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Cuando respirar era una batalla: la niñez que forjó a Moisés Angulo

Por: Francisco Figueroa Turcios

En la infancia de Moisés Angulo el aire no era un derecho: era una batalla.

Mientras los niños del barrio Cevillar en el suroccidente de la Capital del Atlántico corrían detrás de una pelota bajo el sol ardiente de Barranquilla, Moisés Angulo, permanecía sentado en una silla de mimbre en la puerta de su casa, mirando el partido desde la orilla de la vida. No era falta de ganas. Era el asma. Un asma feroz que le robaba el oxígeno y lo obligaba a jugar el partido más difícil: el de respirar.

Había tardes en que el aire desaparecía de repente, como si alguien hubiera cerrado las ventanas del mundo. Entonces venían los ojos cerrados, el silencio, y después el despertar en un hospital con una mascarilla de oxígeno y los rostros angustiados de sus padres: Rafael Angulo y Gladis Bovea. Ellos, desesperados, probaban todo remedio casero que alguien recomendara. Por eso Moisés en las conferencias Atrévete a ser feliz, argumenta que todos esos remedios deberían llevar una advertencia en la etiqueta: “probado por Moisés Angulo”.

Fueron años duros. Años en los que, siendo apenas un muchacho, llegó a preguntarse si valía la pena seguir viviendo. «Fueron años duros y críticos.. siendo honesto que llegó un momento que no quería vivir más» confiesa Moisés Angulo en el devocional del día sábado 7 de marzo 2026 de «Aguaceros de amor».

Moisés aterrizó en Bogotá

El destino —ese guionista invisible que escribe las mejores historias— tenía preparado un giro inesperado en la hoja de ruta de Moisés Angulo. La decisión de dejar a Barranquilla, ciudad natal y marcharse a Bogotá, lo que muchos consideraron una locura, terminaría siendo el comienzo de su salvación.

En aquella época, Barranquilla no tenía un canal regional como Telecaribe ni escuelas especializadas donde pudiera estudiar lo que soñaba: actuación y canto. Así que Moisés tomó una decisión que parecía desafiar la lógica: subir a la altura de la capital, aun cuando muchos le advertían que la falta de oxígeno podría destruir definitivamente sus pulmones.

Al Moisés Angulo terminar su bachillerato su mamá Gladis Bovea con el gran esfuerzo  le tenía listo el tiquete aéreo para que su hijo fuera a cumplir el sueño de ser artista. A la edad de 18 años, Moisés, se fue a vivir a la Capital de la República en busca de estudiar actuación y canto. Se matriculó en la escuela de artes escénicas Luis Enrique Osorio y de comunicación en Inpahu. 

Un nuevo inicio…

Ocurrió lo impensable. Cuando Moisés llegó a Bogotá, los ataques de asma comenzaron a ceder. » Bogotá, ciudad que, según los pronósticos, debía asfixiarlo… terminó devolviéndole el aire. “Qué paradoja —confiesa Moisés Angulo—: lo que parecía que iba a matarme terminó siendo parte de mi cura”.

Pero Moisés, que había pasado media vida luchando por cada bocanada de oxígeno, ya estaba acostumbrado a desafiar los pronósticos. El viaje hacia Bogotá fue también un viaje hacia lo desconocido: un nuevo inicio.

Dejó atrás el calor espeso de Barranquilla, las calles del populoso barrio Cevillar, donde había aprendido a mirar el fútbol desde una silla de mimbre y el cielo luminoso de su infancia asmática. En su maleta llevaba pocas cosas: ropa sencilla, un puñado de sueños y una obstinación silenciosa por estudiar actuación y canto, algo que en su ciudad todavía no tenía escenarios ni escuelas para aprenderlo.

La capital de la República lo recibió con su frío de madrugada, con su cielo gris y con esa altura que muchos aseguraban que sería su condena. Durante los primeros días caminó con cautela, como quien entra a un territorio donde el aire puede traicionar en cualquier momento. Su cuerpo estaba acostumbrado a las emboscadas del asma: el pecho apretado, la desesperación, la sensación de que el mundo se quedaba sin oxígeno.

Después una semana completa sin esa angustia que durante años había sido su sombra. Moisés empezó a notar que respiraba distinto, como si sus pulmones hubieran encontrado por fin un acuerdo con el mundo. Bogotá, ciudad que debía asfixiarlo estaba haciendo exactamente lo contrario: le estaba devolviendo el aire.

.Bogotá la tierra prometida…

Al final, la historia de Moisés Angulo no es solo la de un artista que encontró su camino lejos de su tierra. Es la historia de un niño que aprendió a resistir cuando el aire parecía negársele.

Aquel muchacho que en Barranquilla miraba los partidos de fútbol desde una silla de mimbre porque correr podía costarle la respiración, terminó encontrando en el arte la forma más profunda de respirar. La vida, que durante años le cerró los pulmones, terminó abriéndole los escenarios.

Y entonces se entiende la paradoja: el niño que alguna vez sintió que el mundo se quedaba sin oxígeno terminó llenando de aire los teatros, las canciones y las historias que interpreta. A través de los Aguaceros de amor.

Hoy, cuando recuerda aquel viaje hacia Bogotá, Moisés sabe que no solo estaba buscando una escuela para aprender actuación y canto. Sin saberlo, también estaba buscando el lugar donde su cuerpo pudiera volver a respirar.

Y quizás por eso su historia deja una lección que trasciende el escenario: que hay niños en los barrios que parecen destinados a quedarse mirando la vida desde la puerta de su casa… pero que un día, si el sueño resiste más que el miedo, terminan entrando por la puerta grande del destino: tras veinticinco años de carrera artística, diez álbumes, más de 900.000 copias vendidas, quince novelas nacionales, una película y dos cortometrajes,

Moisés Angulo tomó la decisión de crear mensajes  refrescantes lloviznas de notas alegres para el espíritu con el fin de erradicar esa tristeza a través de los devocionales Aguaceros de amor…Moisés pasó de Diacono a Pastor, ordenación que recibió en la iglesia  cristiana ´Casa sobre la Roca´ . El Ministerio se llama Gente del Camino.

Porque hay quienes nacen para correr detrás de una pelota… y hay otros, como Moisés Angulo, que nacen para enseñarle al mundo que incluso cuando falta el aire, los sueños todavía pueden respirar.

Sobre el autor

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es
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