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De «rituales» y música «satánica»

«¡Ah!, si nos fuera dado el poder de vernos como nos ven los demás! De cuantos disparates y necedades nos veríamos libres», Robert Burns.

Por Melissa Acuña

En Barranquilla hay lugares donde seres maquiavélicos, malignos, macabros, se reúnen a escuchar gritos de dolor y sufrimiento a lo que llaman música. Este grupo marginado se esconde bajo sus ropajes negros con logos pervertidos, haciendo una oscura señal con sus dedos, con la cual sólo buscan invocar a satán. Hay eventos que sirven de plataforma idónea para que hagan de las suyas, escenarios donde  estos seres convulsionan al ritmo de los guturales, estilo de canto usado por algunas bandas de metal,  golpeándose entre sí en el pogo, tal como ellos lo llaman. Los hombres y mujeres esconden bajos sus greñas su poder malvado, reuniéndose en la playa para conjurar sus tatuajes, cuerpo y vida.

No comencé a entender todo este embrollo hasta que me inicié en aquellas convulsiones con ellos. No debo meter las manos al fuego, podría quemarme, y es simple: hay malas personas en todos lados. Así como las hay en el rincón de gente metalera, punkera, gótica, el supuesto punto negro de la ciudad, también las hay en casas que se etiquetan católicas, apostólicas, testigos de jehová, silvestristas, reguetoneras.

En fin, me llevaron a la playa y en medio de un círculo de fuego me conjuraron en el nombre del metal. ¡Qué terrible historia!

Pero solo es eso, una narración ficticia o una gran hiperbolización del cuento, mitos, así como el hombre caimán, la llorona, la pata sola, la novia. Seguramente le has temido a estas leyendas urbanas al igual que al metalero cuando pasa por el frente de tu casa con sus instrumentos de tortura, su guitarra o bajo. Sé que tienes miedo de tu vecino cuando hace sus contubernios con seres del mas allá, mientras tiene música del demonio en su equipo a todo timbal. Tal vez deberías tocar su puerta, quizá lo encuentres trapeando o barriendo, como lo hacen en tu casa.

Los estigmas a veces hacen a las personas. Piénsalos diferentes y tal vez comiences a ver con claridad todo el asunto. Solo imagina a un profesional exitoso, que ama a su familia, tiene mascotas, pero que es metalero o rockero, ¿Cómo lo juzgarías?

La música que escuchamos no nos hace malos o buenos; somos malos o buenos. De hecho, somos maldad y bondad en un solo cuerpo. Hay que incursionar en el respeto y la tolerancia, y sí, es verdad que muchos subgéneros van en contra de la religión, donde nace la figura satán como la representación de todo el mal del mundo, pero es algo respetable ¿No crees? En  toda la historia la religión ha violentado el libre pensar, además que en nombre de la iglesia se han hecho cosas terribles.

No intentes entender la postura del otro, tolerará, así como tu fe en Dios te mueve, te hace madrugar un domingo, orar todas las noches, así como el reggaetonero baila contra la pared los viernes por la tarde, el metalero se reúne los sábados por la noche en casa de un amigo a escuchar Slayer a todo volumen y todo está bien si los hace felices, cada quien tiene sus formas, unas más aceptadas que otras y eso se debe a que hace parte de la mayoría, dale paso a las diferencias, eso hace el mundo más divertido y vivible.

No vengo en defensa de los metaleros, sino, de la música y en general. Hagamos una analogía con el reggaetón, lo culpan de haber incrementado los embarazos a temprana edad y de incitar al sexo  temprano. Pero, ¿realmente es así?

Hay muchas cosas que intentarán condicionarte de mala o buena manera, siempre, y lo que se debe hacer es construir una determinación inamovible, un carácter fuerte y tolerante, una personalidad arraigada. Constantemente buscamos recipientes ajenos para exiliar el agua sucia, pero pensemos que el problema radica en nosotros y así mismo la solución, sencillo. Padres, hagan fuertes a sus hijos, solo así, ellos estarán armados y precavidos, si se pierden en los asuntos más efímeros y perjudiciales del mundo no es por la música que escuchen, es por la falta de orientación, por problemas emocionales, por  falta de atención y otra cualquier cantidad de cosas.

Les habla alguien que alguna vez estuvo perdida, que fue católica, testigo de Jehová y evangélica, que fue reggaetonera, champetera y que hace año y medio se atrevió a escudriñar estos caminos infernales del rock y metal, para darse cuenta después que  allí estaba su verdadera calma y satisfacción, es mi perspectiva, forjen la suya y no sean radicales ni conciban absolutismos.  No se engañen, hay personas malas y buenas en todas partes, todos somos satán o Dios, todos tergiversamos, todos pecamos y a la vez nos creemos puros y dignos. Creamos en la humanidad, no alienándonos a estereotipos o experiencias, en ocasiones inventadas por terceros, que encuentran la felicidad en la palabrería, habla por ti mismo, conoce, vive y luego apártate o quédate.

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