¡Increíble! pero cierto, el No, manipulado por un solo hombre, Álvaro Uribe Vélez, se está saliendo con la suya. Claro, con l apoyo d terratenientes, los poderosos palmicultores y empresarios amigos de armar bien al ejército.
Por Rafael Sarmiento Coley
La historia es así de veleidosa como ciertas mujeres amantes del coqueteo y de hacer sufrir a los hombres que caen en sus redes.

Para el Gobierno de Santos, la derrota del SÍ fue como si se lo hubiera llevado una gran tormenta como la del huracán Matthew.
Todos daban por descontado que ganaría el Sí por amplia mayoría. Había tanta fuerza nacional e internacional defendiendo el Sí, que hasta el propio Santa Papa envió un video con un mensaje claro y conciso: «Tiene que ganar el Sí para que cese la guerra. Porque los que están por el No son guerrista». Y el Papa Francisco pidió a los colombianos que salieran a votar masivamente por el Sí, que él vendría en el primer semestre del próximo año, a reforzar el triunfo del Sí y a traerle al pueblo colombiano un mensaje de paz, de perdón y reparación.
La comunidad internacional, las principales potencias del mundo, los grandes capitales internacionales, apoyaban al Presidente Santos en su campaña por el Sí, con su tesis de que si ganaba su propuesta en el plebiscito, se ponía fin a 52 años de guerra.
Aquí es bueno y necesario un parangón. En la historia de Colombia como república independiente y democrática se han realizado dos Plebiscitos memorables. El primero fue en 1957 para derrotar la dictadura del general Gustavo Rojas Pinillas. Que al decir con su sentido de humor sarcástico el consagrado dirigente liberal tolimense Darío Echandía, no fue «una dictadura sino una dictablanda».

Las infografías hablan d+por sí solas. Los departamentos que sufren con mayor crueldad la violencia fueron los que votaron masivamente por el SÍ
https://youtu.be/nnb8RzBLdyU
Se fraccionaron la oligarquía y los grupos de poder
En el Plebiscito de 1957 se unieron todos a una como en Fuente Ovejuna. Liberales, Conservadores, Comunistas (que desde 1930 era liderado por mesurado y discreto Gilberto Vieira White. Era fácil. Colombia nunca había sufrido una dictadura así tan abierta y declarada. Porque siempre hasido, y lo es, una de las democracias más sólidas de Suramérica.
En 1957. por un intento equívoco de atraer el voto femenino para su causa, el dictador Rojas Pinillas estableció el voto de la mujer en Colombia «para devolverle sus plenos derechos y su dignidad ciudadana». Ocurrió que la mayoría de las mujeres que accedieron diligenciar los formularios para su cédula fueron las esposas de los detentadores del poder y las de las clases medias, que se unieron en un frente avasallador, intrépido y decidido a todo. Varias de ellas fueron a parar a la cárcel en medio de la revuelta incontrolable de «las faldas revoltosas». En esa lucha tan intensa, hasta Elena Calderón de Santos, esposa de quien años más tarde sería director del Director del poderoso periódico El Tiempo, don Hernando Santos Castillo (tío del actual presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón), fue a parar a la cárcel. Y todo el santoral fue a llevarle cobijas, comida, ropa, toallas, frutas y hasta changua con morcillas. Pronto la liberaron y salió con la lengua más picante que antes.
Ahora en 2016, con este otro Santos de protagonista (Juan Manuel, el Presidente de la República reelegido para un segundo período), las cosas fueron totalmente distintas.
En esta ocasión se dividieron las clases dominantes, los detentadores del poder, las oligarquías todas, por la terquedad de dos líderes que, después de ser los dos mejores amigos, se volvieron los dos más grandes enemigos: el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez y el presidente de la República, Juan Manuel Santos. Por esas paradojas de la vida, Santos llegó a la Presidencia gracias a Uribe. Y Uribe se mantiene en Colombia como el indomable e inderrotable tigre de El Ubérrimo (su finca en Montería, en donde se va a recuperar sus fuerzas ordeñando sus vaquitas y bebiendo leche recién ordeñada como panela y polvo de ruibarbo para recuperar fuerzas y sacarse hasta los malos pensamientos con los efectos laxante y colagogo el polvito.
Las diatribas, sátiras y ataques virulentos contra las Farc se volvieron virulentos. Uribe sabe, desde cuando en el 2002 le ganó a Horacio Serpa, que su caballito de batalla era el discurso contra las guerrillas de las Farc, a las que siempre acusó de narcotraficantes, responsables de masacres, burrobombas, motobombas, cilindros explosivos contra población civil, matanzas selectivas, secuestro y violación de niñas de 10 y 12 años, reclutamiento forzado de menores de edad y toda suerte de crímines de lesa humanidad.
Con ese discurso repetido como en un casete sin fin, ha ganado tres veces en los últimos 15 años. Ganó dos veces la Presidencia, y este domingo ganó el Plebiscito con el No. Esa diatriba contra las Farc, metiéndole una carga de profundidad a los empresarios y negociantes independientes de la clase media alta reviviendo el miedo a los secuestros, a las famosas ‘pescas milagrosas’ que se constituían en secuestros masivos, crimines selectivos en los pueblos y centros urbanos. Logró llenarles el alma de terror a mucha gente pensante que se tragó el cuento de que todo volvería a ser como en las décadas finales del siglo pasado. Y con ese mismo disco rayado volvió a ganar.
Mientras tanto, la campaña por el Sí se hizo de una manera desordenada, y con muchos errores. Que más que errores fueron una estupidez. En primer lugar, el Centro Democrático manejó muchos recursos económico para llevar a cabo una campaña mediática, utilizando al máximo las redes sociales a traves de las cuales volvieron virales muchos videos y trinos por Twitter y jingles breves por Youtube y mensajes cortos por Instagran y Facebook y muchos testosm videos, fotomontajes y cartas y declaraciones falsas o tergiversadas de consagrados personajes de la vida nacional.
Por todo ello pagaron a todo un ejército nacional, regional y local de comunitymanager en las redes sociales y de líderes de programas radiales.
En cambio la Campaña del Sí depositó todos sus grandes recursos económicos en los partidos de la Unidad Nacional, que se quedaron con esos dineros, y se gastaron unos cuantos pesos llevando comités de aplausos a Santos donde quiera se presentaba. Pero las campañas por redes sociales, páginas en la web, diarios impresos y emisoras fueron lánguidas. Tal vez se confiaron en el buen nombre del Sí a nivel internacional. En donde sin duda vendieron bien la idea. Se olvidaron que quienes votan son los colombianos, y los que más votan son los de la clase media y baja. Y ellos están acostumbrados a que se les motive y a que se les repita una y otra vez por todos los medios de comunicación por qué tenían que votar por el Sí.
De todas maneras no se ha perdido todo. Álvaro Uribe Vélez, el gran ganador con el NO ha dicho que están en favor de proseguir la búsqueda de una paz estable, justa y duradera. Y el Gobierno de Santos y las Farc han dicho que siguen firmes, con los acuerdo firmados en pie. Dios quiera que esto no se dañe del todo. Y no maten en forma miserable, por una pugna entre dos fracciones, las esperanzas de un pueblo.












