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Con el 2% de aumento a los impuestos de los 10 más ricos, Colombia sería menos desigual

El Minhacienda, el servil más cínico de los gobiernos en la triste era uribista, ya anuncia que es inevitable subir los impuestos en forma generalizada en 2021.

Por Rafael Sarmiento Coley

Sí señor. Así como lo está leyendo. Como ha sido toda reforma laboral, pensional o tributaria desde cuando Álvaro Uribe llegó al Senado en sus dos periodos iniciales (porque ahora  es exsenador y expresidiario, sin ánimo de ofenderlo a él ni mucho menos a sus numerosos seguidores; es que así figura en la jerga de los constitucionalistas una situación como la que ha vivido el dos veces presidente de la República), los que siempre terminan jodido son los millones de colombianos que ganan salario mínimo o está en el rebusque porque no consiguen empleo.

Amparado en la pandemia, y con el supuesto de que los ‘pobres empresarios colombianos han perdido mucha plata, con el mayor cinismo del mundo, trae a cuento la mentira que no se la cree ni él mismo, cuando asegura que en Colombia se aplican «muchos impuestos sobre los ingresos, lo que aplica solo para las empresas. Cinco de los 6 puntos del Producto Interno Bruto (PIB) los pagan las empresas».

Como diría don Chelo de Castro Carroll «¡qué tal la inteligencia de este cretinito para defender a quienes le han permitido acumular una fortuna con embelecos como el de Bonos Agua!». Y con la mayor frescura dice que la crisis en Colombia «es crónica, y tiene que ver con el mercado laboral. Mucho desempleo. Altísima informalidad». Y lo dice sin sonrojarse. como si él no hubiera estado chupando de la teta de la vaca uribista desde hace veinte años. Claro que es crónica desde hace dos décadas. Y claro que tiene que ver con el mercado laboral que su jefe político y padre putativo descuartizó de manera salvaje sin piedad ni arrepentimiento. De un solo golpe, así como han descuartizado la Constitución Nacional comenzado por la reforma del ‘articulito’ que permitió la reelección inmediata, un tema que los Constituyentes del 91 dejaron claramente establecido con el argumento invencible de que lo más sano para la democracia era periodo presidencial fijo sin relección para evitar lo que es una frase axiomática: el poder absoluto y prolongado corrompe, peor aún si tras bambalinas los detentadores de ese poder conducen a toda carrera a Colombia hacia una ´dictadura democrática’, o como le decían en los tiempos del general Gustavo Rojas Pinilla, ‘una dictablanda’.

Sacamicas de sus patrocinadores

Lo que se ha comprobado con mayor descaro en estas dos últimas décadas es que todas las fuerzas políticas con mayor presencia en el Congreso y con la Casa de Nariño enmuñecada,, han triunfado gracias a las enormes fortunas que les aportan para sus campañas lasa 10 casas más ricas del país, que son las señaladas en el video. Esa es la gran verdad. Y como contraprestación le otorgan todo lo que esas 10 grandes fortunas les pidan (más que pedir, exigen).

Si el diabólico Alberto Carrasquilla tuviera un poquito de vergüenza después del robo de los Bonos Agua, estuviera tratando de lavarse la cara proponiendo salidas menos sanguinarias para el pobre pueblo. Los 10 grupos más ricos de Colombia no se arruinarían si por una sola vez pagan un 2% adicional en sus declaraciones de renta y patrimonio (pero declaraciones reales, no ficticias como la cierto expresidente de Colombia, propietario de un partido político y dueño de un latifundio de 250 mil hectáreas que hizo una declaración de rentas con cero impuestos, y ya la pidió el favor a la revista de los Gilinski de que le sacara el primogénito en portada como próximo candidato presidencial, tal como en los años 50 lo hizo el principal contrabandista de licor en Estados Unidos para promocionar a su hijo que luego fue Presidente, con tan desdichado final que fue asesinado a mitad del mandato).

Y si se sigue buscando fortunas inmensas que no pagan impuestos porque la mayoría de esos dineros están escondidos en paraísos fiscales o en finca-raiz en las principales ciudades de Estados Unidos y Europa, el país se enteraría con desolación que, además de esas incalculables fortunas en manos de 10 personas, hay por lo menos 15 clanes familiares, entre ellos hijos y esposas de expresidentes. Y no pagan un centavo de impuestos. Ni siquiera el 4 por mil ni el 19% del IVA porque todo eso se lo regalan quienes los han patrocinado para alcanzar el poder político. Es un yo con yo. Son cucarachas del mismo calabazo.

Por eso es necesario reiterar que la infamia del Minhacienda es tan  monumental como todas las patrañas que hizo el entonces Fiscal de bolsillo (y ahora Embajador en Whashington), para sacarle el rabo de la candela a su verdadero patrón, el hombre más rico de Colombia.

La mentira estúpida

Carrasquilla dice que los ricos pagan muchos impuestos. Siendo él Ministro de Hacienda, es imperdonable que no sepa que quienes más pagan impuestos son los obreros, la clase media, los campesinos, los trabajadores independientes, porque, teniendo ingresos envilecidos por el uribismo al quitar el pago de horas extras, recargo nocturno, dominicales y festivo, elevar la edad para pensionarse y robarle dos mesadas al año a los pensionados (más que un robo, es un inmoral atraco al mejor estilo de los matarifes a sueldo), tienen que pagar el 4 por mil por toda transacción que hagan en las entidades financieras de los 10 más ricos de Colombia y tienen que pagar el 19 por ciento del Impuesto al Valor Agregado (IVA), que en un 80% va a parar a los bolsillos de los 10 más ricos de Colombia, que son los dueños de tiendas, supertiendas,  almacenes de grandes superficie y ahora minimercados en todas las esquinas de todas las ciudades del país. Y son propiedad de las 10 familia más rica de Colombia.

Para terminar de fregar al colombiano de a pie, casi todos esos monopolios tienen sus propias centrales de abastos, sus ganaderías, producen su café, su arroz, sus huevos, sus gallinas y pollos, su yuca, su ñame, su aguacate. Y el pobre campesino, con sus cultivos sin que nadie se los compre, salvo cierto loquillo que recorrió todo el país en un camión viejo comprando a precio de vaca flaca yuca y plátano dizque para acabar «con el hambre del pueblo pobre en medio de esta pandemia».

Como si todo ese oscuro panorama colombiano por culpa de una política mezquina y miserabilista fuera poco, el Gobierno Uribe-Duque, por primera vez en la historia de las relaciones de Colombia y Estados Unidos, se inmiscuyó en  forma descarada y torpe en favor del reeleccionista Donald Trump, un grotesco ultraderechista enemigo de la democracia, de los pobres y de los afrodescendientes.

Un paso en falso,  tremendista y estúpido, como no había ocurrido jamás en la historia de la política colombiana. Ahora no se sabe cuál será la actitud de Biden en los dos lamentables años que aún le quedan a Duque por delante. Con toda razón, en una de sus tantas peroratas de estos últimos días, dijo algo así como «¡Uff! y todavía nos faltan dos años».

Finagro y los gremios miopes

Otro cáncer que carcome al país es la corrupción en casi todos los organismos creados para el fomento de la agricultura y la ganadería. En su mayoría son bancos de segundo nivel o Fondos Financieros, que a su vez aportan recursos robustos a federaciones corruptas que le aprueban préstamos solo al ganadero o agricultor que paga el 30% del llamado ‘Como Voy Yo’, o «CVY». Y por anticipado.

Mediante ese circulo vicioso del ente estatal que financia al gremio privado que tiene el compromiso de destinar esos recursos al fomento de la agricultura y la ganadería, cuentan, a su vez, con recursos para aportar a las campañas presidenciales, de congreso, gobernadores, alcaldes y hasta de sus esposas y amantes. Respetables damas que no tienen la culpa de ir a hacer el ridículo en un escenario para el cual jamás se prepararon.

Y la cereza del ponqué es la actitud tacaña de los gremios económicos encargados de acudir a la mesa de discusión del salario mínimo. Siendo en su mayoría diestros en asuntos financieros, cuando empiezan las discusiones con los voceros de los trabajadores, parece que las neuronas, en forma repentina, se les convirtiera en un nido de paloma: estiércol paja. Que si el aumento es exceso la economía del país se vuelve añicos, se reduce el Producto Interno Bruto (PIB), se arruinan los ricos. Habría que repetirles la frase de Clinton: «!Es la economía, estúpidos!». Un  obrero y una clase media con buenos ingresos, consume más, y mueve más la economía. Todo lo contrario, un pueblo con salario de hambre no compra nada.

Ya se empezó la discusión. Las centrales obreras, como pocas veces en la historia de estas negociaciones, de manera concertada y monolítica proponen un salario mínimo legal mensual de un millón de pesos, más $120 mil de auxilio de transporte, para un total de $1.120.000. De inmediato una de esas lampreas que chupan sangre en tales gremios (llámese Fenalco, Fedegán, Cotelco, Andi) salió a decir que «¡eso es imposible! Un aumento tan desproporcionado será muy negativo para la economía del país, en un momento tan grave en medio de una pandemia que ha causado la quiebra de muchas empresas». ¡Por Dios! ¿Será que tal dama dirigente gremial tiene la configuración de su cuerpo invertida, el colon arriba y la cabeza abajo? Es lo único que explicaría su supina contrapropuesta.

 

 

 

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Sobre el autor

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey
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