Por primera vez en la historia se le quita algo a la usurera banca.
A los ancianos se les reconocen unos pesitos más.
Los peajes se disparan.
Tarifas de taxi encarecerán todo.
Por Rafael Sarmiento Coley
Uno de los sectores económicos del país que más exprime el bolsillo de las clases media y baja es el bancario, desde cuándo con desproporcionado entusiasmo se hizo una campaña auspiciada por los gobiernos de turno para la diabólica “bancarización en Colombia”.
Lo que no era más que servirles en bandeja de plata a los multimillonarios dueños del usurero sector el manejo autoritario del ingreso de los colombianos de todos los estratos. Con una campaña ‘engañabobos’ se dijo entonces que el país, “por fin”, había entrado a la era del dinero plástico del que tanto escribió el futurólogo estadounidense Alvin Tofler. Era la panacea.
Como siempre ocurre, una cosa es lo que promociona la publicidad engañosa, y otra muy distinta es la realidad. Detrás de la mal llamada nueva ola del dinero plástico llegó el envilecimiento de los ingresos de los asalariados, que ignoraban que detrás del encanto de la hermosa tarjeta estaba el cobro del cuatro por mil, la cuota de manejo y la cuota abusiva por sacar el dinero del propio trabajador, de los cajeros automáticos, todo lo cual reducía su salario, por lo menos, en un 15% en unos gastos operativos que no tenían porqué salir del magro bolsillo de la clase de menos recursos económicos.
Y para colmo de sus desgracias, si el tarjetahabiente debía realizar una diligencia en forma personal ante un funcionario del banco en la sección de servicio al cliente o caja, tenía que tomar una ficha para el turno, y aguantarse dos y tres horas para que le llegara el suyo. Porque la otra estrategia perversa que se inventaron los banqueros para acumular más fortuna como Rico McPato, fue de reducir el personal de servicio al cliente. De tal manera que, si antes había doce y hasta 15 ventanillas, ahora de vainas hay dos, y cuando mucho tres. Y lo peor, les pagan unos sueldos tan miserables, que cajeras y cajeros viven con unas caras largas y, obvio, de mal humor.
La nueva norma
Ahora, los bancos están obligados a entregar cada mes, de manera ilimitada y sin costo adicional, una canasta de servicios.
Para las tarjetas de crédito, ya no tendrá costo la consulta de Movimientos y saldo en cajero, el cambio de plástico por deterioro, los avances dentro de una oficina física y los avances en cajero de la misma entidad.
Para las tarjetas débito ya no tendrá costo los retiros en cajeros de la misma entidad, certificaciones bancarias, consulta de cuentas en cajeros de la misma red y las copias de extractos por Internet y en papel.
Finalmente, la nueva ley señala que para las cuentas de ahorro los bancos no podrán cobrar por las transferencias por Internet en cuentas de la misma entidad ni por la expedición de cheques de gerencia o el retiro por ventanilla.
De igual manera no tendrá costo adicional una consignación nacional o el talonario o libreta para cuentas de ahorro.
Hasta ahí todo está encantador. Es la zanahoria del nuevo año. El problema es que, como dicen los paisas, “de eso tan bueno no dan tanto”.
Detrás del consuelo de no seguirle pagando a la banca por esos tres servicios, se viene el anuncio del pasaje en los buses en doscientos pesos; la carrera mínima de taxi en Barranquilla ya subió a $6.100 con el agravante de que “se entiende por carrera mínima la distancia de 3,5 kilómetros”, o sea, por ‘pasear’ al pasajero en 7 minutos a lo largo de tres o cuatro cuadras, tiene que pagar el equivalente a lo que se gana en dos horas de trabajo ($6.900).
Vuelve el maldito Glifosato
Otro garrotazo que reciben los colombianos en este comienzo de año es el anuncio categórico, sin que se le moviera un pelo de la cabeza, que hizo el presidente Iván Duque Márquez de reanudar las fumigaciones con Glifosato para acabar con los cultivos ilícitos. Bien se sabe que es un veneno letal, que no solo afecta a la flora y fauna, sino que causa efectos irreversibles en los seres humanos y está demostrado que muchos niños nacen con malformaciones porque fueron gestados en cercanías de las zonas de aspersión aérea, lo que hace posible que el aire arrastre el veneno hasta zonas residenciales y pequeños caseríos rurales y fincas de humildes familias campesinas que nada tienen que ver con los cultivos ilícitos.
Lo ideal sería que el Gobierno, si quiere granjearse la confianza de la Casa Blanca con este malévolo sacrificio, primero reubicara a la población campesina que nada tiene que ver con el negocio de la coca, pues de sobra se sabe que algunos de los principales beneficiarios del maldito y lucrativo negocio son cercanos a quienes detentan el poder político en Colombia.
Ya las organizaciones indígenas empezaron a moverse para bloquear carreteras, en una justa protesta por tan grotesco regalo de Reyes Magos, envenenando el aire para que los estadounidenses no sigan soplándose el polvito blanco por las narices.
Y lo del negocio del narcotráfico en poder de quienes detentan el poder político en Colombia no es un ‘fake news’. En estos días la hasta ahora mantenida en muy bajo perfil ‘Defense Intelligence Agency (DIA), una agencia de inteligencia manejada en forma directa por las Fuerzas Militares de Estados Unidos sacó a la luz pública documentos con investigaciones mantenidas en absoluto secreto durante 30 años. Ahí figura el dossier completo de colombianos ilustres que son los que presionan para complacer a los gringos con las fumigaciones con Glifosato, y tratan por todos los medios de desprestigiar a la Justicia Transicional (JEP) y gritan desesperados que la Corte Penal Internacional no tiene por qué meter sus narices en los asuntos internos de un país soberano, pero lleno de narcos metidos a políticos. ¡Y con qué poder!
Un garrotazo más
De manera disimulada y tramposa ha empezado el aumento en los peajes de varias carreteras del país. El ejemplo a la mano es la Vía al Mar, que conecta a Barranquilla con Cartagena, concesión que ha pasado por cuatro dueños distintos y la mal llamada carretera 4G es hoy, para desgracia de los viajeros, un absurdo laberinto como el que construyó Dédalo para encerrar al Minotauro.
Como hay decenas de tramos sin terminar, los ‘ingeniosos’ constructores han llenado la vía de conos y bloques plásticos color morado para que los conductores no caigan a los abismos. Con eso y todo, el Gobierno se atreve a autorizar el incremento de los peajes, sin discriminar que en la vía hay poblaciones que, por recorrer dos o tres kilómetros de la desdichada vía sin señalización ni mucho menos iluminación, tienen que pagar peaje completo, cuando había el compromiso del un peaje diferencial. Que era apenas justo, como funciona en los países civilizados donde la corrupción, como decía Turbay Ayala, se ha reducido “a sus justas proporciones”.
Dos pianistas desafinan

Ya los trabajadores, empleados, domésticas, estudiantes y demás usuarios de los cajeros no tendrán que ‘regalar’ al banco en cada operación cinco y hasta ocho mil pesos. ¡Un verdadero robo!
Uno de los graves problemas del actual cuatrienio presidencial que está apenas en embrión es que, en tan poco tiempo, su gabinete funciona como Electricaribe: de daño en daño porque se funden los fusibles en un dos por tres ya que son de mala calidad.
Y lo más grave es que en el insólito caso actual del gobierno colombiano hay dos pianistas en la misma orquesta. Y eso, como sostiene el director consejero de El Heraldo, Juan B. Fernández Renowitzky “desafina toda la orquesta”. Es lo que ha ocurrido con el gabinete, en donde Duque, como uno de los directores de la ‘orquesta’, no tuvo la libertad para escoger su propio gabinete, porque el director alterno de la orquesta, léase ‘Álvaro Uribe Vélez’, desde un comienzo quiso satisfacer a quienes le han patrocinado en forma generosa toda su larga y controversial carrera política. Un primer ministro de Defensa que, a su edad, merece todo el respeto y es digno de estar disfrutando sus postreros años detrás de un almacén de telas, después de haber estado más de medio siglo pelechando como presidente de Fenalco.
Uribe quiso complacer a su amigo del alma y principal financista de todas sus campañas -el todopoderoso Luis Carlos Sarmiento Angulo- haciéndole escoger a un Fiscal General de Bolsillo, Néstor Humberto Martínez Neira, el de los bolsillos de cristal, que se le rompieron en su primera citación al Congreso y salió como perro en misa.
Si se analiza fríamente el listado uribista en el Gabinete, como también comentaba con sabia ironía Fernández Renowitzky, “ahí que entre el diablo y escoja”.
Cosas absurdas

La actitud más ruin del sector bancario es que, para llenarse más de dinero, recortaron el personal de cajeros y atención al cliente, personal que, entre otras cosas, ganan salarios de hambre. Por eso se ven esas largas filas.
Solo en Colombia, el país de Macondo –en donde Gabo no tuvo que inventar nada porque el realismo mágico lo tenemos en la punta de la nariz- suceden cosas como las que ocurrieron con las benditas reformas tributarias (que cambió cuatro veces de nombre y la fueron estirando como cuero de vaca para sacar más correas para pasar de 112 artículos iniciales, a la bicoca de 167 para tratar de complacer a los amigotes del Centro Democrático).
Era tal en despelote con esa legislatura, que en la mañana Uribe decía que se aprobarían de un solo golpe la reforma financiera (que finalmente pasó como reforma tributaria), la pensional y la salarial. A poco rato su amiga de confianza y ministra del Trabajo, Alicia Arango, la hija de un hombre serio y honesto nacido en Colosó, Sucre, Juancho Arango, desmentía a su propio jefe y mentor político: “las pensiones no se tocan, ni los horarios de los trabajadores, ni el trabajo por horas, ni menor paga para los jóvenes”.
Y, por fin, se escuchaba la voz de Duque: “no señores, nada de desmejorar las condiciones laborales de las clases media y media baja y baja”. En esos momentos el país, en medio de un agitado movimiento social, se preguntaba atónito, ¿a quién creerle?











