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Ecuaciones de Daniel Angulo en la galería de la Aduana

La muestra estará abierta a los interesados todo el mes de abril en los horarios habituales de la galería de la aduana: lunes a viernes, de 8:00 a.m. a 5:00 p.m., en jornada continua, y de 8:00 a.m. a 1:00 p.m.

Por Chachareros 

Daniel Angulo, artista barranquillero que desde hace 20 años reside en los Estados Unidos, vuelve a exponer en su ciudad natal luego de sus últimas exposiciones en diversos espacios culturales de la ciudad, antes de viajar a establecerse en la zona de la Florida. Artista de una especial creatividad caracterizada por la libertad, la  experimentación, la crítica y la ruptura, Angulo estuvo siempre con el taller a cuestas (además de su trabajo en su propio espacio personal de creación), porque siempre estuvo en permanente disposición performática, rupturista, inventando lo propio y reinventando la tradición del arte con la interalusión y la parodia, incorporando los más diversos procesos creativos que se le antojaran posibles. Esa ética del trabajo artístico lo llevó a ser profesor universitario, a incursionar en el trabajo de galerista con su Galería Ángulo, a trabajar en sus exposiciones y a desarrollar una intensa vida participante en las más diversas instancias de los procesos artísticos y culturales de la ciudad.  

Ahora regresa a la galería de la Aduana en donde tuvo la oportunidad de exponer en dos ocasiones sus muestras Bestia como un pintor yPaisajes caletos, ésta última para la cual escribí en su momento esta nota: “Un paisaje caleto es un paisaje oculto, un paisaje no enfrente sino detrás del ojo, un ángulo acechante, un falso paisaje, lo mirado puesto en el papel de la mirada, un panorama interior, un punto de vista que por fin se mira a sí mismo, una porción del mundo que llevamos a escondidas en un bolsillo o en un concepto.  Lo caleto, en este caso, es también todo lo que sabemos que está ahí detrás de la mampara, o más acá, y que no queremos verlo.  Las formas de una realidad acusadora.  Verdades que arden con la sal de la mirada y es mejor no tenerlas a la vista.  Y sin embargo están ahí.  Daniel Ángulo nos las muestra en esta serie alucinante de retorcido humor negro, de múltiples juegos referenciales y libres ademanes asociativos (…) gracias a la osadía de su pensamiento de artista y a esa forma propia de conceptualizar que ya le es característica.  Lo demás, es desde luego, lo fascinante de los paisajes: el ejercicio de una pintura como hecha de maldad, la original irregularidad de los formatos, la irónica libertad de los marcos y soportes, la presencia sonriente, o las muecas, de Cortázar, Shakespeare, Durero, Daniel Ángulo, Bolívar, García Lorca, Duchamps, Magritte, y todos los que después seremos mirados por los paisajes caletos de este artista. 

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Ecuaciones, el pretexto que ahora lo repatria por unos días es un trabajo que nos recuerda su oficio de pintor, el mismo que nunca ha abandonado pese a la multidiversidad de formatos y técnicas que ha usado en su trabajo de artista, pero que aquí nos permite reencontrarnos con esa muy particular forma de componer, de trabajar los rostros y figuras, y su capacidad para crear sus densas atmósferas de color, muy de su paleta. Sobre este trabajo, el narrador y periodista colombiano, también residente en la Florida, Jaime Cabrera González, en la nota que acompaña la tarjeta de invitación dice con acierto lo siguiente: “…Tras esa necesidad de elaboración de un lenguaje que aflore desde la profundidad a la superficie formal, la obra de Daniel Angulo se detiene en el instante, el presente no convencional, la metáfora vital, en donde las manchas de color se confunden con los rasgos de una imagen cautiva que mira hacia el espectador sin que se pueda asegurar que pretende salir a flote o si, por el contrario, la intención es ser tapada o atrapada por una descarga, pulsión, acento anímico y pincelada gestual. Intensidad que acentúa el estilo y su sonido interno; luz que se abre paso con cada ritmo cromático. 

Pero también, de manera reiterativa, se impone la silueta de la mujer, la de pechos turgentes, ya sea desde la totalidad, ya desde el torso, desnuda como un pensamiento; o desde el retrato, en una quietud rayana ora en la meditación, ora en la placidez, ora en el éxtasis; que cierra los ojos para reencontrarse en sus recónditos abismos interiores o cuando mira de frente lo hace desde una lejanía de raíces hundidas. Son cuerpos que se nos presentan de frente o de espaldas, flotando en el agua, envueltos en polvo cósmico o nimbados por la luz propia de una deidad y sobre esta superficie corporal, hecha lienzo, queda escrito y dibujado un código, una grafía, una impronta, un sello y hasta un agujero y algunos accesorios. 

La reinterpretación hace parte de su tratamiento temático cuando acude a obras de la Historia del Arte, esas que son reconocibles por el gran público, y las utiliza dándoles un nuevo sentido, uno acorde con los tiempos, a lo que se une el hecho de depositar sobre los títulos un toque lingüístico —en español y en inglés— que sentencia con humor, con ironía, y revitaliza el concepto. La parodia no se queda solo a ese nivel, sino que hace posible que una cortina de baño o una sábana pasen por soportes posibles y válidos.”

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