Aunque no son tiempos para celebrar, no hay que desconocer lo que ha significado el casi centenario diario como principal vocero del Caribe colombiano.
Por Rafael Sarmiento Coley

La acera de la izquierda quedaba el inmueble de la primera sede de El Heraldo en 1933. Era entonces el Callejón Abello, luego Paseo Colón, hasta cuando todas esas construcciones fueron demolidas para ampliar la vía y convertirla en lo que es hoy, el Paseo Bolívar
Octubre es el mes de muchos cumpleaños alrededor de El Heraldo, sin que hayan podido celebrar con ponqués, globos y mucho menos champaña y whisky, por culpa del Coronavirus que, sin embargo, no ha podido doblegar al recurso humano estoico que se ha mantenido en pie contra viento y marea desde marzo, cuando empezó el mundo a sufrir los estragos de una pandemia brutal.
El diario barranquillero de mayor peso en la región– y uno de los pocos medios tradicionales que se mantiene en poder de los herederos de sus fundadores- muchachos de ellos que fueron creados con teteros olorosos a tinta–, salió por primera vez a las calles barranquilleras el sábado 28 de octubre de 1933, bajo la dirección de uno de los más consagrados y reconocidos periodistas nacionales e internacionales, Juan B. Fernández Ortega, quien venía de ser director y principal editorialista del diario conservador La Prensa, de la familia Martínez-Aparicio.
La Prensa era un soporte importante para apoyar la hegemonía conservadora durante 30 años en la Presidencia de la República, desde 1888, reeligiendo a unos y remplazados por otros escogidos a dedo. Recurriendo a trampas como el famoso ‘registro de Padilla’’—igual que ahora con tanta corrupción electoral.
Hasta cuando en 1929 varios dirigentes del Partido Liberal a nivel nacional se reunieron en Bogotá –entre otros–, Alfonso López Pumarejo, Eduardo Santos, Alberto Lleras Camargo, Darío Echandía, Enrique Olaya Herrera, y algunos dirigentes de provincia como Alberto Pumarejo Vengoechea y Juan B. Fernández Ortega, quien, a pesar de ser el director de un diario conservador de mucho peso en la Costa, jamás renunció a su condición de liberal pura sangre.
Nace la criatura roja

Segunda sede de El Heraldo en la calla del Comercio (33), entre La Paz (carrera 40) y Progreso (carrera 41). La mayoría de los inmuebles de ese sector también fueron demolidos para construir numerosos locales comerciales, entre ellos una ferretería que funcionó con el nombre de ‘El Heraldo’.
De ese encuentro salió la urgente necesidad de fundar un diario liberal en Barranquilla con la suficiente fuerza para hacerle contrapeso al diario de los Martínez Aparicio. Se creó la junta promotora para fundar la empresa encargada de editar el primer diario Liberal barranquillero. Equipo encabezado por el dirigente liberal Alberto Pumarejo Vengoechea, banquero, industrial agrícola y hermano de Beatriz, esposa de Mario Santo Domingo (dueño de Cerveza Águila); Juan B. Fernández Ortega; el destacado abogado sabanalarguero Luis Alberto Manotas Llinás y otros notables empresarios liberales de la localidad.

Los tres ilustres pilares de la fundación del principal diario del Caribe colombiano, de izquierda a derecha: Juan B. Fern+andez Ortega –director-fundador–, Alberto Pumarejo Vengoechea y Luis Eduardo Manotas Llinás.
Ya la junta del Partido Liberal había escogido el candidato presidencial, Enrique Olaya Herrera, quien estaba parqueado como Embajador de Colombia en Washington y se vino de inmediato a aceptar el reto y ponerse al frente de la campaña.
Entre tanto, el grupo empresarial barranquillero ponía en marcha el primer diario costeño para apoyar una candidatura presidencial liberal, bajo la dirección de Juan B. Fernández Ortega, nacido en Puerto Colombia, abogado, diplomático, secretario privado de la Presidencia de la República, segundo colombiano en ganar el Premio Internacional de Periodismo María Moors Cabot, creado en la Universidad de Culumbia en 1938. Fernández Ortega fue uno de los primeros periodistas en el mundo en ser homenajeado con ese galardón, y por sus casi 40 años en la dirección del diario, es considerado como uno de los verdaderos maestros y precursores del diarismo de América Latina.
Casado con la dama barranquillera de origen europeo María Renowitzky Quasc, tuvieron dos hijos, Juan B. y Arturo Fernández Renowitzky. Según Nicolás Renowitzky, (columnista de El Heraldo desde hace 40 años), toda esa parentela provino de varios países de Europa Oriental y anclaron para siempre en Barranquilla, en donde se dedicaron a diversas actividades.

Juan B. Fernández Ortega, el director-fundador que manejó el periódico durante casi medio siglo. Tiempo durante el cual alternó como diplomático, catedrático y secretario general de la Presidencia de la República.
El director-fundador fue un hombre longevo, siempre lúcido y dinámico. Pero llegaron esos años en los cuales el cuerpo dice, “aguanta el viaje que voy cansado”. Entonces empezó a delegar, poco a poco, las funciones de director alterno en su hijo mayor Juan B. Fernández Renowitzky, quien lo dirigió con enorme maestría y visión a lo largo de 40 años. Fue un verdadero forjador de tal vez dos o tres generaciones de buenos periodistas, tal como en sus tiempos lo hizo su padre, Fernández Ortega.
La obra direccional de Fernández Renowitzky llegó hasta cuando en 2005 pasó a ser director consejero para darle paso a un director joven, que venía de ser vicepresidente de la República, Gustavo Bell Lemus, reemplazado luego por un pupilo ‘hecho en casa’, Ernesto McCausland Sojo.
Una mujer de armas tomar
Hasta ahora cuando llega una mujer de raca mandaca. Una auténtica barranquillera, Erika Fontalvo Galofre, hija de un ardiente defensor de causas sociales, Roque Fontalvo, y de Cecilia Galofre, y hermana de otra tenaz periodista, Roxana Fontalvo.
Erika viene con la aureola de una periodista tropera, audaz, incisiva, de carácter y temple. Una mujer admirable, de 47 años, nacida en octubre 8, como también son de octubre sus dos hijos (Alejo que cumplió 8 años el 25 de octubre, y Lucía que arribó a las 12 añitos el 21 de este mismo mes. Más la abuela Cecilia Galofre de Fontalvo que cumplió el 6 de octubre). Todos esos cumpleaños a palo seco por culpa de la Covid-19.
Erika se instaló en El Heraldo en febrero de este año, y asumió en firme el primero de marzo, justo cuando reventó la pandemia en el mundo. Para ella fue un momento de pánico. Su esposo, el acreditado cardiólogo Carlos Vallejo, oriundo de Carmen de Apicalá (Mocoa), con especializaciones en las mejores facultades internacionales de cardiología, atestado hasta la coronilla de pacientes por la Covid-19 y con el temor perenne de no contagiar a sus hijos para lo cual es indispensable las máximas medidas de bioseguridad.

Juan B. Fernández Renowitzky, quien reemplazó a su padre, Fernández Ortega, en la dirección de El Heraldo. En la actualidad es su director consejero.
Y ella, aquí en Barranquilla, con toda la familia paterna y materna a pocas cuadras, pero viviendo una soledad aterradora para evitar contagios, hasta el extremo que, durante los tres primeros meses de directora del principal diario costeño, le tocó dormir en el sofá de la oficina de dirección, y ducharse a las cinco de la mañana en un baño especial que fue acondicionado con todos los protocolos para alejar el virus de todos esos contornos. 90 días sin ver la luz del sol. Sin recibir el viento de la playa que tanto disfrutó cuando niña en los fines de semana que Roque Fontalvo enganchaba a sus dos niñas de sus ojos y se iban a recorrer las playas del Mar Caribe.
Menos mal que Erika es una guerrera. Sin embargo, aún Silvester Stalone sufre los mordiscos del estrés cuando hace el papel de ‘Rambo’ y tiene que pasar un mes en una clínica de rehidratación y recuperación psicológica. Son cosas que vuelven loco a cualquier.
Y la situación que le ha correspondido enfrentar a Erika ha sido de las peores por las cuales ha pasado El Heraldo en sus 87 años de existencias. La pandemia trajo como consecuencia un derrumbe de las ventas. Porque las empresas, en tiempos de crisis, lo primero que aplanan es la pauta publicitaria. A eso se agrega los desaciertos de los miembros de la tercera generación de los herederos del diario, que se han dejado meter unos embuchados tremendos con altos ejecutivos que se autoascendieron para ganar lo mismo que un Senador de la República, fuera de cachucha y perendengue (lo que llaman comisiones, o ‘coimas’), y un niñito bonito bien recomendado que quiere meter la cuchara en todas partes, se gana un sueldo millonario, mientras que a los verdaderos cargaladrillos les mantienen sueldos de hambre, pese a lo cual, por dignidad, amor al arte, y solidaridad por la causa, prefieren mantenerse firmes en el frente de batalla, aunque se ganen el mismo millón doscientos mil pesos, con un diploma de comunicación social y periodismo y dos o tres maestrías, que se gana un mensajero o el portero de un banco.
Excelente representación
Durante sus 87 años de existencia El Heraldo siempre ha tenido una respetable presencia en las altas esferas del poder colombiano. En su primera etapa, con el empresario, banquero y dirigente político del Partido Liberal, Alberto Pumarejo Vengoechea, quien fue dos veces Ministro del despacho, por muchos años diplomático, senador, gobernador del Atlántico y Alcalde de Barranquilla.
Juan B, Fernández Ortega ocupó varias veces el cargo de embajador en varias delegaciones diplomáticas y Secretario General de la Presidencia de la República.

En la actualidad el diario barranquillero cuenta con una de las salas de redacción más modernas del país. Además, muy bien adaptado a las nuevas exigencias del periodismo multimedia.
Y tal vez la figura más sobresaliente a nivel nacional e internacional fue Juan B. Fernández Renowitzky, quien comenzó de Juez de la República, rector de la Universidad del Atlántico, Alcalde de Barranquilla, Senador de la República, Ministro de Comunicaciones y Embajador de Colombia en Chile justo en los tiempos en que derrocaron y asesinaron al presidente legítima y democráticamente elegido por el pueblo chileno, Salvador Allende, a causa de un golpe de estado comandado por el general Augusto Pinochet, que desató uno de los más monstruosos genocidios que se haya dado en Latinoamérica. En esos momentos aciagos, centenares de chilenos, colombianos y de otras nacionalidades buscaron amparo en la embajada colombiana, que gozaba del prestigio de ser una sede diplomática de puertas abiertas.
Pero una de las tareas más destacables de Fernández Renowitzky la desempeñó como miembro de la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución de 1991, considera a nivel internacional como la Carta Magna magna más garantista del universo. Lo grave es que la ultraderecha la ha desmembrado para ir creando las condiciones para establecer una dictadura disfrazada de democracia.
Hay rostros amables

Primera página del primer ejemplar de El Heraldo del 28 de octubre de 1933, con la fotografía y un mensaje de Alfonso López Pumarejo, dándole la bienvenida al primer diario Liberal de Barranquilla, el Atlántico y la Costa Caribe colombiana.
Por fortuna, hay dentro del periódico, tanto en el grupo de los miembros de la junta de socios, como en cierto cargo ejecutivo, tal es el caso del gerente general Juan Pablo Bojanini Visbal, gente con alma buena.

Para bautizar el diario, los directivos abrieron un concurso, en el cual participaron centenares de barranquilleros. Al final el jurado escogió el nombre propyesto por la niña Alicia Pacheco Hoyos, ‘El Heraldo’. El premio de 50 pesos lo recibió su padre, José Pacheco.
En la junta de socios -que se divide en tres grupos dueño cada grupo del 33.33% de la torta accionaria de la empresa—hay profesionales muy talentosos y de reconocidos valores humanos, como es el caso de uno de los socios-fundadores, Arturo Fernández Renowitzky, su hijo Arturo Jr., y su sobrino Juan B. Fernández Noguera –quien ha sido uno de los más valiosos innovadores en el diario, porque fue quien motivó a los demás socios para crear la exitosa revista Miércoles!, el periódico digital y, en definitiva, dar el salto a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, que batieron récords de visitantes el 11 de septiembre de 2001, el día que derribaron las Torres Gemelas en Nueva York.
Fernández Noguera, hijo único del director consejero Juan B. Fernández Renowitzky y su señora esposa doña Elisa Noguera de Renowitzky, uno de los motores de las innovaciones del periódico, ahora apoyado por la nueva generación que proviene de los De La Rosa Manotas, los Gieseken,y los Pumarejo, en especial Jaime (el actual alcalde de Barranquilla), Alberto Mario (casado con una hija de Manuelito De la Rosa), y Rosario Pumarejo, esposa de Juan B. Fernández Noguera.











