Representantes de profesores y abogado José Humberto Torres se reunieron para estudiar situación de Rectoría acéfala.
Por Rafael Sarmiento Coley
El último rector en propiedad que tuvo la Universidad del Atlántico (Udea) fue Enrique Mesa, hace 10 años, en lo sucesivo todos han sido interinos, por encargo, con el vergonzante caso de doña Ana Sofía Mesa Cuervo, a quien el expresidente Álvaro Uribe mantuvo contra viento y marea y por encima de la ley en calidad de encargada durante ocho años.
Eso es lo que más lamenta uno de los profesores que en el pasado fue uno de los nueve miembros del Consejo Superior de la Udea, “nosotros, quedamos como unos borregos, pues no tenemos mayoría en el Consejo, y al ser minoría, todas las decisiones de fondo las toma el Gobierno”.
Según el abogado José Humberto Torres, contratado por la Asociación de Educadores del Atlántico (Adea) para que estudie la dramática situación que vive la Universidad pública atlanticense, “es tan grave, que el Consejo Superior, es decir, la junta directiva de la universidad, no sabe en qué se gasta la Gobernación los recursos provenientes de la estampilla prociudadela universitaria. Y se trata de unos recursos cuantiosos, que deberían haber convertido el centro académico en un modelo de inversión a nivel de la Costa Caribe”.

Catedráticos y miembros de la Asociación de Educadores del Atlántico (Adea), reunidos con el abogado José Humberto Torres.
En efecto, en el año 2010 la estampilla prociudadela universitaria produjo mil setecientos millones de pesos, según el balance de la Gobernación. En dicho balance se indica que el monto total de ese gravamen fue invertido en “Equipos de cómputos (es decir, computadores), Videobeam y Tableros Inteligentes”.
El Consejo ignora todo
Lo grave es que el Consejo Superior no tiene la menor idea de la destinación de dicho gravamen en cada ejercicio contable. Y se trata de un cuantioso recurso, que en la vigencia de este año se acercaría a los tres mil millones de pesos, manejados a discrecionalidad del gobernador de turno.
El espíritu de dicha estampilla, creada por iniciativa del entonces senador José Name Terán, era dotar a la universidad pública del Atlántico de un conjunto de edificio en donde hubiera cupo amplio y cómodo para todas las facultades. Y no solamente eso, sino que tuvieran capacidad para el triple de estudiantes, con el fin de que no ocurriera lo de ahora que cada año se quedan por fuera miles de estudiantes por falta de cupo.
También ordenaba la construcción de un complejo deportiva que incluyera las disciplinas de mayar práctica en esta sección del país, lo cual sí se cumplió. Lo que no se cumplió porque a la ´dictadorzuela´(como la llamaban los estudiantes a la ex rectora Ana Dolores Meza) no le dio la gana hacerlo, fue construir varias sedes alternas de la Universidad en municipios de enorme población como Soledad (que podía recibir a estudiantes de Malambo y toda la banda oriental); en Sabanalarga, para que recibiera a su propia población universitaria y a las de los municipios más cercanos), y una en Repelón, con las carreras afines a la población rural, para que allí se formara la población universitaria de Manatí, Candelaria, Santa Lucía y la propia de Repelón.
La rectora mandona despreció la plata
Nada de esto último se hizo porque la rectora “con mando varonil” le dijo al Gobernador de turno que tomara esa plata “para asuntos de mayor interés para la gente pobre”. De esa manera se le torció el pescuezo a la voluntad legislativa del difunto senador José Name Terán.
La sede de Bellas Artes nunca fue refaccionada como lo ordenaba la ley prociudadala universitaria. La sede de la carrera 43 o Avenida 20 de Julio está prácticamente desvencijada, cuando le norma creada por Name ordenaba refaccionarla y ampliarla recuperando la sede prestada al Colegio Barranquilla. Se solicitaba también una reconstrucción del Pestalozzi, para que fuera colegio –universidad.- Nada de eso se hizo y la plata de la Ciudadela Universitaria tomó rumbos desconocidos. ¿Se podrá recuperar un dinero de destinación específica producto de una ley de características especiales? Quién sabe. Todo depende de los abogados encabezados por Luis Humberto Torres.
Los 9 miembros que no mandan

Los actuales miembros del Consejo Superior de la Universidad, la Adea y el abogado José Humberto Torres quieren que las cosas cambien.
Los nueve miembros del Consejo Superior de la Universidad del Atlántico, son: el Gobernador, quien lo preside; un representante de la Presidencia de la República, que en la actualidad es el académico y exconcejal Iván Romero Mendoza (el popular ‘Pibe’ Romero); el delegado del Ministerio de Educación (Carlos Rocha Avendaño); un representante del sector privado (Beatriz Vélez Vengoechea); un representante de exrectores de la Udea, (Antonio Vallejo Morales); un representante de las gremios directivas académicas (Clara Fay Vargas Lascano, con la suplencia de Jaime Álvarez Llanos); un representante de los egresados Leyton Barrios (con la suplencia Marlene Cera de Alba); un representante de los estudiantes Jonathan Camargo (con la suplencia de Máximo Rivera); y un representante de los Docentes, Roberto Figueroa Molina (con la suplencia de Miguel Antonio Caro Candezano.
Gobernadores apaciguados
Lo que se nota en la conformación y responsabilidad de cada miembro del Consejo Superior de la Universidad es que quien lo preside es el Gobernador del Atlántico de turno. Lo que significa que Eduardo Verano y José Antonio Segebre Berardinelli se chuparon la galleta, sin chistar, de soportar la ‘dictadura’ en la Rectoría de Ana Dolores Meza. Ella hacía y deshacía dentro de la universidad. Botaba a quien le diera la gana y metía a gente de sus simpatías. Cuentan dos exconsejeros que en una ocasión mandó a callar al gobernador Eduardo Verano con un grito que se escuchó casi en todas las aulas. Y lo mismo le ocurrió a Segebre en el primer consejo que presidio. Ella le dijo que se dejará de tanta cháchara y fuera al grano, “pero si no tiene nada importante que decir, mejor quédese calladito”.
Eduardo Verano y José Antonio Segebre se aguantaron ese manejo dictatorial de la señora Meza a cambio del manejo discrecional del producto de la estampilla prociudadela universitaria por parte de la Gobernación.
Ellos no hicieron absolutamente nada para evitar el desastre producido por la señora Meza y su cuadrilla de amiguetes de todos los sexos y colores. La universidad perdió autonomía universitaria y por poco cae en un régimen carcelario.
Por fin le llegó la hora de irse de la señora Meza, cuando pasó la edad de retiro forzoso, los 65 años. Entonces su secretario y abogado de cabecera, Gasta H. Caamaño, en forma muy hábil y genial, la mantuvo dos años más en el poder con base en una cadena de tutelas, alegando primero que tenía derecho al trabajo; y la segunda, defendiendo los derechos “de la pobre viejecita cabeza de familia que no tiene con qué sostener a sus dos hijos y a su anciano marida”. Hasta ese momento nadie en Barranquilla y sus contornos sabía de la existencia de marido e hijos de una señora que aquí vivía sola y se pegaba unas ‘rascas’ con aguandientico y limón rodeada de amigas y amiguetes.
Como no hay mal que dure 100 años, por fin salieron de Ana Dolores y designaron a un calanchín de ella, Rafael Castillo Pacheco, en unas turbulentas reuniones del Consejo. Terminado a la fuerza el breve período de Rafa, asume Rafaela Voz Obeso, a quien le cayó la roya pocos meses después de asumir, al cumplir los 65 años de edad.
La dolorosa conclusión de todo cuanto ha sucedido en la Universidad del Atlántico en estos últimos ocho años es que tanto a Eduardo Verano como a José Antonio Segebre les faltaron pantalones para que, como presidentes del Consejo Superior, manejaran con tino e inteligencia la conformación de fuerzas para lograr un acuerdo en el nombramiento de un rector capaz, honesto, creativo, que dejara a todos satisfechos. ¿Cómo es posible que en el Atlántico, donde se desarrolla todo un frenético accionar académico, no haya una persona con ese perfil? Lo hay. Y de sobra. Pero no lo saben escoger. Y quienes deben liderar con inteligencia esa escogencia es el presidente de turno del Consejo Superior. Lo demás es pura paja.













