Todos los demás países tuvieron guerrillas y paramilitares. Pero a diferencia de lo que sucede en Colombia, allá ya los miran desde la paz, como se mira al abuelo sabio y bonachón.
Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia, Nicaragua, Perú, Ecuador, el manicomio de Venezuela, y Uruguay que acaba de hacer unas elecciones limpias en el cual un oncólogo, después de dejar pasar un período, reemplazará en marzo a un ex jefe del furibundo Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, al octogenario José Mujica. Todo un ex comandante que se da el gustazo todas las tardes de pasear por el parque más cercano de la plaza de Montevideo a comerse una bolsa de palomitas de maíz y tomarse una taza de mate.
Es un parroquiano más del montón. Y todavía ostenta la Presidencia del país austral. Se sigue analizando la topografía, geografía, sociología, política y economía del resto de Suramérica. Y es, como Ripley. ¡Colombia es el único país que todavía tiene guerrillas. El único país cuya economía está más o menos bien, o por lo menos mejor que más de la mitad del vecindario, en donde varios de sus jefes guerrilleros han muerto de viejos, de una pulmonía, no de una plomonía!
En los últimos 30 años 8 gobiernos han fracasado en 10 intentos de la firma de una paz sólida como las que se han logrado en naciones más salvajes y menos cultas que Colombia. La pregunta que se formulan propios y extraños es ¿por qué? Muy sencillo. ¡Las fuerzas oscuras! De las cuales el primero que habló fue, si mal no recordamos, Otto Morales Benitez, quien salió corriendo de una de las tantas comisiones de paz que todos los gobiernos para el mismo motivo, sin lograrlo.
Otto Morales mató el tigre, pero le tuvo miedo al cuero. Nunca dijo a qué fuerzas oscuras se refería. Nunca quiso explicar quiénes integraban esas tales fuerzas oscuras. Ahora, apropósito del insólito secuestro y liberación del general Rubén Darío Alzate empiezan a verse escenas en blanco y negro. Señales de humo. Frases cifradas. Actuaciones que encajan en un rompecabezas ingenioso.
Lo único cierto es que su secuestro fue planeado y perpetrado para volver añicos el proceso de paz. Fue una bomba de tiempo. ¿La hizo explotar las Farc? ¿Fueron las Fuerzas Oscuras? Todos se aprovecharon de la bomba de tiempo. La ultraderecha para remachar con más sonoridad que ese proceso de paz había abortado. Las Farc para acusar al Ejército que había enviado a un general de espía vestido de civil para minar el proceso.
Hay que otorgarle al general Alzate el beneficio de la duda. Digamos, en beneficio de su honra como militar ‘renunciado’, que pecó por inocente, al pretender llevar a cabo por su cuenta y riesgo un acercamiento a la población civil más sufrida de Colombia, como lo es el Chocó. Muy candidato y muy noble de su parte. Pero, ¿presentarse en una región marcada como zona roja vestido de paisano con un suboficial y una secretaria que se delataban por la tembladera en las piernas? ¡No! Hasta allá no puede llegar la candidez de nuestro generalato.
Y si se aplica una dosis de perversidad al suceso, podría decirse que estuvo allí de bobo útil de líderes políticos o militares que están detrás del plan macabro de siempre para fulminar un nuevo proceso de paz. Porque, por desgracia, en Colombia para unos pocos guerreristas de alma maldita es más negocio la guerra que la paz. Son los mismos apátridas que le envenenan el alma a las instituciones del Estado que, en tiempos de confrontación con guerrilleras y otros grupos ilegales, se ganan atractivas prebendas, que bien se las pueden ganar a lo bien como docentes remunerados de la paz. Se la dejamos ahí, Presidente Santos.












