Tanto me han sugerido que escriba sobre el amor, que aquí voy. Asumo la responsabilidad… Aquí voy:
Por Mariángela Mercado Salas

Mariangela Mercado Salas
Finalmente es una columna de opinión y las opiniones contrarias son las que nutren los próximos escritos.
Del amor hay mil conceptos, estudios y variaciones: Existe el amor de padres, de hijos, el amor romántico, el de hermanos, amigos, hacia las mascotas, por los objetos que tienen un valor sentimental.
El amor hacia la familia es aquel que no escogemos, nacemos en una a la que estamos obligados a amar; a veces se cultiva y llena, y otras se lleva como un deber que excluye la tolerancia y la aceptación y se convierte en una carga.
El amor a los hijos es quizá el único que tiene vida propia y se desborda del alma desde el momento justo en el que escuchamos su llanto al nacer.
El amor a los amigos es el más cultivado, los escogemos, los conocemos y si hacemos “Click” los queremos para siempre. Cuando las razones para construir una amistad no vienen del corazón, como todo lo que no tiene cimientos, se cae.
El amor de pareja es por supuesto el más complejo, el de mayores definiciones, aquel que abren los poetas y cierra la sociedad, que en ocasiones termina asfixiado por formalismos y obligaciones que lo matan en el corazón para preservarlo hasta la muerte. En este último concuerdo con Cortázar en rayuela, cuando dice: “Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir una mujer y casarse con ella. … Como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. …Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto”. Y le agregaría que hay ser valientes para dejar que el rayo parta y muy sabios para que una vez te estaquea, acudas a todos los ángeles que lo mantienen vivo: amando los defectos tanto como las cualidades, dispuestos a vivir el proceso vida, muerte, vida mil veces con él, y decidido a ser fiel a quien amas para que lo que lo lleve hasta la muerte sea la fuerza y la pasión del rayo, unido a la voluntad, la sensatez y la felicidad que proporcione que siempre debería ser mayor a los esfuerzos por preservarlo.
En cualquiera de sus expresiones, el ángel del amor debería superar los desatinos del ego, la directriz para todo tipo de amor está en la Biblia:
“El amor es paciente, es bondadoso, no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta¨ Corintios, 13:4,7











