Primero fue la invasión de sus zonas de bajamar, que son propiedad del Estado, intransferible. Homenaje a Don Chelo. Los 2 ‘cachacos’ que casi acaban con El Heraldo. Por El Propio Búho
Hay entidades públicas que nacen con el Cristo de Espaldas. En el Atlántico la lista es interminable y la más notoria es la Corporación Autónoma Regional (CRA), que ha vivido de escándalo en escándalo, porque ha tenido la desgracia de caer en manos de algunos congresistas atlanticenses que la han convertido, en forma cínica y sin el menor escrúpulo, en una especie de caja menor.
El gerente de la CRA en los últimos años, Alberto Escolar, se ha convertido en un rey de burlas, anunciando proyectos faraónicos para recuperar humedales, cuerpos de agua, población piscícola y, al final, ha salido con un chorro de babas. Lo más reciente fue el terrible daño ecológico que sufrió el Lago del Cisne (del lado popular), que es el mismo Lago de Caujaral (que es donde viven los potentados de Barranquilla).
Fue un daño anunciado, avisado, sufrido de manera lenta e irreversible ante las propias narices de Alberto Escolar y su jefe político, quien según se comenta, recibió una fuerte comisión de un inmueble hotelero vecino por permitirle la construcción de un caño artificial para tener agua gratis y de paso darle el golpe de gracia al Lago del Cisne.
Por último, como por arte de magia, la CRA adjudica un contrato por más de seis mil millones de pesos a una firma con nombre extranjero pero de propiedad de barranquilleros, “para recuperar totalmente el cuerpo de agua y convertir el Lago del Cisne en un destino turístico del Atlántico, con hermosa vegetación, parques con abundante arborización, camellón, muelle para pequeñas embarcaciones para paseos náuticos y pesca. Porque, además, se sembrarán 154 millones de alevinos de diversas especies, desde mojarras, hasta sábalos, bagres, bocachicos, coroncoro muelón, hasta nutrias y chigüiros”.
Lo primero que se preguntaban quienes pasaban por el lago y leían la inmensa valla anunciando todas aquellas maravillas es “¿bueno, y de dónde la CRA va a sacar semejante cantidad de plata si siempre dice que no tienen ni para sembrar cuatro palitos de matarratón en un parque de algún pobre pueblo del Atlántico”. ¡He ahí el detalle!, como decía Cantinflas.
¿Qué pasó al final? Según ingenieros ambientales y expertos en estos temas, se hizo una obra sin estudios serios y confiables de impacto ambiental. Tampoco se tuvo en cuenta si la calidad del agua con la cual se rellenó al troche y moche el lago, era apta para el repoblamiento fáunico. Conclusión, otra millonaria cantidad de dineros del Estado perdidos en los bolsillos de no se sabe quién. Igualito como lo ocurrido con los 40 mil arbolitos que hoy deberían ser verdaderos bosques refrescantes en Candelaria, Piojó, Suán, Ponedera, Campo de la Cruz, Santa Lucía.
Homenaje a Chelo

José Víctor De Castro Carroll, mejor conocido como Don Chelo de Castro C., el único editorialista deportivo que hay en Colombia.
Si algo estaba en mora de hacer el viejo periódico El Heraldo era brindar a don Chelo De Castro Carroll el homenaje más que merecido por los 72 años de columnista, claro, no todos en dicho matutino. Porque a decir verdad, Chelo comenzó su columna antes de que El Heraldo naciera. Lo hizo en el desaparecido Diario conservador La Prensa, de los Martínez Aparicio, uno de los codirectores de entonces era don Juan B. Fernández Ortega, quien después, en sociedad con Alberto Pumarejo Vengoechea y Enrique Manotas Llinás, fundaron, en 1933, el primer periódico liberal que tuvo la Costa Caribe, El Heraldo.
Chelo, siempre amigo de Fernández Ortega, se fue con él para el nuevo periódico y luego el doctor Francisco Posada De la Peña lo sonsacó para llevárselo para el Diario del Caribe. Allí el jefe de redacción, Hernando Gómez Oñoro, de manera arbitraria, dejó de publicarle una columna a don Chelo. Se la “colgó”, como se dice en la jerga periodística, porque se metía con algunos intereses del Grupo Santo Domingo, entonces dueño del Diario del Caribe. Desde entonces, hasta hoy, cuando tiene 97 años de edad envidiablemente bien vividos, don Chelo ha sido fiel a El Heraldo. El Búho hace llegar felicitaciones sinceras a tan respetable decano del editorialismo deportivo colombiano, tan escaso en estas materias.
La inquina cachaca
Y pensar que hace unos 15 años, “un par de cachaquitos raboevacas”, como diría el propio don Chelo, intentaron sacarlo del periódico como trasto viejo, dizque porque ya nadie leía sus columnas.
Uno de los mentados cachaquitos traído por la junta directiva como la tabla de salvación del periódico en momentos en que se retiró a sus cuarteles de invierno el actual director consejero Juan B. Fernández Renowitzky, fue el exmonaguillo bogotano Sergio Ocampo, quien por poco le da cristiana sepultura al diario dado el bajón que le produjo en su circulación por los desaciertos en los contenidos, y, además, por sus traumas sentimentales al enamorarse de un joven casado.
De inmediato lo reemplazó otro cachaco, José Alejandro Castaño, que no tenía los mismos gustos sentimentales de su antecesor, pero le gustaba más la plata que la comida y convenció a la junta para que le pagaran un jurgo de plata por ser editor tanto de El Heraldo como del tabloide experto en crímenes Aldía. En pocos meses quiso sacar a media redacción, porque “ya no sirve, están muy viejos”. Y, perverso como todo buen cachaco, no intentó sacar a don Chelo, pero le hizo una maldad de la peor calaña: ordenó que su columna se publicara en el más pequeño tamaño de letra, y en el rincón más perdido del periódico. Con tristeza don Chelo se quejaba: “para poder leer mi columna tuve que comprar una lupa como para alguien casi ciego”.
De todas maneras, lo importante y destacable, es que los dueños de dicha empresa editorial nacieron al pie de una rotativa y fueron alimentados con tinta de periódico. Por lo tanto, sería algo increíble que dejaran ir a pique una empresa que heredaron como una inagotable mina de oro. Y cada vez que la han visto en peligro han sabido enderezarla. Sobre todo por respeto a ese patriarca del periodismo costeño, Juan B. Fernández Renowitky, quien aún en delicadas condiciones de salud, sigue entre nosotros quienes fuimos uno de sus tantos alumnos.
A él lo reemplazan en la junta su hijo Juan B. Fernandez Noguera y su hermano Arturo Fernández Renowitzky, el popular ‘Turi’(con la suplencia de su hijo Arturo Fernández Iglesias). Los otros miembros de la junta actual son: Rosario Pumarejo(con la suplencia de su hermano Alberto Pumarejo Guerra), Carlos De la Rosa Manotas, Guillermo Heins (tío de otro de los socios mayoritarios, Jaime Pumarejo Heins, quien está vinculado al Distrito como asesor en materias de desarrollo portuario), Guillermo Alberto Cuello Gieseken (con la suplencia de su hermana Ilse Cuello Gieseken). Una junta bien balanceada. Experiencia y juventud. Magnífica decisión de autorizar al director actual, Marco Shwardt, para brindar tan merecido homenaje al apreciado colega y maestro, Chelo De Castro C., el papá de Chelito, el mejor pianista de salsa que tiene Colombia, con el perdón de Álvaro Cabarcas, el popular ‘Pelusa’, que también es excelente, tanto así que fue el mejor valor agregado de Juan Piña y del Grupo Niche en la época de oro de ambas agrupaciones.













que buen articulo