Una vez más queda demostrado que mezclar fanatismo religioso y político es la bomba más dañina que se han inventado los miserables líderes de esas sectas.
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Ilustración por David Pope[/caption]
Ninguna secta religiosa, por dañina y detestable que sea, puede abrogarse el derecho de tomar justicia por su propia mano, en un mundo civilizado, que dando tumbos, ha avanzado hacia una humanización que permita convivir en un planeta cada vez en más dificultades.
Quienes asesinaron a los admirables caricaturistas del diario parisino, son seres desquiciados, sometidos a un proceso enfermizo de manipulación, mediante la inducción psíquica y drogas para enajenar a quienes participan en una acción tipo comando suicida como el que actuó en París. Lo peor que le ha ocurrido a la llamada Ciudad Luz en un trayecto largo de su ejemplar historia.
No hay que olvidar que hace 300 años Francia vivió sus peores momentos, como consecuencia de una lucha sutil y constante en contra de las monarquías y en busca de gobiernos democráticos en donde el pueblo, a su libre albedrío, escogiera a sus gobernantes. Aquella gesta fue una locura. Pasaron por la guillotina no solo los reyes y sus consortes, sino muchos miembros de su séquito cortesano. Y luego, en unos episodios insólitos, los mismos heroicos líderes de la revuelta antimonárquica, fueron víctimas de su propio invento. Muchos de ellos quedaron sin cabeza bajo el soplo cortante de la guillotina.
Luego vendría el truculento, traumático y guerrerista período bonapartista, que a cada momento metía a Francia en un nuevo frente de batalla, lo que terminó por arruinar los campos y ciudades de tan fraternal patria. Hasta cuando, por fin, cesó la horrible noche y Francia se encaminó, a pesar de subsiguientes guerras mundiales en las cuales fue parte activa de primer orden, por el sendero del más franco ejemplo de respeto a las libertades individuales y a la organización del Estado al servicio de la sociedad, y no de unos súbditos sumisos ante un rey o dictador disfrazado de ‘emperador’.
En los últimos 200 años Francia volvió a ser el destino de los librepensadores, de poetas, escritores e historiadores. De los amantes del amor, la paz, la ironía y el humor.
Por eso este repugnante acto de barbarie contra el diario más puro en materia de caricatura universal, debe considerarse como un crimen bárbaro contra la risa. Matar esa expresión alegre del alma del ser humano es matarlo a él mismo. Es destruir la humanidad. Por lo tanto, no puede haber un razonamiento distinto a calificar de dementes sanguinarios a quienes están detrás de los pobres diablos adoctrinados y manipulados para hacerse matar como autómatas en estos operativos.
Lo que también queda muy claro con la brutal escalada violenta es que mezclar fanatismo religioso con la política es como echarle gasolina al fuego. Es un arma explosiva y sin control alguno. Ahora bien, no solo son dementes fanáticos los que profesan el Islam. Hay otras religiones fanáticas y violentas en el mundo. Y hay intereses de organizaciones en actuar bajo el ropaje del fanatismo religioso-político, para justificar alguna próxima intervención en algunos de los estados en los cuales estén interesados. Son necesarias esas miradas hacia distintos responsables. No hay que poner el foco en una sola dirección. Los violentos tienen una facilidad diabólica para disfrazarse, y es a eso a lo que hay que temerle para no dar palos de ciego, expuestos a recibir palos de videntes.
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