Y ‘Alma Delviento’ es el título de su primer libro de poesía, editado por Santa Bárbara Editores. La presentación fue esta semana, con la participación concurrida de poetas y amantes de la literatura.
Por Melissa Ochoa y Jorge Sarmiento Figueroa
Federico Santodomingo hace una breve remembranza de las hazañas del feminismo hasta la hilarante victoria de la que gozan hoy las escritoras, y da la bienvenida a Diana Juliao Urrego. Muy a pesar de que en otras épocas, cuando la poesía en las manos de las mujeres y ante sus ojos eran una evocación del pecado, hoy nos convocábamos en su nombre para exaltar su obra y talento.
Cantante, escritora, intérprete, Diana Juliao es todo aquello que queda fuera de la palabra, In pectore, con la que se denomina aquellos que suelen nombrar sus objetivos, pero que solo las dejan a la merced del aire, ella en cambió, más que materialízalas es: Alma Delviento.
Así se titula su libro poemario que fue lanzado bajo el sello editorial Santa Bárbara con motivo de la celebración de los primeros cinco años de esta empresa, que en manos de su fundador Alfonso Ávila Pérez ha publicado e impulsado la labor de cerca de 40 poetas locales anualmente. «Necesitamos más poetas que soldados. Desde cuando tuve en mis manos, hace mucho tiempo, los escritos de Alma Delviento, sabía que los publicaríamos», dice emocionado el editor Alfonso Ávila.
Alma Delviento es una artista integra, de letras y notas. Canta, baila, toca el piano y escribe. Maestra en Música de la Universidad Autónoma de Bucaramanga con énfasis en Dirección Coral, Especialista en Dirección de Coros Infantiles y Juveniles de la Pontificia Universidad Javeriana, Magíster en Desarrollo y Cultura de la Universidad Tecnológica de Bolívar y candidata a Doctora en Ciencias Sociales de la Universidad del Norte. Este es el mundo de pergaminos. Pero son los sonetos y la semántica los verdaderos símbolos de ella. Con ‘Zamba para olvida’, una de sus canciones inéditas, en compañía de una guitarra española acústica se abre lo que sería un homenaje en su nombre. El guitarrista Laurencio Palacios Holguín la acompaña.
Y en el momento de leer poemas de su libro, no fue ella la voz, sino la del público. Entre agradecimientos y halagos, Alma Delviento cedió su nombre y espacio para que fueran sus amigos y poetas invitados los encargados de seducirnos al encuentro.
Hay gente en este mundo «¡para morirse!». Eso es un piropo, para describir la escena en la que un pequeño niño de guayabera blanca se acerca con rosas amarillas entre sus manos y las entrega a Alma Delviento, para una mujer de viento que le robó el aliento, como a todos los expectantes en aquel salón Tarragona del legendario Hotel puerta del sol de la ciudad de Barranquilla.
















