Editorial

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Mientras Barranquilla abre sus puertas a la globalización, su Cámara de comercio es una caja de Pandora que nadie quiere abrir. 

Son loables las intenciones del gobernador del Atlántico José Antonio Segebre Berardinelli y de la alcaldesa Elsa Noguera De la Espriella de buscar una salida pronta y digna a la crisis por la cual atraviesa, en forma vergonzante, la Cámara de Comercio de Barranquilla. No se trata, como lo insinúa el Gobernador, de una simple confrontación entre sectores público y privado. Ojalá fuera así de simple y decente. La cosa, señor Gobernador, tiene más aguas negras y malolientes de las que usted ve por encimita.

No de otra manera se explican ciertas actuaciones propias de malandrines de la peor calaña, con tácticas rayanas en el mundo mafioso,  como eso de torcer el sistema de reparto de expedientes para hacerlos caer en manos de jueces ‘amigos’ o proclives al soborno; falsificar documentos públicos; ‘fabricar’ de la noche a la mañana centenares de empresas ficticias; grupos empresariales de papel, todo ello con el simple ánimo de apoderarse de la junta directiva de la Cámara de Comercio con fines, es obvio suponerlo, protervos.

Entre tanto, un sector fuerte de afiliados a la Cámara de Comercio, como lo son los tenderos y abarroteros, se sienten impotentes frente a la creciente ola de extorsión y sicariato que sufren a diario. Sin que sus presuntos voceros o líderes asuman una actitud enhiesta ante los más altos poderes estatales. En otras circunstancias menos confusas la misma Cámara hubiese asumido ese liderazgo. Es su obligación, conjuntamente con las autoridades indicadas.

Y los presuntos autores de todas esas fechorías están ahí. Descarados con sus caras de palo, a la espera, como cualquier tahúr tramposo, de que se repartan de nuevo las cartas, como si nada hubiera pasado. Como si sus trampas hubiesen sido pecadillos de monjas en el convento. Cuando todo el mundo sabe de sus antepasados despreciables, de sus triquiñuelas para conseguir prebendas en instituciones del Estado, con marrullerías para obtener pensiones millonarias y otros con tácticas usureras para vivir chupándoles la sangre a pequeños comerciantes y hasta vendedores informales a quienes les cobran por usar el frente de sus inmuebles.

En manos de esos sujetos no puede, Dios nos coja confesados, quedar el manejo de una Cámara que, como ya señalamos en editorial anterior, fue ejemplo de transparencia, de dignidad, de enjundia, de iniciativa. Fue, precisamente, esta Cámara de Comercio la que en manos de verdaderos prohombres  asumió un claro liderazgo nacional para crea la Confederación Nacional de Cámaras de Comercio (Confecámaras). Por ese solo antecedente histórico, apreciado Gobernador y queridísima Alcaldesa, el más respetable gremio del comercio organizado de la ciudad,  que además maneja cuantiosos dineros del Estado, no puede quedar en manos de una junta directiva en la cual logren colarse más de un ratón blanco y peludo que van detrás del queso que ya olieron con ansiedad. Es cierto que la mayoría de gente que aspira a un puesto en la junta, tal como aparecen registrados en los medios de información y comunicación, son personas honestas, bien intencionadas. Pero no es menos cierto que quienes han propiciado ciertas actitudes hamponescas para ganar un escaño en esa junta, no son propiamente ningunos angelitos de manos limpias.

A eso es a lo cual la ciudadanía le teme con este esfuerzo sano y bien intencionado de Gobernador y Alcaldesa por sentar a los principales actores del problema para que se pongan de acuerdo. La sugerencia que hacemos, de manera muy respetuosa, es que alguno de ustedes, o ambos, se pongan en la puerta del recinto en donde se van a realizar las reuniones y con un garrote y muleta en manos, vayan dejando entrar sólo a los de manos limpias, y a los otros, aléjenlos con un garrotazo o un muletazo. Ustedes saben mejor que nadie quién es quién en esta ciudad. Conocen a quienes han llevado una vida honorable, y a aquellos que se han saltado todas las talanqueras de la ley y la Constitución para gozar de manera indebida de jugosas prebendas del Estado y de concesiones entregadas a dedo y a término infinito. Ahora bien, si no quieren equivocarse, háganse acompañar de personajes como el rector de la Uninorte, Jesús Ferro Bayona; el exconcejal Juan José Jaramillo; el expresidente de Monómeros Hernándo Celedón Manotas, y mantengan cerca a Horacio Brieva y a Raimundo Alvarado, quienes aunque ocupan cargos en Protransparencia (que es un ente financiado y sostenido por la Cámara), son, por encima de todo, periodistas independientes con un rigor y credibilidad a toda prueba.

Pero, por  Dios bendito, estimados Gobernador y Alcaldesa, no permitan que se les cuelen los ratones. Hagan el esfuerzo supremo de dejar la Cámara de Comercio de Barranquilla en manos limpias. Que Dios, sus hijos y sus nietos se los reconocerán; y las generaciones venideras vivirán orgullosas de lo que ustedes hagan ahora.

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