuatro Bocas y Chorros de San Luis, en Tubará
Uno de los componentes centrales de esta edición es la circulación artística territorial, que se realiza gracias al apoyo del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, a través del Programa Nacional de Estímulos 2026, en la convocatoria de dinamización de espacios culturales.
Este respaldo hace posible la realización de presentaciones en Guaimaral, Cuatro Bocas y Chorros de San Luis, tres comunidades del municipio de Tubará, Atlántico, así como en El Bolsillo, ubicado en el barrio Los Olivos, en el suroccidente de Barranquilla.


Cada uno de estos lugares tiene una relación particular con el territorio y la vida comunitaria. En Guaimaral, las actividades se desarrollarán en un espacio abierto entre montañas; en Cuatro Bocas, el circo llegará al lugar que sus habitantes reconocen como el parque, punto de encuentro de los niños y las familias; y en Chorros de San Luis, las presentaciones tendrán lugar en un espacio comunitario rodeado de naturaleza.
Por su parte, El Bolsillo representa un escenario especialmente significativo para el festival, pues fue allí donde comenzaron las intervenciones circenses que dieron origen a esta iniciativa cultural.
«No estamos llegando por primera vez a todas estas comunidades. Ya hemos realizado actividades y hemos intentado construir procesos junto a las personas que trabajan por sus territorios. Son lugares a los que no llega con frecuencia este tipo de programación artística y para nosotros es muy significativo poder regresar», señala la directora.
En Guaimaral, por ejemplo, el proceso ha contado con la articulación comunitaria de Flor Martínez, de Magic Flow Yoga, quien ha acompañado diferentes iniciativas culturales en el territorio. En El Bolsillo, por su parte, se mantiene el vínculo con la comunidad donde nació el festival.
Las presentaciones no buscan únicamente ofrecer espectáculos, sino también fortalecer el reconocimiento de estos lugares como escenarios culturales, promover la participación de las comunidades y generar oportunidades de circulación para los artistas del departamento.
Cinco ediciones: el desafío de sostener un festival en las periferias
La realización de esta quinta edición también cuenta con el apoyo de la Alcaldía de Barranquilla, a través de la Secretaría Distrital de Cultura y Patrimonio y su Portafolio Distrital de Estímulos 2026, que respalda otras actividades de la programación desarrolladas en la ciudad.
Ambos apoyos institucionales permiten dar continuidad a un proceso que ha crecido desde la autogestión y las alianzas comunitarias.
«Sostener un festival durante cinco ediciones no es sencillo, mucho menos cuando hablamos de movilizar cerca de 40 artistas y llegar a distintos territorios. Estos estímulos significan continuidad. Nos permiten seguir creando, garantizar espacios de circulación y sentir que hay un respaldo para continuar construyendo», afirma Acosta.
Para la directora, uno de los desafíos del sector cultural sigue siendo la concentración de la programación artística en determinados sectores de Barranquilla, mientras que numerosas comunidades periféricas cuentan con una oferta cultural limitada y carecen de infraestructura adecuada para las artes escénicas.


«Muchas veces esperamos que las personas se desplacen hasta los espacios donde se concentra la oferta cultural, pero ¿qué pasa con quienes no pueden hacerlo? Nuestro festival busca justamente lo contrario: llevar el arte hasta donde están las comunidades. Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña», comenta.
En este sentido, el Festival Circense de Bordillos ha construido una propuesta que entiende la circulación artística no solamente como el desplazamiento de espectáculos, sino como una oportunidad para descentralizar el acceso a la cultura y fortalecer las relaciones entre artistas y comunidades.
Un festival que las comunidades esperan
Después de cinco ediciones, el festival ha comenzado a consolidarse como un referente para el sector circense del Atlántico. Su permanencia también ha generado vínculos con comunidades que esperan cada año el regreso de los artistas.


«Hay lugares donde nos preguntan cuándo vuelve el festival. Para mí eso es muy significativo, porque quiere decir que algo de lo que hemos construido permanece. También siento que dentro del gremio circense se ha generado una apropiación: hay un festival que sigue existiendo, que está abriendo espacios y que reconoce el trabajo de los artistas», expresa su directora.
Aunque las condiciones de financiación han determinado que algunos escenarios cambien entre una edición y otra, el festival ha mantenido su compromiso con las comunidades y con la búsqueda de nuevas formas de circulación artística.
Para Acosta, el mayor legado no se mide únicamente en el número de funciones realizadas o de espectadores alcanzados, sino en las posibilidades que se abren cuando una persona descubre el circo.
«Me gustaría que las personas se quedaran con la idea de que el circo es un espacio para soñar, pero sobre todo un espacio abierto para todos. El circo no distingue géneros, razas, colores ni tipos de cuerpo. Todos podemos encontrar un lugar en él».
Programación del Festival Circense de Bordillos: del 3 al 8 de noviembre
La quinta edición de El Carrito Cambambero contará con presentaciones gratuitas en distintos espacios comunitarios de Barranquilla y del municipio de Tubará.
Martes 3 de noviembre · 4:00 p. m.
La Troja, Barranquilla — Todos al semáforo
- Martha y Dous — intervención circense de calle.
Miércoles 4 de noviembre · 4:00 p. m.
Catedral, Barranquilla — Todos al semáforo
- María Rocío y Jorge Palma — intervención circense de calle.
Jueves 5 de noviembre · hora no indicada en la parrilla
Paseo Bolívar, Barranquilla — El Ruedo
- Laboratorio Circense de Calle / Duncan Play Ful Circus — El Ruedo.
Viernes 6 de noviembre · hora por confirmar
Fundación Lugar de Encuentro, San Roque, Barranquilla
- Payaso Lechuga — Lechuga a la Carta.
Sábado 7 de noviembre · 9:00 a. m.
Chorros de San Luis, municipio de Tubará
- Payaso Lechuga — Lechuga a la Carta.
- Pelu Clown — Rondas de juego.
- Meriam — Muestra de hulas.
Sábado 7 de noviembre · 6:00 p. m.
El Bolsillo, barrio Los Olivos, Barranquilla
- Fundación Sanarte — Prinz, el tesoro escondido.
- Colectivo Artístico La Cambamba — Pelu no fue elegida.
- Show de fuego – Fogus
Domingo 8 de noviembre · 9:00 a. m.
Guaimaral, municipio de Tubará
- Carcajadas Show — Yo el Circo.
- La Maga Mía — Danza Mágica de Colores.
- Pelu Clown — Rondas de juego.
Domingo 8 de noviembre · 2:00 p. m.
Cuatro Bocas, municipio de Tubará
- Payaso Lechuga — Lechuga a la Carta.
- Payaso Dogorín — Rondas de juego.
- Gabriel Barceló — Show de Acrobacia.
Domingo 8 de noviembre · 4:30 p. m.
BibloPaz, Barranquilla — Varieté de cierre
- Varieté circense con artistas seleccionados mediante convocatoria.
Las jornadas de Chorros de San Luis, Guaimaral, Cuatro Bocas y El Bolsillo hacen parte de la circulación territorial apoyada por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Las demás actividades en Barranquilla se desarrollan con el respaldo de la Secretaría Distrital de Cultura y Patrimonio.
Todas las actividades son gratuitas, con donación voluntaria, y están dirigidas a niños, jóvenes, familias y públicos de todas las edades.
El festival invita a las comunidades a acercarse, compartir y disfrutar de una programación que demuestra que para vivir el circo no siempre hace falta un teatro: a veces basta un bordillo, un grupo de artistas y una comunidad dispuesta a encontrarse.
Porque para que exista una pista de circo no siempre se necesita una carpa. A veces basta un bordillo y una comunidad dispuesta a soñar.

Este contenido hace parte de una serie periodística realizada por la Fundación La Cháchara, como un proyecto ganador de la “Beca para la producción de contenidos audiovisuales para la promoción del arte, la cultura y el patrimonio en el Distrito de Barranquilla», del Programa Distrital de Estímulos 2026 de la Secretaría de Cultura y Patrimonio de Barranquilla.











