Este jueves los 8 gobernadores caribeños colombianos llevan a la pila bautismal la RAPCaribe para planificar su propio desarrollo y destino.
Por Rafael Sarmiento Coley
Sobra decir que los precursores del anhelo regional de planear su propio desarrollo nació de la añeja Liga Costeña de 1928, que recogieron los 13 Constituyentes costeños de 1991 para plasmar en la nueva Constitución Nacional los dos artículos (el 306 y 307) que crean, sucesivamente, las Región Administrativa y de Planificación (RAP) y la Región como Entidad Territorial (RET).
Es lo que harán este jueves en el auditorio de la Universidad del Atlántico, a partir de las ocho de la mañana, los mandatarios de Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena, Sucre y San Andrés: estampar su firma y poner en marcha la RAP del Caribe Colombiano, luego de que el Congreso de la República, con 26 años de atraso, aprobara la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (Loot), Ley 1454 de 2011 en cuyos artículos 10 y 30 da vía libre a la primera RAP oficial.
Es “el acto formal de constitución de la RAP”, según la Secretaria de Planeación Departamental Cecilia Arango. “No es justo que las regiones tengan que vivir pasando el sombrero para que el Estado Central sea un poco más generoso con el Sistema General de Participación. Está bien que haya caja única, pero que se reparta en forma más justa para así de verdad cerrar la brecha entre la abundancia y la pobreza absoluta”.
Mucha pobreza absoluta

Eduardo Verano De la Rosa y Dumet Turbay, los dos mandatarios seccionales que decidieron ponerse la camiseta para darle forma a la RAPCaribe y, con la motivación de los otros seis mandatarios locales, sacaron adelante esta vital iniciativa.
Según el Constituyente del 91 y actual gobernador del Atlántico Eduardo Verano De la Rosa, “la Carta Política de 1991 establece un derrotero hacia la descentralización en estos dos artículos (306 y 307) cuando menciona que dos o más departamentos podrán constituirse en regiones administrativas con personería jurídica, autonomía y patrimonio propio”.
Esta figura asociativa, según Verano De la Rosa, “permitirá consolidar un equipo que tenga la responsabilidad de identificar, planificar y gestionar recursos para la ejecución de proyectos de impacto regional que ayuden a reducir las desigualdades que existen entre el centro del país y los territorios que hacen parte de la periferia”.
Además, “se enfocará en superar la pobreza debido a que 161 municipios, de los 194 que tiene la Región, tienen el 83 % de sus habitantes padeciendo de pobreza multidimensional. Es decir, el acceso a la educación, la salud; entre otros aspectos, es deficiente. Un hecho insólito es que el Caribe tiene el 22% de la población del país y tan solo maneja el 14% del Producto Interno Bruto (PIB) Nacional; además, según cifras del Dane, el 49 % de los habitantes de esta zona están en el rango de pobreza y 28 % en pobreza extrema”, precisó el mandatario anfitrión
“De aquí nace la necesidad de manejar nuestros asuntos porque el Gobierno central se ha convertido en un ente burocrático paquidérmico que no puede atender las necesidades de las regiones de una manera eficiente y eficaz”, puntualizó Verano
Un Estado cabezón
Ya está de sobra comprobado que el manejo político-administrativo colombiano excesivamente centralista no funcionó. Y no funcionó porque en los últimos 40 años cada Ministro de Hacienda, incluyendo al haragán y cuestionado Mauricio Cárdenas, se empeñó en recortar más las alas de la autonomía regional para manejar todo desde el centro.
De tal manera que las regiones presentaban al Conpes proyectos de gran impacto regional, pero como el grupo mezquino que maneja las políticas económicas y sociales de un Estado macrocefálico no tenía la menor idea de la importancia de dichos proyectos para las regiones, los recortaba o los ‘planificaba’ a su antojo.
No es un cuento costeño
En el encuentro de este miércoles en el ‘Café La Tagua’ el presidente de la RAP del Pacífico, Camilo Lloreda (entidad que reúne a los departamentos de Chocó, Nariño, Cauca y Valle del Cauca), precisó con claridad meridiana que “las regiones son las que, con autonomía, pueden presentar proyectos viables, hacerles seguimiento en todas las instancias del poder central, y sacarlos adelante”.

Ana María Aristizábal, subdirectora de proyectos regionales de la Federación Nacional de Departamentos (FND).
“Lo que procuramos es que haya un círculo virtuoso con los gobiernos seccionales, el Estado Central, la academia, el sector político y los medios de comunicación”, sostiene Cecilia Arango. No como ahora, que lo que existe es un círculo vicioso en el cual desde el centro, desde la cabeza de ese estado deforme con una cabezota y un cuerpo esquelético, destinan migajas para las regiones, de tal manera que por el Sistema General de Participación las regiones pierden anualmente 200 billones de pesos.
Que es un cuento costeño. No. No es un embeleco del Caribe colombiana, tal como lo han venido expresando las distintas regiones.
El manido argumento es que en las regiones todavía no hay madurez suficiente como para administrar su propio desarrollo, y al llegarle más recursos, se dispararían los niveles de corrupción.
Pero no sería un desangre tan abundante y grotesco como el que se da desde el Estado Central y cabezón, cuando todos los días sale un nuevo escándalo por sobrecostos en Reficar en donde está implicado el propio Minhacienda que tanto desprecia a las regiones; la millonaria venta de Isagen disque para poner en marcha la locomotora de las vías de cuarta generación y resulta que esa enorme suma de dinero fue utilizada para campañas políticas, así como los dineros por sobornos para todo el mundo en el Estado Central por parte de la multinacional brasilera Odebrecht.
La prioridad

Aquí está parte del numeroso equipo de los ocho departamentos del Caribe colombiano que se la juegan por una RAPCaribe actuante y dinámica. Que acaba con las injusticias sociales de la región.
El grito sonoro y fuerte (no vagabundo) que hoy pega la Costa es por lograr el derecho a apalancar proyectos regionales. Establecer fondos de compensación regional para cerrar la brecha.
Definir desde la periferia unas políticas de Estado más justas y democráticas. Impedir que el Estado colombiano abone el terreno para el triunfo de un gobierno populista que nos asemeje a la triste suerte del vecino.
Y para que ello no ocurra el Estado colombiano tiene que reducir su centralismo. Ponerle fin al Estado macrocefálico, permitir que las regiones tengan su propia hoja de ruta y sean dueños de su propio destino, sin estar pasándole el sombrero al Mauricio Cárdenas de turno, como si todos los impuestos, regalías por explotaciones de recursos renovables y no renovables se produjeran en una Bogotá caótica y desordenada por la malversación de fondos en situaciones tan vergonzantes como no se ven en ninguna ciudad intermedia de Colombia. Entre otras cosas porque Bogotá maneja todos los recursos que usted quiera. Es la cabeza del centralismo. Es la despensa mayor de la mermelada para los que aprueban las leyes que favorecen el centralismo.
Todo ese estado de cosas es lo que facilita que en algunos Estados del vecindario se monten en el poder personajes tipo Bucaram o el Maduro que está casi podrido pero no se cae porque lo mantiene en pie el pajarito de Chávez.
Eso se discutió en 1991
En febrero de 1991, poco antes de viajar a Bogotá a concentrarse en las deliberaciones para discutir los textos de la nueva Carta Magna de Colombia, se llevó a cabo en Cartagena, en la que fuera la casa de Rafael Núñez, en el barrio El Cabrero, una importante región.
La reunión tuvo el valor histórico de haberse realizado en la casa del llamado ‘Pensador de El Cabrero’, el único costeño que fue cuatro veces Presidente de la República, autor de la Constitución de 1.889 que recibiría cristiana sepultura en 1991, por parte de los Constituyentes del 91, entre ellos los 13 costeños que se reunieron allí, en aquella casa histórica.
Los constituyentes costeños del 91 fueron: Carlos Daniel Abello Roca, Raimundo Emiliani Román, Eduardo Espinosa Facio-Lince, <Orlando Fals Borda, Juan B. Fernández Renowitzky, Guillermo Guerrero Figueroa, Hernando Herrera Vergara José Matías Ortíz Sarmiento, Jesús Pérez González-Rubio, Héctor Pineda Salazar, Carlos Rodado Noriega, Julio Salgado Vásquez, y Eduardo Verano De la Rosa (actual Gobernador del Atlántico, y motor indiscutible de este empeño por dar el grito Caribe).











