En la jornada electoral en esta sección del país no hubo ni trique traque. El cierre del debate fue con tremendo aguacero.
Por Rafael Sarmiento Coley
Barranquilla y el Atlántico acudieron este domingo a las urnas en la más completa tranquilidad, sin que se hubiera registrado el mínimo incidente que alterase el orden público, como dijo la alcaldesa Elsa Noguera, “no hubo ni el estallido de un trique traque, a pesar de que ya se acerca el 11 de noviembre”.
Eso es muy plausible, porque habla bien de la cultura política que ha venido acumulando la comunidad atlanticense a través de la historia democrática. Solo que ahora esa cultura política que permite jornadas tranquilas y en paz, no es suficiente. Falta algo esencial: la alternancia, que es un elemento clave para disfrutar de una democracia sana y próspera.
El recorrido por barrios, pueblos y corregimientos atlanticenses y barranquilleros marcaron el lugar común de una numerosa presencia de votantes juiciosos y ponderados, que llegaron, cumplieron con su deber democrático y se fueron a casa. ¿Analizó cada votante las consecuencias políticas de su voto? Definitivamente, no. Porque el votante no tuvo tiempo de reflexionar sobre las causas de votar por candidatos alineados en un solo mando de poder.
Muy emotivas las votos llenas de gente, de pueblo, de colorido, de alegría. Ahora a esa alegría, a ese colorido, hay que meterle formación política para que la comunidad elija a contradictores naturales de la autoridad elegida a nivel de Departamento y de Distrito, con el fin de que haya el verdadero control político tanto en el Atlántico, como en Barranquilla.
Quienes basaron su discurso de campaña sobre la necesidad de ejercer el control político, fueron derrotados de manera aplastante, entre ellos numerosos candidatos serios y bien preparados para acometer en Asamblea y Concejo sus postulados, sin convertirse en la piedra en el zapato del Gobernante. Que es el grave error que subsiste en nuestra todavía inmadura democracia: Todo Alcalde o Gobernador procura siempre tener a su servicio a unos áulicos que los aplaudan desde las curules de la Asamblea y el Concejo sin que haya el menor asomo de crítica para mejorar un proyecto, de análisis para una política de desarrollo urbanístico o agrícola. No, aquí eso es algo ajeno y lejano. Es un ave rara.
Ese es el toque final que le falta a ese hermoso mural variopinto de la cultura política de Barranquilla y el Atlántico. Acabar con el miedo a que haya control político es el próximo paso. Ese es un mito inventado por politiqueros y la manada de asesores de medio pelo que engrupen a los candidatos y luego se quedan pelechando en la administración.













