La vida de Guillermo Valero Corozo en los medios comenzó de teletipista en la desaparecida Telecom. Era el mejor aliado y apoyo para los periodistas que acudíamos a transmitir nuestras informaciones.
Por Álvaro Cotes Córdoba/Chachareros

Guillermo Valero Corzo, consagrado periodista quien falleció este martes en Barranquilla,a los 78 años, de una deficiencia cardíaca.
Guillermo Valero Corzo fue todo un personaje desde cuando llegó al periodismo en Santa Marta entre los años 1989 y 1990. Ejerció la profesión después de que salió pensionado en Telecom. Yo lo conocí por primera vez, cuando llegué a reemplazarlo en la corresponsalía de El Heraldo en el Magdalena, en 1990. En el traspaso del puesto, me dio las primeras instrucciones de cómo manejar el télex, la máquina que en el entonces se utilizaba para enviar las noticias redactadas al mejor diario costeño.
De las anécdotas más graciosas que recuerdo de Guillermo, todas tienen que ver con el ejercicio de la profesión, de la cual era muy diligente y perspicaz. Una de ellas es que, cuando terminaba una rueda de prensa con algún funcionario, él seguía preguntándole a ese funcionario por más de una hora.
«Un día le dejó la grabadora a uno que estaba entrevistando y lo dejó solo y el que fue habló como loro y cuando Guillermo regresó, le preguntó si tenía algo más qué agregar», recordó Mercedes, otra colega que lo conoció también.
Hoy conocimos en Santa Marta que falleció de un infarto, a los 78 años, en Barranquilla, en donde había estado viviendo desde hacía mucho tiempo, desde cuando se trasladó hasta esa ciudad para laborar en la corresponsalía de un periódico capitalino.
Guillo y Lachachara.co

Lo que más identificaba a Guillermo Valero Corzo era su innato sentido del humor. Siempre salía con la pregunta fuera de lo común al personaje de turno.
El director de este portal conoció a Guillo, como él mismo quiso que lo llamara desde cuando nos conocimos, porque, de antemano, me advirtió que nunca me llamaría por mi nombre sino por mi seudónimo, ‘El Búho’, columna que en ese entonces escribía en el desaparecido Diario del Caribe de Barranquilla. Fuimos, Jairo ‘El Gancho’ Buitrago y ‘El Búho’, a un cubrimiento previo a una cumbre Bolivariana en la Quinta de San Pedro Alejandrino, remodelada como Dios manda con el liderazgo del gobernador del turno, doctor Vives, director-fundador de El Informador.
Desde entonces cada visita nuestra a Santa Marta, ya para cubrir en evento deportivo para RCN, un foro regional para Diario Del Caribe y más tarde con El Tiempo y luego con El Heraldo, terminaba en un ameno sancocho de sábalo en la acogedora residencia de Guillo, con unas cuantas ‘águilas voladoras’, porque de ahí él tenía que regresar a su exigente oficio de atender los teletipos para servir a los reporteros que llegábamos a la ciudad a cubrir un evento,
¡Qué excelente anfitrión y guía magnífico tuvimos los periodistas foráneos durante muchos años! Hasta cuando, en busca de un mundo mejor, se trasladó a Barranquilla en donde el gremio se lo gozaba de lo lindo por sus preguntas inesperadas. Como cuando le preguntó a Carlos Lleras Restrepo, en plena campaña para su frustrada reelección, “Oiga, doctor Lleras, ¿usted no teme morir del corazón con tanta rabia que coge?”. Carlos Lleras se lo quedó mirando muy serio, y doña De la Fuentes de Lleras, le pisó la punta del zapato para que no saliera con una grosería. El pisón fue tan fuerte, que le lastimó un callo, y Lleras, que había sido boxeador y posaba de muy macho, pasó el golpe con un “¡AY! Me ha jodido usted con una pregunta que no puedo responder porque esas rabietas mías son calumnias de la oposición”.
Y pensar que quien murió del corazón fue Guillo, un hombre a quien jamás se le vio con rabia, todo lo contrario, siempre con un estupendo y grato buen humor, aun ante los personajes del talante de cascarrabias como Lleras Restrepo. Paz en su tumbo, querido Guillo, y no te pongas a mamar gallo en el Cielo, porque te devuelven, y no son tiempos muy buenos acá en la tierra con ese Coronavirus que tiene a la humanidad de rodillas. ¡Quédate quieto allá!











