Editorial

¡A cuántos muertos tuvimos que llegar, por Dios!

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Desde hace casi ocho años varios ciudadanos venían clamando por la poca atención del Gobierno Central al tema de la inseguridad en Barranquilla. Algunos congresistas, diputados y concejales señalaban orígenes, causas y efectos de esa ola de homicidios horrendos y la multiplicación de los sitios de venta de alucinógenos al menudeo. Se volvió un paisaje común la extorsión a tiendas, abarrotes, mayoristas de productos concretos, transportadores urbanos.

Saltaban como la yerba mala las diabólicas bandas criminales emergentes (las tenebrosas bacrim). Una de las respuestas que dejó a la ciudadanía anonadada e impotente es que, en vez de reforzar las medidas de seguridad, el Gobierno Nacional decidió llevarse el batallón del Gaula que operaba con tanto éxito en Barranquilla. El crimen, era obvio, se disparó. En las cárceles los bandidos de la peor calaña organizaron verdaderas mafias en el interior de sus celdas para, desde allí mismo, ordenarles a sus hombres en la calle el cobro de vacuna y hasta la ejecución sumaria de ciudadanos indefensos que eran acribillados por negarse a pagar la vacuna o, simplemente, por no tener con qué pagarla.

Ahora el propio Presidente de la República ha venido a ponerle la cara al asunto, a pedido angustioso de la propia Alcaldesa, que ya no resistía más el clamor ciudadano. Pero es que también hay que decirlo sin rodeos: a la Alcaldesa la han venido dejando sola, tanto sus mentores políticos, como los sectores políticos que presuntamente la apoyaron en su elección. Y es que hasta su equipo de inmediatos colaboradores – que deberían ser sus principales muletas, su bastón, y perdónesenos el símil, pero es muy real- la rodean pero a bajo perfil. No con el debido brío y fortaleza que se requiere en estos casos.

Es hora que todos saquen pecho. Que todos salgan a la calle a pedir que están ahí, codo a codo, con su Alcaldesa luchando por la seguridad. Congresistas, Diputados y Concejales, por favor, exijan que Barranquilla tenga los laboratorios y demás tecnologías para agilizar las investigaciones del CTI y Fiscalía. Aquí no hay nada. Todo hay que enviarlo a Bogotá, y cuando llega una prueba de balística, ya han tenido que soltar al sospechoso por términos vencidos.

Finalmente, ¿por cuánto tiempo el Presidente dejará aquí al director nacional del Gaula? ¿Por qué no retorna el comando del Gaula que tuvo sede en Barranquilla? ¿Era necesario esperar a tantos muertos para asumir las medidas de última hora?

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